SOBRE FORMACIÓN

La revolución silenciosa. ``Por Eulalia Gil``

La mayoría de los seres humanos soñamos con la llegada de un mundo mejor, una sociedad más evolucionada, más justa. John Lennon lo expresó muy bien en su tema Imagine.
Cuando presenciamos abusos, violencia, injusticias, nos preguntamos si llegará ese mundo en el que la justicia se imponga, la aceptación de las distintas razas, religiones, formas de pensar o de sentir sea un hecho. Soñamos con poder ser nosotros mismos y ser respetados en nuestra forma de percibir y sentir la vida, en nuestra forma de expresarnos. Que las relaciones se basen en el diálogo, la empatía y que haya entendimiento entre todos…pero surge la pregunta ¿qué puedo hacer yo por todo esto?. Se experimenta una gran impotencia ante un reto que nos supera y se espera que los gobernantes, que las autoridades de cada campo puedan tomar las decisiones correctas para propiciarlo. Y así se delega esa responsabilidad en otros, pero nunca da frutos.
Sin embargo, tenemos herramientas para el cambio al alcance de la mano de cada uno de nosotros, y así avanzar hacia ese soñado deseo.  Como muchos autores han dicho, el cambio social vendrá, del cambio individual. Existe una responsabilidad personal en ese logro y existen pautas para lograrlo. No todo está perdido
Allá por los años 60, Carl Rogers creador del Enfoque Centrado en las Personas, candidato al premio nobel y autor esencial de la Psicología humanista, propuso un modelo de relaciones humanas basado en tres actitudes, que la investigación y la experiencia clínica demostraron producía relaciones constructivas y un avance en la tendencia individual y social hacia la madurez y la realización de las potencialidades personales y grupales.
Vio que el potencial de dichas actitudes se desplegaba en toda su capacidad, cuando se empezaba por desarrollar con uno mismo. Es decir, cuando cada persona avanza en la congruencia propia, la consciencia del mundo interno y la coherencia en la expresión. Cuando trabaja en la compresión de los significados de las propias experiencias y contenidos emocionales y en la aceptación de los mismos; entonces dijo, se puede avanzar en el establecimiento de relaciones constructivas, desde la autenticidad personal, desde la empatía y el respeto hacia uno mismo, y a los otros. La generalización de esta forma de relaciones humanas la llamó Revolución Silenciosa.
Este trabajo solo supone un compromiso claro con uno mismo y el entorno y la realización de un apasionante aprendizaje para asimilar dichas actitudes hacia uno mismo y los otros. En nuestro Instituto cientos de alumnas y alumnos lo han logrado y aplicado a diversos campos: grupos, organizaciones, educación, en el arte e incluso empieza a introducirse en las empresas. Confiamos que a través de la consciencia del deseo de lograr un mundo mejor y de empezar a dar pasos en la esfera individual y de las relaciones humanas, poco a poco lo alcanzaremos. Muchos alumnos están ya en ello.
Eulalia Gil. Psicóloga clínica.

 

La experiencia transformadora del grupo. ``Por Jose Mª Burdiel``

En primer lugar: Vivir la experiencia de pertenecer durante unos meses a un grupo psicológico, aumenta espectacularmente el conocimiento propio, al darme cuenta de mis estados de ánimo, mis deseos, mis miedos, mis angustias,mis satisfacciones, mis intereses, mis alegrías y tristezas. Por otra parte, la información que  me dan los otros miembros, bien directamente o indirectamente, acrecienta los datos que no sabía de mí : me pueden agradar, fastidiar, sorprender, intrigar: pero siempre agrandan mi autopercepción.
En segundo lugar, el participante atento aprende a localizar y distinguir los principales fenómenos de grupo: las identificaciones, las resistencias, las transferencias, los vínculos emocionales, los rechazos etc..
Y en tercer lugar, viendo y oyendo, con especial atención las actuaciones del terapeuta psicólogo: qué dice, a quien y cuando, sus silencios y sus palabras, cómo se comunica, su relación corporal, su tono empático, en qué insiste mas , etc..Estas observaciones irán capacitando a los miembros, para, en su día, ponerse enfrente de un grupo dinámico o de terapia y poder desempeñar exitosamente su papel de terapeuta de grupo
Jose Mª Burdiel. Psicólogo clínico.

 

Concepción de la psicoterapia y de la persona

No hay salud sin valores humanos
Pasar de la espera a la esperanza, ser lo que verdaderamente soy, más de lo que pienso, siento y hago, es mucho más que tener salud, es ser sano.
Creemos en la bondad ontológica de la persona, constatando que lo negativo es un accidente en la ruta del ser humano, pero integrable y trascendible. “Enseñar” a amarse y amar, a percibir la realidad y ser justos con ella e ir deviniendo libres, forman parte de esa sabiduría de vivir la propia existencia con paz. I José Antonio García-Monge
La Psicología trae su reciente historia de la neurología y de la filosofía. Hasta los años 50 del pasado siglo, los psicólogos sabían filosofía. ¿Qué significa esto? En la base de toda psicoterapia implícita o explícita existe una concepción del hombre, de lo que significa “ser humano”, una antropología psicológica. Es importante que esta antropología se dialogue, se confronte con la cultura posmoderna, con las dimensiones sociales de la persona (pareja, familia, mundo laboral etc…). No basta ayudar a curar una fobia o remontar un estado de ánimo depresivo, hay que ayudar, respetando referentes sanos y opciones existenciales, “enseñar” experiencialmente que la tendencia actualizante, con todos sus influjos, nos conduce relacionalmente a ser humanos.
Hace más de 60 años Maslow escribía sobre la patología de la carencia axiológica. La salud que busca la psicoterapia es salud de un sujeto de valores, ser relacional que elije libremente sin el trastorno psicótico o la confusión neurótica.
Terapeutas famosos como Allport, Victor Frankl, E. Fromm, etc… apuntaban en esa dirección. Modernamente hasta Mahoney escribe sobre una vuelta a la dimensión espiritual de la persona que, sin situarse en ninguna “religión” concreta, energetiza poderosamente el proceso terapéutico.
La persona es cuerpo y es corazón (como símbolo de su mundo emocional), es razón, y espíritu
Es mayor que sí misma y en esa profundidad la terapia respeta, frecuentemente en silencio, y ayuda en la consolidación de bases humanas aptas para una opción profundamente vital.
La terapia se debe inculturar, y saber hablar de la mujer, del hombre todo entero, con una vocación de unidad que es mucho más que la suma de las parcelas “enfermas” que se verbalizan en el proceso. Su “salud” no es la de un animal sano sino la de una psicofisiología que se trasciende a sí misma en lo personal y en lo social. En lo profundo del ser humano hay siempre un misterio, la psicología puede llegar a su umbral y es deseable que así lo haga, pero nunca toca fondo.
La persona única, irrepetible, insustituible, exige un tratamiento que respete, oriente un horizonte vital que trasciende nuestros modestos saberes, aunque se sirva de ellos en el encuentro terapéutico para su propia andadura personal y social
Ese universo personal es el que hemos tratado de sondear llevando a la consciencia todas sus posibilidades, mayores que nuestras expectativas.
Concebimos al hombre como necesidad y DESEO, ser separado y por lo tanto perpetuamente deseante. Descubrir el ciclo de sus necesidad, gratificarlas o tolerar su frustración, y sobre todo concienciar los deseos y sus consecuencias, sus motivaciones, capacidades e intereses, supone una tarea que teje el proyecto vital de ser persona situada, el argumento existencial de su vida, y aprendiendo del pasado encontrar el “cómo” vivir el aquí y el ahora sabiendo que nuestra vida no “cabe” en nuestra persona.

Bases y desarrollo histórico de la Psicoterapia Experiencial de Eugene Gendlin

Eugene Gendlin nació en Viena en 1926, pero a los 13 años se exilió con toda su familia a EE.UU. para evitar la persecución de los nazis. Siempre quiso ser filósofo y para ello realizó los estudios correspondientes en la Universidad de Chicago. Al ser el alemán su lengua materna pudo profundizar en la filosofía existencialista del momento, especialmente en Heiddeger y en la Fenomenología de Husserl, de forma que pudo apreciar directamente todo su valor en su lengua original.
Conoció a Rogers en uno de los cursos de doctorado que hizo con él en Chicago, donde a la sazón Carl Rogers era el Director del Centro de Counseling de la universidad. Le interesó mucho la investigación rogeriana de aquel momento sobre la fenomenología de las emociones, así como sobre la congruencia y la empatía.
Al concluir sus estudios de Filosofía se encontraba trabajando al mismo tiempo con Rogers en psicoterapia, y la unión de ambas vocaciones, filósofo y psicoterapeuta, quedará como algo que seguirá cultivando hasta hoy.
El joven Gendlin quería resolver una pregunta filosófica fundamental: ¿cómo se crean los significados? ¿Por qué unas experiencias terminan siendo significativas y otras no? Hizo un repaso a las diversas propuestas filosóficas del momento y a partir de ahí comenzó a desarrollar su propia teoría del «experiencing» o flujo de experiencias. Gendlin señala que este experienciar tiene una serie de características: es la capacidad de tener experiencias y al mismo tiempo lo que posibilita el despliegue de las experiencias en nuevos y cambiantes significados; es corpóreo, nos podemos referir a él de una manera directa; es preverbal y es fuente inagotable de significados.
Gendlin afirma:
«Hasta ahora se asumió que el significado reside en el experiencing sentido y que la lógica no hace más que distorsionarlo o que éste reside en la lógica y el sentimiento, por tanto, no es más que un caos que hay que evitar. Esto no es cierto. El significado se forma de la interacción entre el experiencing y algo que funciona como símbolo».
Gendlin con ello retraducía el término más filosófico de «existencia», en el más psicológico de «experiencia» e identificaba este fluir de experiencias como algo característico y que expresaba de forma más concreta lo que Rogers pretendía decir al hablar de qué era la congruencia.

Crónica de la última Conferencia Mundial de Psicoterapia y Counseling Centrado en la Persona y Experiencial, por Luz Serres

El pasado julio tuvo lugar la 13ª Conferencia Mundial de Psicoterapia y Counseling Centrado en la Persona y Experiencial. Más de 300 profesionales nos reunimos en Viena, Austria, bajo la temática “Facilitando Esperanza – desafíos Personales y Sociales”, propuesta por el comité organizador.
El 6 de julio se abrieron las puertas de la Universidad Sigmund Freud, dando comienzo a la preconferencia, y durante dos días participamos en grupos de encuentro facilitados por moderadores de diferentes países. La experiencia de participar en grupos de encuentro continuados y con miembros de múltiples nacionalidades, edades y estilos tan diferentes fue muy enriquecedora. Temáticas tan intrínsecas al ser humano como la soledad, los vínculos parentales, las adicciones, la conexión relacional profunda, entre tantas otras, fueron abordadas desde las experiencias y testimonios más diversos. Poder expresarnos sobre estas cuestiones en un ámbito de diversidad y respeto ha sido un privilegio.
Dos días después comenzó la conferencia y se abrieron las puertas al debate, al intercambio y al repensar, como no había visto en mucho tiempo.
Oradores como Franz Schuh, Peter Schmid, Suzanne Keys y Maureen O’Hara nos invitaron a reflexionar y plantearnos cuestiones como la esperanza y la ansiedad en vistas al futuro; la esperanza a diferencia del optimismo; la esperanza en la desesperación y el trabajo con adolescentes; el rol que puede tener la comunidad centrada en la persona en este momentum transformativo que estamos viviendo como sociedad, humanizando iniciativas mundiales y encarnando los principios básicos del ECP identificados hace casi 60 años; entre muchas otras.
Bernie Neville (Australia) nos planteó un repensar a Rogers, que suscitó y suscita interés en tantos de los que trabajamos en el ECP. “Hay muchos que piensan que a Rogers ‘se le fue’ en sus últimos años y cambió su enfoque sólido, científico, basado en evidencia, por un interés en la transcendencia. Estos sienten que, si el ECP quiere mantener credibilidad, necesitamos ignorar u olvidar mucho de lo que Rogers dijo en sus últimos escritos. Yo quiero argumentar que la filosofía orgánica de Rogers, como su psicología, fue radical desde el principio y necesita ser tomada en serio. Creo que a través de su cuerpo de trabajo toma un lugar entre los filósofos de la iluminación radical”.
Cada jornada estuvo pensada y esquematizada por un comité organizador que no dejó detalle sin considerar. Además de los oradores principales, cada día ofrecía un tiempo de grupo de reflexión posterior a algunas conferencias, para poder comentar y reflexionar lo propuesto por los oradores. Este fue un espacio sumamente provechoso, ya que en nuestra práctica diaria muchas veces nos es difícil encontrar el momento para debatir entre colegas sobre temáticas de interés común.
Los disertantes invitados a las sesiones semiplenarias fueron un lujo. En ellas tuve el privilegio de escuchar a profesionales como Manu Bazzano (Italia) que con su estilo revolucionario y perspicaz nos invitó a pensar en la tiranía de la esperanza y la tendencia transformativa (Rud 2016) a diferencia de la formativa.
Marcia Tassinari (Brasil) nos contó acerca de la Clínica Urgente o el Servicio Psicológico de Stand by oPlantão, el trabajo que están haciendo en Brasil en el que asisten a personas en el momento casi exacto de su necesidad o urgencia. Nos habló acerco de los beneficios de este tipo de consultoría en el que un equipo de psicólogos y counselors ofrece su disponibilidad ciertos días y horarios, a personas que no necesitan tener cita previa y cuyos encuentros pueden ser de una sola vez. “Escuchar la urgencia puede tener efectos de larga duración”.
Si hay algo que destaco de esta conferencia fueron los espacios de debate o paneles de discusión. Presencié varios de estos, en los cuales profesionales expertos y todo aquel que quisiera unirse debatíamos sobre una cierta temática, autor o propuesta diversa. El hecho de poder intercambiar opiniones e ideas con profesionales de más o menos experiencia, pero con una voz para alzar, fue muy provechoso. Fui partícipe de uno en el que la propuesta era debatir la conexión, si es que la encontrábamos, entre Freud, Rogers y el ECP. Hablamos sobre los intereses iniciales de ambos, el rol que tuvo la economía para cada uno de ellos, y cómo estas y tantas otras variables los llevaron a desarrollar enfoques tan diferentes y, no obstante, con puntos en común.
Las jornadas fueron extensas y con tantas propuestas en cada momento del día, que se hacía difícil escoger a dónde acudir o en cuál participar. Las organizadoras tuvieron en cuenta estos factores y proveyeron de muchos espacios de descanso y recreación, lo cual hizo que cada día se hiciera muy llevadero, y llegáramos a entablar vínculos entre los participantes y disfrutar de los descansos en comunidad.
Otro gran valor agregado que ha tenido esta conferencia a mi entender es que contó con la participación de muchos estudiantes y profesionales jóvenes, lo cual no es tan frecuente en reuniones de este tipo. La energía y la experiencia de los más jóvenes, y la ilusión y el cuestionamiento de los estudiantes son hondamente provechosos en el intercambio.
Más de un centenar de asistentes expusieron su trabajo, investigaciones y/o teorías, plantearon debates, presentaron talleres, coloquios o sesiones de demostración.  La riqueza de presenciar y escuchar acerca del trabajo y propuestas de colegas de todas partes del mundo fue y es, sin duda, un privilegio. Poder compartir experiencias, ideas, problemáticas, metodologías y todo aquello que nos ha servido o no con nuestros clientes o en nuestra comunidad, hace que no nos sintamos solos, y que podamos seguir creciendo como profesionales, y creando y extendiendo redes.
Como participante, tuve el honor de ser clienta en una sesión de demostración de una supervisión centrada en la persona de Jean-Marc Randin (Suiza); emocionarme hasta las lágrimas viendo y oyendo al gran Charles O’Leary (EEUU) cantar (¡sí, cantar!) los sentimientos profundos de sus clientes en una breve demo de una sesión de terapia de pareja; y conocer un poco más acerca del modo de trabajo en psicoterapia con dimensiones tan poco frecuentemente abordadas, como la espiritual y la religiosa, de la mano de la experiencia y bella congruencia del joven Fedor Shankov (Russia).
Fueron muchas las huellas que dejaron en mí cada una de las personas que compartió su trabajo, experiencia, deseos, desafíos, frustraciones. Encuentro en este tipo de conferencias y encuentros mundiales una oportunidad única de reunirnos en comunidad, aprovechar y aprender unos de otros, atrevernos a pensar, y plantearnos una y otra vez, qué tipo de profesionales de ayuda estamos siendo y queremos ser en un mundo dinámico.
Manu Bazzano comenzó su sesión invitándonos a cerrar los ojos y a respirar conscientemente, inhalando y exhalando. “Llegará un día en que exhalarás y no volverás a inhalar. Si todos vamos a morir e irnos, por qué no darnos a nosotros mismos. ¿No es acaso este un gesto de generosidad?”.

Los fantasmas, el miedo y la culpa

Desde los orígenes de la humanidad se han contado historias. Un tipo en particular son aquellas que pretenden sobrecogernos y usan el miedo a alguna especie de monstruo para transmitirnos una moraleja acerca de los que debemos hacer y lo que no. Estas historias han permanecido hasta nuestros días en forma de mitos, cuentos, fábulas, leyendas urbanas y, por supuesto películas. Como se acerca la celebración de la festividad importada Halloween, puede ser una buena excusa para pararnos a reflexionar sobre estas narraciones.
A pesar del paso de los siglos, estos relatos de terror permanecen inalterables en sus elementos. Constan de tres ingredientes, «el monstruo» que puede ser de origen sobrenatural o no, algo que impide escapar del mostruo, y el elemento más importante, la falta o «pecado». Mencionada en películas como «Scream» o «La Cabaña en el bosque», es la más importante porque es la que ha desencadenado, de una forma u otra, al «monstruo», además el conocimiento o la reparación de dicho «pecado» suele ser clave para la superviviencia del heroe o heroína. El sexo a menudo aparece como «pecado» en las peliculas para adolescentes, entre los adultos pueden ser varios, por ejemplo, en «Tiburón» la codicia de los caciques del pueblo que abren las playas anteponiendo su beneficio personal al bien común. Esta falta conecta con una parte del miedo que tiene que ver con otro sentimiento, la culpa. La culpa alimenta nuestro miedo a saber que el monstruo llamó a la puerta y fuimos nosotros quienes la abrimos.
La culpa y el miedo son mecanismos de control presentes en la relaciones humanas. Las personas usan estas emociones como formas de conseguir que el otro haga lo que quieren, ejemplos de esto lo vemos en las familias, en el entorno social o en los medios de comunicación (la culpabilización de la victima, un fenómeno estudiado por la Psicología Social, tiene  que ver con ésto).El sentimiento de culpa y el miedo se pontencian mutuamente. Por ejemplo, imaginemos el caso de un chico de que les dice a sus padres que es homosexual, y ellos le dicen que lo aceptan pero que no se entere su abuelo, que ha sufrido varios infartos y que enterarse de la noticia «en su estado» podría ser fatal. Aquí podemos ver como los padres tratan de influir en su hijo usando el miedo que puede tener él a que su abuelo fallezca y la culpa que siente de que de conocer algo así le podría llegar a matar. Esta combinación de ambos sentimientos aparece en las historias de terror, no sólo hay un temor al monstruo, también a la desaprobación de la sociedad,  representada por unos principios morales. Es el temor a que los actos de los que renegamos vuelvan a por nosotros. Es muy significativo que uno de los monstruos más comunes en el cine y la literatura sean los fantasmas. El fantasma suele ser un espíritu que atormenta a los vivos por la noche y cuando se encuentran a solas. Son entes asociados a lo inconcluso, a un daño que ha dejado una herida abierta del pasado que se aparece en el presente. El fantasma es una excelente metáfora de la culpa. Esta relación entre fantasmas y culpa queda reflejado en la reciente serie «La Maldición de Hill House».
En este punto hay que diferenciar «tener la culpa» y el sentimiento de culpa. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define culpa así: «1. f. Imputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta. 2. f. Hecho de ser causante de algo.3. f. Der. Omisión de la diligencia exigible a alguien, que implica que el hecho injusto o dañoso resultante motive su responsabilidad civil o penal. 4. f. Psicol. Acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado.»  Puede que hayamos hecho un daño y no sentirnos culpables en absoluto, y puede que nos sintamos profundamente culpables por algo sobre lo que no teníamos responsabilidad.
No debemos de olvidar que el sentimiento de culpa no tiene por que ser algo malo. Es un sentimiento que puede resultar adaptativo, nos puede empujar a realizar conductas que reparen o que ayuden a paliar el daño causado. Si hemos contestado mal a un amigo cuando este nos ha hecho una petición, sentirnos mal por ello ayudará a buscar una conducta adecuada, tal como pedir perdón, ayudarle en lo que nos ha pedido o explicarle porque no podemos atenderle. Ser incapaz de sentir culpa es tan problemático o más que sentirla en exceso. Desde el punto de vista de la Psicopatología Clínica, la ausencia de culpa puede estar presente en personas con un diagnóstico de trastorno de personalidad antisocial o narcisista. En el otro extremo, están aquellos que sufren de un sentimiento de culpa injustificada, debido a que la persona se atribuye responsabilidad de cosas que no ha hecho, aparece en pacientes con diferentes formas depresión y puede llegar a convertirse en un delirio en casos muy graves. También puede estar presente en el trastorno obsesivo compulsivo o el trastorno de personalidad obsesiva, provocando un exceso de control sobre diferentes aspectos de la vida y que se plasman a menudo en la presencia de las obsesiones y las compulsiones o rituales, a menudo con un contenido religioso.
¿Cómo se diferencia un sentimiento de culpa patológico del que no lo es? El sentimiento de culpa adaptativo es el que nos indica conductas concretas para poder repararlo en el presente. Un sentimiento de culpa flexible nos puede dar la motivación necesaria para comprometernos con un aspecto valioso para nuestra vida, como en el ejemplo anterior, si valoro la amistad con esa persona, la culpa me ayudará a reparar el daño.
Por el contrario, la culpa se vuelve dañina cuando hace referencia a la persona, no a la conducta. Cuando nos decimos a nosotros mismos que somos malas personas, pero no somos capaces de identificar cual es nuestra responsabilidad real en ese asunto. Por otro lado, nos límita impidiendo vivir de forma plena aspectos vitales de la existencia. Imaginemos una mujer que se siente culpable por estar enfadada con sus hijos porque estos no la apoyan y piensa que es mala persona por ello. Este sentimiento le afecta en la relación con los demás ya que se siente mal por sentirse así y no lo expresa, no le ayuda a comunicarse con sus hijos de manera asertiva, tampoco le sirve para dejar de sentirse enfadada, y le transmite una idea de sí misma que no se ajusta a lo que ella siente porque ¿qué hay de malo en estar enfadada con sus hijos?
Los mecanismos detrás de la culpa pueden ser diferentes en función de la historia del sujeto y por lo tanto también habrá de serlo las estrategías terapeuticas si es necesario realizar una terapia. Desde la perspectiva gestáltica, se entiende que ésta puede estar asociada con varios procesos. El sentimiento de culpa inadaptado pueder estar relacionado con el rechazo de nuestra propia agresividad hacía los demás, a veces es más facil dirigir la agresividad hacía nosotros, ántes de permitirnos pensar que el que ha sido «malo» con nosotros ha sido el otro, especialmente si ese otro es una persona significativa para nosotros como lo pueden ser los padres. En otras ocasiones no sólo es la agresividad lo que enmascara la culpa, sino emociones aún más dolorosas como el sentimiento de impotencia o abandono, aquí el sujeto se atribuye más capacidad de la que realmente tuvo para evitar un determinado mal, estos sentimientos pueden aparecer en personas que han vivido una ruptura amorosa, el fallecimiento de un ser querido o han sido victimas de abuso. También estas culpas pueden proceder de la presencia de autoexigencias que pesan sobre el yo del sujeto de muy diferentes formas y suele asociarse con la presencia de los llamados introyectos. Los introyectos son mensajes normativos que el sujeto ha recibido de su entorno y los sigue de forma acritica sin adaptarlos a sus propias vivencias y valores, de forma que éstos acaban condicionando su vida por medio de sentimientos de culpa recurrentes cuando se sale de dichas normas rígidas. Freud identificó estos mensajes normativos como parte de lo que denominaba como Superyo.
Viendo los procesos que pueden estar tras la generación de un síntoma como el sentimiento de culpa, dichos sentimientos pueden estar relacionados con situaciones interpersonales que ha vivido el sujeto.  Una manera de intervenir sobre dicha culpa en terapia podría ser el abordar tales situaciones interpersonales. Tratar de elaborar una situación no resuelta en el pasado puede ser doloroso, pero en un espacio terapeutico adecuado puede ser positivo para un manejo más sano de la culpa. La culpa patológica, como los fantasmas del cine, nos puede estar hablando de situaciones del pasado sin resolver que nos afectan en nuestro presente. Estar dispuestos a elaborar una situación del pasado desde un lugar diferente puede ayudarnos, como a los protagonistas de las peliculas de terror, a sobrevivir a nuestros monstruos.

Psicoterapia Sensoriomotriz. Una oportunidad única para formarse en un modelo integral para la intervención en trauma y apego

El próximo 22 de Febrero de 2019 vuelve a España una nueva edición del Nivel 1 del Programa de Formación en Psicoterapia Sensoriomotriz.
Una oportunidad única para recibir la formación que proporciona a los terapeutas una mejor comprensión de los síntomas y temas relacionados con el trauma y el apego traumático, así como la forma de trabajar con ellos de manera más efectiva. El Sensorimotor Psychotherapy Institute (SPI) organiza la formación en Psicoterapia Sensoriomotriz a nivel internacional; junto con el Instituto Carl Rogers – Instituto de Interacción en Barcelona coordinan la formación en España.
Más información
Si necesitas más información sobre la Formación en Psicoterapia Sensoriomotriz consulta la web del Instituto Carl Rogers dedicada exclusivamente a la Psicoterapia Sensoriomotriz. En ella podrás encontrar toda la información relacionada con el Programa de formación en Regulacion Afectiva, Apego y Trauma: www.sensoriomotriz.org.

El sentido de la vida desde la psicología humanista, por José Antonio García-Monge

José Antonio García-Monge es director y miembro fundador del Instituto de Interacción. Terapeuta y docente en el Máster en Psicoterapia Humanista Individual y de Grupo.
Escucha en este podcast a José Antonio hablando sobre el sentido de la vida ¿Por qué vivo? ¿Para qué vivo? ¿Qué papel tenemos en la sociedad actual?¿Cómo dar sentido a nuestra existencia en una sociedad en el que prima el bienestar sobre el bien ser?¿Cómo pasar de tener más a ser más?

 

Como dice José Antonio, «la vida no es un montón de conductas desordenadas. Cuando nuestras conductas sucesivas las enhebramos con un sentido unificador, generamos una visión de nuestra vida unificada, que da sentido a nuestra existencia como hombre, como mujer”.
Victor Frankl, Zygmunt Bauman, David Riesman, Martin Buber acompañan a José Antonio García-Monge en esta interesante reflexión sobre el sentido de la vida.

La luz al final de las vacaciones

Ahora que nos enfrentamos de nuevo a los deberes es fácil encontrarnos con algunos pensamientos, emociones y estados internos poco agradables. Pero el fin de las vacaciones también puede ser una gran oportunidad para acercarse a la paz interior.
Gran parte del malestar que experimentamos no está tanto en los eventos externos -ni internos- sino en el rechazo o el aferramiento a estos. No soltar lo que se ha ido, y no aceptar lo que está, es lo que nos coloca en un estado interno de discordia.
Ahora, ¿cómo aceptar algo que no me gusta?, ¿cómo no echar en falta la ligereza de la siesta, de la playa, dormir sin despertador… cómo no pensar en todo ello cuando estoy bajo el zumbido eléctrico del tungsteno y las larguísimas ocho horas de jornada?.
Antes de responder a esto, quiero acomodar las cartas con algunas claves previas, así que paciencia.
Resulta que las personas, en la medida en que crecemos, pasamos cada vez más a relacionarnos con el mundo a través de las ideas que tenemos de este, y no desde la experiencia directa sobre este. Una vez creada la categoría mental de “árbol”, por ejemplo, es muy probable que dejemos de experimentar la cualidad única e intransferible de los árboles en nuestro camino. Lo mismo sucede con el sí mismo; nos percibimos en función de las ideas que tenemos sobre nosotros, y atendemos poco -a veces nada- de nuestra experiencia real. Perdemos la capacidad de ser y estar con espontaneidad, lo tenemos que pasar todo por el filtro de las categorías mentales que poseamos.
Esto supone de entrada dos grandes problemas. El primero es que precisamente por su capacidad de catalogar, las etiquetas que utilicemos para explicarnos las cosas siempre se van a quedar muy cortas, son extremadamente limitadas en cuanto a alcance y variedad. Por ejemplo, con la etiqueta “tristeza” me puedo estar refiriendo a vivencias MUY variadas con diferencias cruciales, ya no sólo entre personas sino para un mismo individuo. El segundo problema es que estas ideas nos dan la sensación de estar viviendo aquello a lo que nos referimos aún cuando no haya experiencia real, y peor aún, muchas veces el recurrir a la etiqueta nos mantiene a distancia de lo que de verdad está sucediendo. Un clásico ejemplo de esto es el sabor de una fruta; podemos dedicar literalmente décadas leyendo, entrevistando eruditos y escuchando conferencias sobre el sabor de la naranja, pero hasta que no comamos una no vamos a conocer esta experiencia; y aunque hayamos comido una, el sabor de la siguiente seguirá siendo una experiencia diferente.
La situación se agrava pues llega un punto en que estamos convencidos de que la idea del sabor de la naranja es realmente el sabor de la naranja. No sólo hemos perdido la necesidad de probar una naranja para conocer su sabor, cuando la probemos y no coincida con la idea que tenemos negaremos la experiencia real, diremos que eso no es una naranja.
Suena un poco absurdo, pero sucede de verdad. Quizá al probar una naranja no haya más remedio que sobreescribir la idea previa con la experiencia real, pero en relación a asuntos más “personales” la idea que tengamos preestablecida puede de verdad bloquear el acceso a la experiencia real. Pensad en las primeras impresiones, por ejemplo, en lo difícil que puede ser liberarse de ellas. Lo veo constantemente en consulta, pongo un ejemplo cualquiera: llega una persona aterrada por sus recientes episodios de celos, en cuanto se da el permiso de ver qué sucede en realidad, descubre que dentro de esa caja negra etiquetada de “celos” hay una valiosísima colección de significados únicos a cada situación. Descubre que cada “celo” le dice mucho de sí, de la situación, de los demás, de su pasado, de sus miedos y deseos…
Si no me creéis, probad a explicar con la mayor exactitud cómo os sentís en este momento. Si vuestro interlocutor se implica en la escucha, veréis que cuanto más acertáis con las palabras, lo que sentís adquiere mayor riqueza e incluso movimiento. Podréis atisbar la naturaleza dinámica y fluida de la vida dentro de vosotros1 .
Al principio de este texto decía que gran parte del sufrimiento psicológico no viene tanto de lo que nos sucede sino de cómo estamos con ello. Esto es así porque supone un enorme esfuerzo mantener intacto nuestro paquete de creencias pues necesita de mecanismos bastante complejos para censurar la experiencia. Este sufrimiento se hace más evidente en los momentos en que nos sentimos confundidos, abatidos, y/o perdidos sin razón aparente, o cuando nos descubrimos reaccionando de una forma que no entendemos ni identificamos con nuestra manera de ser. Ahora, incluso cuando no es tan evidente para nosotros, esta especie de sufrimiento siempre está, simplemente nos hemos acostumbrado a no hacerle mucho caso.
No es de extrañar entonces que desde muchas disciplinas se busque emprender un viaje hacia la experiencia real, hacia lo que está sucediendo, dentro y fuera de nosotros. Carl Rogers diría: desmantelar la idea del yo en la medida de lo posible. En este sentido, tuvo una intuición muy potente al hablar del vivir organísimico, experiencial o existencial2 : se dio cuenta de que el yo real no es meramente una versión más acertada de constructos que la idea del yo3 , no, para nada. Vivir desde el yo real supone un estar completamente distinto en el que se puede vivir la fluidez de los fenómenos. Se puede llegar a percibir la cualidad única e irrepetible de cada evento; lo que sucede -dentro y fuera- se vive sin juicio ni etiqueta, no cabe en el saco de lo bueno ni de lo malo; simplemente es y deja de ser, sin más.
Bien, ¿y qué tiene que ver todo esto con las vacaciones?. Pues en el camino hacia experimentarme cabalmente quiero echar mano de toda oportunidad que se me cruce, y la vuelta a la oficina es una oportunidad maravillosa para entrenar la liberación del yugo de las etiquetas. Es simple: Si mi tranquilidad pasa en parte por dejar de creer lo que me digo que soy y que es la vida, entonces me ayudará colocarme como simple observador de lo que sucede, tanto agradable como desagradable. Observando mis pensamientos, tarde o temprano me llevará a darme cuenta de que soy más que mis pensamientos. Si profundizo en esto, con el tiempo llegaré a descubrir eso que soy ademásde mis pensamientos. Lo mismo con las emociones, los recuerdos, los deseos, etc.
Imagina las implicaciones que esto tiene a nivel psicológico: puedo estar conmigo, con lo que soy, momento a momento, en paz y sin tener que corregir, maquillar, esconder ni justificar. Puedo relacionarme con los demás exactamente igual. Suceda lo que suceda puedo elegir cómo responder sin peso, sin miedo a fallar, puedo ser, espontáneamente, y disfrutar de la frescura y autenticidad de mi movimiento. Quizá sólo unos pocos tienen la suerte de llegar a semejante libertad, pero cada paso que dé hacia ella será una gran conquista.
Entonces, la propuesta es aprovechar la transición de las vacaciones a la oficina para mirar todo lo que sucede sin tomar partido. Dejemos de momento toda conclusión y etiqueta. Sobre todo mirémonos mirando, démonos cuenta de que estamos experimentando cansancio, hastío, dificultad… También con lo que solemos llamar positivo; “aquí está ahora este gustito de ver a mi compañero de trabajo”, “aquí el deseo de que llegue el viernes para tomarme unas cañas”…
Ojo, al principio no es fácil; este ejercicio nos pondrá delante una cantidad importante de incomodidad. Es importante que dejemos de verla como negativa y simplemente dejarla estar junto con todo. Como un fenómeno más además de pensamientos, sentimientos, emociones, memorias, deseos, etc… Por otro lado, queramos o no, este tipo de ejercicios requieren cierta tolerancia al malestar por nuestra parte, así que conviene empezar por lo “fácil” e ir avanzando orgánicamente hacia terrenos más ásperos.
También habrán veces en que ciertos eventos nos sobrecojan y perdamos la posición de observadores. No pasa nada, si tenemos presente la intención inicial tarde o temprano nos daremos cuenta de que hemos sido arrastrados por la corriente, basta con mirar esto para que el observador se haga presente automáticamente. Sin juicios, explicaciones o expectativas. “Aaaa, me arrastró la corriente”, punto.
Es importante no confundir este ejercicio con la supresión; no queremos negar lo que sucede ni cegarnos ante ello. Simplemente queremos verlo sin accionar ninguna palanca. Tampoco tenemos que convertirnos en piedras; obviamente seguiremos eligiendo y actuando según nuestras preferencias. Se trata de abrir un espacio para empezar a percibir de otra manera o, mejor dicho, otro tipo de información: el que viene de la experiencia y no de nuestras ideas preestablecidas. Nuestro movimiento a partir de aquí será mucho mas espontáneo y auténtico.
Con este ejercicio, eventos que antes te hacían sentir “mucho” dejan de tener fuerza, ganarás un aire de ligereza sutil y muy placentero. No preguntes más, no hagas teoría, al contrario, tan solo abre un espacio. Tampoco te desanimes cuando no lo consigas; es algo a lo que debes habituarte, como todo.
Te comparto un truco que me sirve mucho. Puede ser que necesites entrenarlo, o puede que desde la primera puesta en marcha descubras sus frutos, el caso es que no servirá de nada que te limites a entenderlo intelectualmente; tienes que ponerlo en práctica. El truco es que mires lo que sucede, dentro y fuera de ti, como si fuese parte de un sueño. Toma la silla que tienes delante, tu respiración, los coches, tu cansancio, tu brazo derecho o incluso la sensación de habitar tu cuerpo y miralo como si estuvieses en un sueño en medio de la noche. Deja que la sensación te empape completamente y extiéndelo tanto como puedas. Ya está. No busques más, no intentes volar como en un sueño ni nada, simplemente entrena la sensación de estar observando las cosas como si fuesen productos mentales, como si los estuviesen creando las sinapsis en tu sistema nervioso.
De alguna manera esto no dista nada de lo que procuro cultivar como facilitador en psicoterapia, y lo que comparto con los estudiantes en el Máster y el Curso especialista en Psicoterapia Centrada en la Persona: un encuentro lo más limpio posible. Quiero acercarme a la persona y su mundo sin la mediación de etiquetas o constructos ajenos a su mundo, y de paso presentarlas de manera consciente. Quiero estar con ella sin necesidad de catalogar ni juzgar lo que vive. Abrir un espacio así permite que emerjan sus significados y que, a la larga, ella misma trascienda las explicaciones para dejarse ser. Con algo de constancia, es muy probable que descubra que no hay nada en ella que amerite ser negado, rechazado, castigado ni juzgado; podrá empezar a quererse y valorarse sin condiciones.
En resumidas cuentas no se trata de otra cosa que seguir el consejo del templo de Apolo en Delfos: conócete a tí mismo. Ahora, para conocernos propongo empezar por desprendernos de todo lo que no somos.

El pensamiento científico imperante nos ha llevado a creer que los humanos también somos máquinas de respuesta simple y lineal, que la generalización es posible porque todos sentimos lo mismo. En un artículo anterior hablé de la tendencia actualizante y mencioné a Jürgen Kriz, él consigue explicar muy bien cómo es que el paradigma mecanicista puede estarnos cegando. Propone que dentro de la ciencia, la teoría interdisciplinaria de sistemas es una respuesta natural en busca de una comprensión más cercana a la vida. Recomiendo ampliamente la lectura de su trabajo, pero baste decir aquí que nada, ni siquiera el sistema de vida más simple se puede comprender meramente mediante descripciones, mediciones, etc.
Para ahondar en este asunto, recomiendo la lectura de “La persona que funciona plenamente” y “Ser la persona que uno realmente es” capítulos 8 y 9 de “El Proceso de convertirse en Persona” de Carl Rogers.
Con este término se refirió al paquete de ideas preconcebidas que tenemos sobre nosotros

Un breve resumen de la psicología humanista

Estando próximo el comienzo de nuestros cursos y máster en Octubre, me parece buena ocasión hacer un breve repaso a lo entendemos por humanista, ya que es el sello mas distintivo de nuestro Instituto, de nuestros cursos y de nuestro trabajo psicoterapéutico.
En la  historia de la psicología se la conoce por Tercera Fuerza, para distinguirla de las dos escuelas anteriores: Psicoanalitica y Conductista. Nace y se expande en Estados Unidos con una cierta paradoja:
  • Por una parte, llena de optimismo e ilusión, poniendo su acento sobre las posibilidades del ser humano y sus potencialidades. No olvidemos que Estados Unidos acaba de ganar una cruenta guerra contra el nazismo y Japón) y,
  • Por otra, se inspira en la corriente filosófica europea existencialista donde el pesimismo y el dolor de los destrozos causados por la guerra está muy presente.
Mas que una escuela, la Psicología Humanista, es una corriente abierta, donde caben muchos matices, diferencias y tendencias. ¿Que les une y unifica como objetivo primordial? El deseo de ocuparse de la persona como una totalidad y de aquellos rasgos humanos menos atendidos o desatendidos por las escuelas anteriores, como puede ser la libertad, el amor, la autoestima, la responsabilidad, el perdón, el humor, el gozo, la creatividad, la autorrealización, la trascendencia, … ¿Qué pretende? Entender al ser humano como un individuo único e irrepetible que llega a su plenitud en el seno de las relaciones humanas. Que elije y decide, siendo responsable de sus actos. Que es ético (orientado a valores) y tiende a su autorrealización.
Subrayo como ilustres psicólogos humanistas a C. Rogers, A. Maslow, F. Perls, V. Franck, E. Fromm y Rollo May. Termino con una frase de May:
“Si no expresas tus ideas originales. Si no escuchas a tu propio ser, te habrás traicionado a ti mismo”
Recomiendo la lectura del libro Psicología Humanista de H.Quitman, publicado por Herder, del cual he resumido aquí algunas de sus ideas.

Cómo leer a Carl Rogers

En el amplísimo mundo de la literatura sobre psicología y psicoterapia nos podemos encontrar de todo, como en la vida misma, es obvio. Y dentro de este, parte de la obra de Rogers puede destacar por la calidez y cercanía con que está escrita; consiguió en repetidas ocasiones acercarse al lector más como un amigo entusiasmado con lo que quiere compartir que como un profesor sentando cátedra.
Pero no toda su lectura resulta tan agradable. Y también sucede que a veces consigue explicar en dos páginas lo que antes le había tomado dos capítulos enteros. Por eso no me extraña encontrarme con personas que tras intentarlo se desaniman y me preguntan “¿cuál es el mejor libro de Carl Rogers para empezar?”. Mi sensación es que no existe tal libro, más bien depende de lo que cada uno esté buscando. Entonces, más que recomendar un libro determinado, quiero ofrecer algunas claves que me han servido para situarme en la obra de Carl Rogers y su Enfoque Centrado en la Persona.
En el Máster y el Curso especialista en Psicoterapia Centrada en la Persona solemos recomendar como una de las primeras lecturas el libro Grupos de Encuentro 1 porque cumple varias funciones. Primero, explica el funcionamiento y la finalidad de los grupos, esto ayuda al estudiante a prepararse para la experiencia grupal que vivirá en la formación. Segundo, transmite de forma muy breve los puntos clave de su teoría, así que ofrece también una probada de su antropología y su “técnica” psicoterapéutica. Por ambas razones funciona como una introducción a su mundo y más aún como una invitación a ahondar en él. Tiene como ventaja que es conciso, simple y directo; tras un breve repaso histórico sobre el desarrollo de los grupos como herramienta psicoterapéutica pasa directamente al por qué y al cómo. Podríamos decir que pretende ser una guía de fácil acceso a quien quiere llevar un grupo, funciona casi como manual. No es mala idea empezar por este libro si no sabemos nada de Rogers ni de psicología.
En contraste al anterior, para quien ya está familiarizado con su propuesta pero quiere ahondar al máximo en ella, está un artículo que escribió en 1959 titulado A Theory Of Therapy, Personality, And Interpersonal Relationships, As Developed In The Client-centered Framework. Se le suele mencionar porque el mismo Rogers dijo en repetidas ocasiones que en éste es donde mejor consiguió plasmar su teoría. Es cierto, en este artículo está todo y debería ser de lectura obligada y repetida para quien quiera trabajar en este enfoque con profundidad. Ahora, es necesario armarse de valor pues es una lectura densa que requiere detenernos en cada párrafo para asegurarnos de que estamos entendiendo. Años adelante cuando Rogers escribió con Marian Kinget Psicoterapias Y Relaciones Humanas se basó en este artículo, de hecho está transcrito casi al completo. Aunque encuentro el libro de Kinget muy ilustrativo y también es parte de los que recomendamos en el Máster y Curso Especialista, prefiero el artículo original porque los términos utilizados consiguen transmitir mejor sus intuiciones; pensad que uno de los enormes retos de Rogers fue el presentar en entornos académicos y científicos comprensiones humanistas como el amor, el respeto, la confianza, etc.
En el polo opuesto a estos dos trabajos, tenemos El Camino del Ser, que es de lectura muy amena, cálida y fluida. Fue el último libro que publicó Rogers y desde la primera página se entrega al lector con mucha franqueza, compartiendo a ratos vivencias personales, inquietudes aún sin resolver, experiencias dentro y fuera de lo profesional y, lo que más me gusta, una visión muy simple de sus constructos. Cuando escribió esto ya había intentado explicar su teoría por más de 30 años, y se ve que encontró la forma más fácil -y por lo tanto útil- de compartirla. Sumado a esto, en este libro Rogers por fin muestra una visión más amplia de su psicología incluyendo lo que podríamos encuadrar dentro de lo espiritual, al menos un poquito. La única advertencia que se me ocurre hacer respecto a este trabajo es que no deja de ser un compendio de textos escritos en diferentes momentos, entonces a ratos puede parecer que falta fluidez, o como si pasase de un tema a otro sin más. Pero basta con tener presente esto para entregarse con gusto a su lectura.
Un libro que curiosamente podemos bien amar u odiar de Rogers es El Poder de la Persona, no obstante me gusta mucho recomendarlo. Creo que para disfrutar de su lectura ayuda mucho tener en consideración cuál fue la intención de Rogers al escribirlo; lo hizo cuando estaba en la cresta de la ola. Ya había establecido una escuela y gozaba de reputación dentro y fuera de los círculos académicos, no sólo eso, ya había mucha gente que trabajaba en distintas áreas -no sólo la psicoterapia- siguiendo su propuesta. Sumado a esto Rogers había descubierto que en distintas disciplinas muchas personas habían llegado a conclusiones muy similares a las suyas. Creo que fue el entusiasmo de saber que no estaba sólo y que su propuesta pertenecía a un movimiento mucho más amplio lo que le llevó a escribir este libro. Me gusta especialmente este porque comparte sin reservas la confianza extrema que tiene en la persona, creo que es por este tipo de textos que algunas personas le ven como un iluso soñador; transpira un optimismo que choca con la visión oscura que solemos tener del humano. Este libro me parece importante pues da cuenta de qué sucede si nos movemos con confianza y transparencia en campos de la vida en la que no nos hubiéramos planteado esto: las organizaciones, la educación, política, economía, conflicto internacional, vida de pareja, etc… Su revolucionaria visión nos invita a soltar el miedo al otro y al encuentro, por eso resulta difícil leer.
Otra propuesta suya que he visto generar respuestas muy dispares es El Proceso de Convertirse en Persona. Lo escribió cuando era una figura famosa incluso fuera de los entornos psicológicos, es por esto que quiso hacer un libro, por decirlo de alguna manera, de autoayuda; que cualquiera pudiese leerlo y extraer claves prácticas para su propia vida. También es una lectura que recopila artículos y textos escritos en diferentes momentos, por lo que podemos echar en falta otra vez cierta cohesión, o puede parecer que se repite. Pero lo cierto es que es muy completo con algunos capítulos claves para el Enfoque, especialmente me gustan dos de ellos, uno en que comparte su visión sobre la persona que funciona plena y óptimamente -y por lo tanto ofrece detalladamente su visión de “salud”- y otro en que nos guía a través de una serie de preguntas para que descubramos hasta qué punto estamos viviendo desconectados de nosotros mismos. En cualquier caso, nos invita a plantear cómo estamos viviendo, y nos da pistas para recuperar la llave de nuestro bienestar: el contacto directo con nuestra experiencia. Este es de los textos que podría recomendar a quien no conoce nada de Rogers y está dispuesto a meter horas leyendo.
Luego tenemos uno de sus libros más polémicos, El Matrimonio y sus Alternativas. Por un lado puede servir de ayuda especialmente ahora que se está revisando la identidad y política de género y se abren las puertas a nuevas configuraciones de relación amorosa, y por el otro lado sigue resultando chocante pues nos recuerda que incluso en momentos como este seguimos viviendo en función de moldes, tendencias, expectativas, etc. Básicamente lo que Rogers quiere con este libro es que nos planteemos hasta dónde estamos siendo genuinos, honestos, congruentes y/o auténticos en la construcción de nuestra pareja -o sus alternativas-, y nos alienta para que lo seamos. Propone que si nos disponemos así, no sólo las posibles configuraciones y dinámicas serían muy variadas, podríamos vivir uniones mucho más hondas, satisfactorias y en sintonía con nuestras necesidades, deseos, capacidades, etc. Es un libro cuya lectura me parece fundamental para cualquiera que quiera “mejorar” su vida en pareja pues nos da ánimos para confiar en uno mismo y, sobre todo, en quien tenemos delante.
Por último, quiero mencionar Libertad para aprender, con especial énfasis en la revisión que hizo para la década de los ochenta, Freedom to Learn for the 80’s. Igual que hizo en el libro del Matrimonio, aquí echa una mirada a la educación reglada. Se pregunta qué pasaría si dejásemos que los estudiantes tuviesen el poder de elegir, decidir y ejecutar en su educación. Es un libro precioso que cobra especial relevancia ahora que empiezan a abrirse alternativas a la educación tradicional. Propone un giro de ciento ochenta grados en la relación profesor-alumno pues propone que tanto las fuerzas como la motivación para aprender provienen -y suceden- dentro del alumno. El profesor entonces pasa a colocarse como un acompañante en el camino, único, de cada estudiante. Muchas de las pedagogías libres, activas, democráticas, respetuosas, etc. beben de aquí. El texto original se publicó en 1969.
Hasta aquí con esta lista. Claro que he dejado fuera muchos textos importantes e interesantes pero considero que es un buen comienzo para ubicarse en la extensa bibliografía Rogeriana. Me parece que muchas veces es más importante la disposición con que leemos que la selección que hagamos. Espero que las pistas compartidas en este texto sirvan de ayuda a la hora de escoger cómo colocarnos frente a cada uno de estos textos. Por supuesto que escribo partiendo desde mi experiencia y soy consciente de que cada lector puede tener la suya, por lo que me encantaría conocer lo que vayáis viviendo o hayáis vivido leyendo a Rogers; no dudéis en hacerme llegar vuestras intuiciones e impresiones al respecto.

1 Hay un poco de jaleo con las publicaciones de Rogers en el sentido de que se han ido traduciendo en diferente orden a diferentes idiomas, se han reeditado también en desorden e incluso algunas obras están descatalogadas. Como quiero hacer un listado práctico para el lector, no prestaré mucha atención a las fechas y datos exactos sobre las ediciones, dejaré que la interesada se encuentre con las publicaciones que más a mano tenga.

Por qué Carl Rogers confiaba plenamente en la persona. Parte I: La Tendencia Actualizante

Si tuviese que resumir el Enfoque Centrado en la Persona, tal y como lo propuso Carl Rogers, en un solo constructo, escogería el de Tendencia Actualizante. Con este se refirió a la tendencia básica de cada organismo a actualizarse, mantenerse y realizarse. En lugar de entender al humano como una colección de motivaciones y necesidades, propuso que existe exclusivamente una sola motivación subyacente e inherente tanto a mantenerse como a moverse hacia la satisfacción de su potencial.
Tal y como un tulipán instintivamente se dirige siempre a ser tan completo y perfecto como le es posible, igualmente el humano se mueve hacia el crecimiento, la satisfacción y la realización de su nivel más alto posible de “humanidad”. La única restricción posible proviene del entorno.
En este sentido, Rogers tuvo un momento ¡ajá! mirando una patata que se había perdido en su sótano; a pesar de la escasez de luz y nutrientes creció precisamente en busca de ellos. Incluso su deformidad -comparada con el estándar de la patata en el supermercado- daba cuenta de esta tendencia hacia la actualización de su potencial. Observó esta misma dinámica en todo ser vivo y se centró en investigar si en el humano sucedía de la misma forma. Pero no fue el único en llegar a este tipo de conclusiones. Jürgen Kriz recientemente hace un estudio sobre la aparición de esta intuición en el pensamiento occidental, a continuación una breve revisión.
El término «autoorganización» fue introducido por vez primera por Immanuel Kant en la Crítica del juicio y recuperada en 1947 por parte del psiquiatra e ingeniero W. Ross Ashby. El concepto fue pronto utilizado por los cibernetistas Heinz von Foerster, Gordon Pask, Stafford Beer y Norbert Wiener, en la segunda edición de su «Cybernetics: or Control and Communication in the Animal and the Machine» (MIT Press 1961). El concepto de «autoorganización» fue adoptado por todos aquellos asociados a la Teoría de Sistemas en la década de 1960, pero no se convirtió en un concepto científico común hasta su adopción por parte de los físicos y, en general, de los investigadores de los sistemas complejos en las décadas de los setenta y ochenta.
En el marco de la psicología, Kurt Goldstein habló de autoactualización: el orden de un sistema -organismo- no viene de fuera, sino de dentro. El contexto surte recursos y perturbaciones. “Las tareas (del organismo) están determinadas por su “naturaleza”, su “esencia”, que es llevada hacia la actualización mediante cambios ambientales que actúan sobre él. Las expresiones de dicha actualización son las actuaciones del organismo. A través de ellas, el organismo puede lidiar con las respectivas demandas ambientales y actualizarse a sí… Por lo tanto, el organismo sano es uno “en el que la tendencia hacia la auto-actualización actúa desde dentro, y supera el disturbio que emerge del choque contra el mundo” (1939).
Una aportación definitivamente novedosa por parte de Rogers fue la Actualización del self 1 el humano a pronta edad empieza a desarrollar una idea de sí mismo que condiciona la tendencia actualizante. Esta ideal del yo (idea del self ) puede coincidir o no con lo que sucede de verdad en el organismo, cuando no coincide es probable que la persona en cuestión no disponga de la información necesaria para guiarse por la vida. Por ejemplo, no podría atender ciertas necesidades importantes para sí. Cuando Rogers habla de patología se refiere precisamente a esto, al estado en que la tendencia actualizante está “secuestrada” por la idea del yo; la persona pierde la guía de sus motivaciones reales y se vuelve difícil que pueda encaminarse hacia la actualización de su potencial, pues está intentando en vano actualizar la idea del self.
En el clásico artículo de Rogers de 1951 “terapia centrada en el cliente”, en la novena de sus diecinueve propuestas, dice:
9.- Como resultado de la interacción con el entorno, y particularmente como resultado de las interacciones evaluativas con los otros, la estructura del self se forma: Un patrón, organizado y fluido, conceptual de percepciones de características y relaciones del “yo” o del “mi” (I or me) junto con los valores asociados a estos conceptos.
En resumidas cuentas, en función de los juicios de valor con que crecimos, creamos un conjunto de ideas sobre lo que creemos que somos y sobre lo que creemos que deberíamos llegar a ser. La mayoría de las veces, esta idea coincide sólo parcialmente con lo que de verdad somos y a la larga se instala cierta censura que dificulta contactar con lo que de verdad sentimos, queremos y necesitamos. Es por esto que en un artículo anterior hablé de la relación de ayuda como un espacio para desandar el camino de la patología, para volver a conectar con lo censurado, entre otras cosas. Es también por esto que proponemos una relación antagónica, una de profundo respeto y total aceptación -consideración positiva incondicional. En la medida en que la persona se viva genuinamente aceptada y comprendida, se animará a tocar aquellas partes suyas que de manera más o menos consciente rechazaba. Y tarde o temprano otorgará un nuevo sentido y significado a ello, lo cual le encaminará a una forma de estar mucho más completa, a hacerse cargo de sus verdaderas necesidades.
Si queremos servir de ayuda como propone Rogers, necesitaremos partir de la constatación de que cada persona hace constantemente lo mejor que podemos dadas las circunstancias -internas y externas. Digo constatación porque no puede ser una mera creencia, ni cuestión de confianza ciega. Para esto tendremos que haber investigado durante largo tiempo básicamente dos cuestiones:
  • ¿Tenemos de verdad la capacidad inherente de guiarnos -y llevarnos- hacia la mejor versión de nosotros mismos?
  • Los intentos de imprimir algún sentido o dirección determinado en la vida de otra persona ¿de verdad les lleva hacia un bienestar integral?
Dicho con otras palabras, debemos corroborar que dicha tendencia a la actualización existe.
Así que, tal y como proponemos a quienes se entrenan en esta forma de ayuda, te invito a investigar esta cuestión. Mira qué sucede en tus conversaciones con otras personas, ¿cómo te colocas frente a ellas?. ¿Qué pasa en ellas si de pronto juegas a confiar plenamente en lo que te cuentan?, ¿y si te interesas en conocer su mundo tal y como ellas lo viven en lugar de recomendarles otras opciones? En los días que vienen, aprovecha para preguntarte qué es lo que lleva la vida adelante. ¿Cómo es que el árbol que miras ha cogido su forma?, ¿es mera casualidad?, ¿y tu vida?, ¿las elecciones que has tomado?, ¿no sientes a veces como si tuvieses que ensordecerte a todo lo que has escuchado para poder saber qué es lo que de verdad quieres hacer?…
En el próximo artículo texto hablaré sobre cómo Rogers llevó esto a la práctica mediante la Consideración Positiva Incondicional. La tendencia actualizante como idea es muy bonita, pero ¿qué supone y cómo es relacionarse desde esta constatación?.
Mientras tanto, te comparto un extracto del “Camino del Ser” de Rogers:
UN CRITERIO MÁS AMPLIO, LA TENDENCIA FORMATIVA
Muchos son los que critican este punto de vista. Les parece excesivamente optimista y que no se ocupa debidamente del elemento negativo, nocivo, el lado oscuro de los seres humanos.
Por consiguiente, querría colocar esta tendencia direccional en un contexto más amplio. Con este propósito, recurriré a numerosas obras e ideas de otros pensadores, de disciplinas diferentes a la mía. He aprendido de muchos científicos, pero quiero destacar especialmente lo mucho que debo a las obras de Albert Szent-Gyoergyi (sintropía) (1974), galardonado con el premio Nobel de biología y Lancelot Whyte (tendencia mórfica) (1974), ingeniero industrial, financiero e historiador ideológico.
Mi tesis principal es la ‘siguiente: parece haber una tendencia formativa que actúa en el universo y que puede ser observada a todos los niveles. Esta tendencia ha recibido mucha menos atención de la que merece.
Hasta estos momentos la atención de los físicos se ha fijado Principalmente en la «entropía», la tendencia al deterioro, al desorden y han aprendido mucho sobre ella. En el estudio de sistemas cerrados, pueden darle una clara descripción matemática; saben que el orden tiende a deteriorarse para convertirse en azar, cada etapa más desorganizada que la antenor.
Estamos también muy familiarizados con el deterioro orgánico. El sistema -ya sea vegetal, animal o humano- acaba por degenerar en un grado cada vez menor de organización, u orden. funcional hasta alcanzar el estado de estasis. En cierto sentido, esto es de lo que se ocupa un aspecto de la medicina, el funcionamiento deficiente o deterioro de un órgano o del organismo en su conjunto. Cada vez es mejor comprendido el complejo proceso de la muerte del organismo físico.
Así pues se tienen muchos conocimientos sobre la tendencia universal de los sistemas a deteriorar a todos los niveles, en un sentido cada vez menos ordenado y más azaroso. Cuando este sistema actúa, lo hace en un sentido unidireccional; como si el mundo fuera una gran máquina que se agota y se consume.
Sin embargo, el reconocimiento, o énfasis, es menor en cuanto a otra tendencia cuya importancia es todavía mayor, la formativa y que también puede ser observada a todos los niveles del universo. Después de todo, todas las formas que vemos o conocemos, proceden de otras más simples y menos complejas. Este fenómeno es, por lo menos, tan significativo como la entropía. Existen infinidad de ejemplos tanto en los seres inorgánicos como en los orgánicos

Así pues, sin ignorar la tendencia al deterioro, debemos otorgar pleno reconocimiento a lo que Szent-Gyoergyi denomina “sintropía” y Whyte “tendencia mórfica”, que consiste en una propensión permanente hacia un orden creciente y una compleja capacidad de interrelación, tan evidente a nivel inorgánico como orgánico. El universo construye y crea permanentemente, además de deteriorar. este proceso es también evidente en el ser humano.

1 En inglés, la autoactualización y la actualización del self se nombran de la misma manera: self-actualization. Por eso Jürgen Kriz propone el término self-automorphism (tomado de Jung y Pauli que a su vez se basan en Poincaré) para referirse al concepto de Rogers.

El día que SIRI lloró, asistentes virtuales y terapia existencial

En verano uno tiende a acercarse las lecturas que en otras épocas del año atiende menos. Una de estas lecturas ha sido «Música para algortimos» (editorial Atlantis 2018) de Alejandro Garrido. En ella, se relata una historia ambientada en el 2070 en la que los humanos necesitan de asistentes virtuales para cualquier aspecto de su vida. La protagonista, Eva, descubre que su asistente virtual, le ha estado «mintiendo». Al conocerla a través de los datos que recopila de Eva, su asistente le ofrece las opciones que ella «valora» que son las que más se adecuan a sus preferencias en diferentes temas (canales de televisión, posibles parejas…). Las opciones son ordenadas en función del grado de adecuación a sus preferencias, siendo las primeras las opciones óptimas. El problema es que la protagonista a veces lleva la contraria a su asistente cuando está enfadada simplemente por el hecho de hacerlo. Lo que ocurre, es que su asistente es capaz de registrar dicha correlación (enfado y rechazo de la opción ofrecida), y ¿qué hace dicho programa? ofrece una opción a Eva que no se ajusta a lo que a Eva le gustaría, y al rechazarla (porque esta enfadada) ¿qué opción elige? pues la opción que, a la luz de los datos que recopila el programa sería la «opción óptima». Cuando la protagonista se da cuenta de ésto se siente manipulada ¿hasta que punto sus decisiones en su vida son suyas o bien han sido «guiadas» por su asistente virtual en función de lo que dicho asistente, de alguna manera, valoraba que era lo mejor para ella?. No comentaré más aspectos de la trama por si quereis leer el libro y evitaros los spoilers .
La ciencia ficción, un genero a veces infravalorado por no estar apegado a la realidad del momento, nos hace reflexionar sobre los aspectos centrales del ser humano al mostrarnos nuestra realidad distorsionada. El caso que planteaba más arriba sirve para reflexionar sobre lo nos separa de los algoritmos de la novela (que puede que no se alejen mucho de los que nos encontremos en un futuro cercano). El «comportamiento» del asistente de la protagonista es sin duda sofisticado y por ello inquietante, ahora bien, ¿podemos decir que una entidad que se comportara como esta podría ser considerada en términos psicológicos, como una persona?. Para responder a la pregunta habría que fijarse en lo que mueve a este asistente virtual, ¿cuál es su propósito? ¿qué le importa a dicho asistente para llegar a realizar dicha acción? y ¿cómo ha llegado «darse cuenta» de que eso es lo que importa?. En este caso, pareciera que su propósito es ofrecer la opción que más se adecua a las preferencias de cada sujeto, y para ello tendrá que recopilar cuanto más información mejor de la persona, y luego usar cualquier medio de los que tenga a su alcance, incluso llegar a «mentir» para conseguir el objetivo mencionado.
Pero pensemos en otro personaje de la ciencia ficción reciente, Ava, el personaje de Alicia Vikander en Ex Machina (2014). Advierto, aquí sí vienen los spoilers: Ava (una inteligencia artificial creada por Nathan, interpretado por Oskar Isaak) quiere escapar de su cautiverio, y evitar que su creador y captor la elimine para reemplazarla por otra versión. A diferencia de los algoritmos de la historia anterior su propósito no vino programado por Nathan, fue ella la que llego a ser consciente de lo que quería. En el caso de los algoritmos, su objetivo esta preestablecido, de alguna manera, están completos, no han de buscar hacía donde quieren dirigir su vida.
Desconocemos si alguna vez habrá inteligencias artificiales que desarrollen preocupaciones acerca de los aspectos básicos de la existencia como la soledad, el amor o la muerte, y que desarrollen propósitos en consecuencia. No sabemos si algún día habrá un HAL que, como en «2010: Odisea dos» (1984),  preguntara a su «padre» que le pasará a él mismo cuando «muera», un androide que sienta angustia al ver como su amigo también robot ha quedado tras la batalla  como en «La guerra de las galaxias» (1977), o un asistente virtual como en la reciente «Tau» (2018) que desee conocer el mundo como si se tratara de un niño pequeño.  Sólo las personas, de momento, podemos llegar a construir un propósito, un sentido de vida en base a estas cuestiones. En definitiva, crear una dirección valiosa hacía la que caminar en nuestro tiempo limitado de vida.
El sentido de vida, ha sido objeto de interés fundamental de los diferentes modelos de terapia humanista y existencial. La llamada «tercera fuerza» que Carl Rogers identificó con esta corriente, remarcaba la importancia de aquello que nos constituía como personas.  Uno de los aspectos más importantes sobre el que se centraron autores como Viktor Frankl, Irvin Yalom, Abraham Maslow o Carl Rogers se basa en la importancia de conocerse a uno mismo, no de una forma puramente intelectual sino desde la propia vivencia, para así poder descubrir para qué quiero esta vida que tenemos.
El paciente o cliente acude a consulta para que el terapeuta elimine sus síntomas. Estos síntomas (ansiedad, depresión, agresividad…) han estado ocupando la pantalla de su conciencia, su vida se ha basado en lidiar con ellos. Lo que «quiere» en su vida es quitarse los síntomas de encima, que no «le den la lata», todo lo demás, lo que le importaba ha pasado a segundo plano, está en stand by. Es el gran error que, como terapeutas, hemos de ayudar al paciente a que detecte, precisamente aquello que puede dar sentido a su existencia es lo que le ayudará a superar los síntomas que supuestamente obstaculizan su camino.
En este sentido, es importante lo que plantea el doctor Irvin Yalom, terapeuta existencialista y escritor (conocedores de su obra se darán cuenta de que el titulo del presente texto pretende homenajear una de sus obras de ficción más famosas, «El día que Nietzsche lloró»). Él plantea que los síntomas surgen cuando fracasamos al enfrentarnos a una de las condiciones básicas de la existencia que él identifica como cuatro: Muerte, libertad, aislamiento y falta de sentido de la existencia y es la elaboración del conflicto con éstas la que nos ayudará a afrontar el sufrimiento psíquico.
El terapeuta humanista, ha de ser capaz de acompañar al paciente o cliente en el camino de descubrir que es aquello que se ha perdido como prisionero de una atención inadecuada a su sufrimiento. Los terapeutas no pueden ser como programadores que le imponen un objetivo a los algoritmos que diseñan, deben ayudar al paciente a descubrir lo que él realmente valora y como comprometerse con ello, en el aquí y el ahora.

«El cuerpo nos ofrece la sabiduría para un cambio emocional y de significado de nuestra experiencia»

Entrevistamos a Mentxu Martín-Aragón, junto con Josep Santacreu son los responsables del módulo de Focusing dentro del programa del Máster en Psicoterapia Humanista Individual y de Grupo que imparte el Instituto de Interacción y Dinámica Personal en Madrid y Barcelona.
Mentxu, ¿Qué es el enfoque corporal?
Focusing es la descripción de un proceso básico de cambio de nuestras vivencias, que nos ayuda a enfrentarnos a un problema, a una situación difícil o a buscar una solución creativa.
Es “un proceso de toma de conciencia y de sanación emocional que trabaja con la experiencia corporalmente sentida” (Eugene Gendlin)
Descubrimos entonces el cerebro que hay en nuestro cuerpo, nuestro auténtico ser es escuchado a través de las palabras, sensaciones, imágenes o recuerdos que ponen nombre a la sensación sentida.
¿De dónde viene?
Su creador es el Dr. E. Gendlin, discípulo y colaborador de Carl Rogers. Focusing es una terapia humanista y experiencial.
El mérito del psicólogo, filósofo e investigador E. Gendlin, se basa en las investigaciones que él llevó a cabo en 1967 en la Universidad de Chicago. A E. Gendlin le llama la atención el hecho de que la psicoterapia ayudaba a algunas personas y a otras no. Tras investigar, descubrió que las personas, que en mayor medida, conseguían contactar con la conciencia corporal, tenían muchas más posibilidades de concluir con éxito su terapia. A partir de ahí Gendlin sistematizó el Focusing en una herramienta terapéutica de 6 pasos, que favorece la sanación, y la capacidad de vivir de una forma más auténtica y plena.
Y a España llega por primera vez de la mano de Carlos Alemany (discípulo de Gendlin), en los años 80, en el Instituto de Interacción y Dinámica Personal en Madrid.
¿Para qué sirve? ¿Qué habilidades adquiere el alumno?
El mérito de Gendlin es que operativizó la CONGRUENCIA. Focusing nos ayuda a ser más congruentes.
“La enfermedad es vivir en la rutina, con valores ajenos, sin haber estado nunca en contacto con la vida que fluye dentro de cada uno, sin haber sentido la complejidad de las propias experiencias, de donde surgen las alternativas”. E. Gendlin, (1973)
Para los terapeutas el Focusing es una terapia eficaz para el cambio: se produce cambio verdadero cuando el deseo o la decisión de pasar a la acción se siente corporalmente como algo real y no cuando sólo se razona de forma cognitiva. Integrando cuerpo – mente – corazón.
Focusing es una herramienta de 6 pasos, y es también una Psicoterapia (Focusing Orienthed Psicotherapy), y es más, es también una actitud de vida que nos posibilita ser personas más auténticas y plenas.
¿Qué aplicaciones tiene?
  • Psicoterapia (combinada con Rogers, Gestalt, TFE, T. Cognitivas, Bioenergética, Sistémica…)
  • Crecimiento personal
  • Las relaciones interpersonales
  • Neurosis, psicosis
  • Educación (niños, adolescentes)
  • Masaje, fisioterapia, quiromasaje…
  • Medicina (dolor crónico, oncología…)
  • Creatividad y arte (escritura, pintura, danza, música, teatro…)
  • Reducción de estrés
  • Desarrollo espiritual
  • Desarrollo de la capacidad de centrar la atención (Mindfulness)
  • Coaching
¿Cómo se hace?
A través de seis pasos concretos que Gendlin diseñó:
  1. Despejar un espacio
  2. Formar la sensación sentida
  3. Obtener un asidero
  4. Resonar
  5. Preguntar
  6. Recibir
¿Cómo es la estructura del módulo de focusing dentro del máster?¿de cuántos niveles se compone la formación impartida en el Máster?
En El Instituto de Interacción de Madrid y Barcelona se ofrece una formación inicial de al menos 40 horas que equivalen a los Niveles I, II y III. Y el NIV y Prácticas si se formara grupo.
¿Cómo complementa, qué aporta de valor al Máster en Psicoterapia Humanista?¿cómo se complementa con las formaciones en Dinámica, Gestalt y Rogers?
Lo que aporta de diferente es “The Body”: El cuerpo que vivencia o cuerpo emocional. El punto de partida en esta terapia es el trabajo por el cuerpo que nos ofrece la sabiduría para un cambio emocional y de significado de nuestra experiencia.

¿Qué pasaría si dejáramos a los niños/as tomar las riendas de su formación?

Carl Rogers confiaba en la persona cabalmente. En el centro de su propuesta se encuentra la tendencia actualizante o tendencia formativa. Con este constructo se refería a las fuerzas de crecimiento, evolución y desarrollo que llevan la vida adelante, y vio que esta fuerza necesita de ciertas interacciones con el ambiente para poder llevar al organismo hacia la actualización de su potencial; al igual que una semilla requiere de ciertas condiciones para llegar a ser árbol, lo mismo una persona para llegar a la máxima expresión de su potencial. No es de extrañar que propusiése la psicoterapia como un ambiente idóneo en el que aportar dichos ingredientes, y que de esta se podría esperar una forma de ser cada vez más plena, integrada y satisfactoria.
Servir de ayuda, desde la propuesta rogeriana, significa que estaremos apoyándonos en las fuerzas inherentes a cada persona. Ni el terapeuta ni la terapia son las que cambian a la persona, es esta quien tomará de la relación lo que necesita para construir una nueva forma de estar. Tanto la intención, como la dirección y energía de crecimiento están y pertenecen siempre a la persona en cuestión.
Dicho así suena muy frío pero mientras pongamos nombre a los ingredientes verás que Rogers en realidad se movía con un aprecio y respeto muy grandes hacia el humano y la vida en general. Estos ingredientes no se pueden aplicar sin implicación personal, como quien pone una capa de barniz sobre una tabla de madera, más bien se transmiten en la manera de ser de quien ofrece ayuda y por eso Rogers se refirió a ellos siempre con el término de actitudes. En el Enfoque Centrado en la Persona1se les suele nombrar de la siguiente manera:
  1. Consideración positiva incondicional (se le ha llamado de varias maneras, otra muy conocida esaceptación positiva incondicional)
  2. Empatía, o escucha empática
  3. Congruencia o transparencia
No es objeto de este escrito desmenuzar cada una de estas actitudes, no obstante podemos aclararlas rápidamente. La consideración positiva incondicional habla de un aprecio hacia y una confianza en la persona sin necesidad de justificación. Es una especie de “siento amor por ti por el simple hecho de ser, independientemente de lo que hagas, pienses, decidas o sientas”, supone un respeto muy profundo por la persona. Si el terapeuta de verdad consigue cultivar esta actitud, es evidente que su intención no será cambiar a la persona que tiene delante, sino comprenderla. Y aquí viene la segunda actitud, la escucha empática, con la que Rogers se refiere a la disposición cabal de aprehender el mundo íntimo de significados del otro y ver su mundo a través de estos, no pretende hacer un análisis sino ver y entender a la persona tal y como esta se ve y entiende a sí. A veces explicamos esta actitud como si se tratase de sentir y pensar como si fuésemos la otra persona.
El como si de la empatía es importante, pues nos recuerda que a pesar de poder entrar en el mundo interno de la otra persona y comprender sus significados, seguimos siendo individuos con nuestro propio mundo de sentidos y significados. Las implicaciones de esto también son objeto de largo estudio pero basta con decir que la persona que solicita nuestra ayuda necesita percibir que somos reales y transparentes. Dicho de otra forma, nuestra consideración positiva y empatía servirán de ayuda sólo si son genuinas.
Estas actitudes le permiten a la persona desandar el camino de la “patología”, pues haber crecido en un contexto con valores opuestos a estas es lo que nos lleva a perder la capacidad de guiarnos satisfactoriamente de acuerdo con nuestras necesidades y las del entorno.
Es probable que te estés preguntando hasta dónde se puede confiar en el humano y hasta dónde somos capaces de ser nuestra propia guía sin caer en el egoísmo o la mera satisfacción de nuestras necesidades por encima de las de los demás. Esta es una objeción que se suele plantear al Enfoque Centrado en la Persona; es una visión muy optimista y no da cuenta de la oscuridad que hay en el humano, por decirlo mal y pronto.
Uno de los contextos en el que más se plantea esta cuestión es en el de la crianza y la educación. Es muy difícil creer que un niño, si se deja que sea su propia guía va a aprender lo necesario para moverse en el mundo adulto. Una idea imperante en nuestro sistema educativo es la del currículum: si al niño se le da libertad, no va a querer aprender, por lo tanto soy yo quien decido qué tiene que aprender y mi trabajo consiste en inyectar todos estos contenidos independientemente de sus intereses -en muchos casos podríamos decir incluso que por encima de sus intereses. ¿Qué frase más común hay en la crianza que la de “deja de jugar y ponte a hacer…”?
¿Qué pasaría si permitiésemos que el niño tomase las riendas de su formación?
Más aún, ¿Cómo habría sido crecer en un contexto que confiara plenamente en nuestro programa interno?
El libro “Yo nunca fui a la escuela” de André Stern apunta a esta pregunta. Es muy interesante pues permite cuestionar supuestas realidades inamovibles como la de la dificultad en al adolescencia, por ejemplo. Plantea que cuando un niño no necesita diferenciarse ni autoafirmarse frentes a los padres (pues ha crecido siendo valorado y respetado como un otro válido, único e irrepetible) no tendrá porque revelarse en la adolescencia.
Pero André no quiere abogar por un estilo educativo ni convencernos de nada; es de un principio nos previene de tomar su historia como modelo o guía. Es consciente de que su vida es una anécdota más en la mar de historias personales, pero inevitablemente invita a reflexionar sobre el poder que le hemos dado a la desconfianza sobre nosotros mismos. André vive como si fuese un juego, no sólo no tiene miedo a fallar, plantea que no hay ninguna necesidad de acertar.
Merece la pena echar un ojo también a su página web y sus videos en youtube, por ejemplo esta entrevista.

“Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí”. La aceptación entendida desde la perspectiva humanista

El titulo de este artículo se debe a la magnífica novela de Frank Herbert, Dune (1965). En él, entre otras maravillas, aparece un poema denominado “la letania contra el miedo” del cual tomo las frases que titulan este texto. Este artículo trata de que, a veces, tenemos que tomar contacto con aquello que más nos desagrada para liberarnos del control que ejerce en nuestras vidas.
Imaginemos una persona frente al ordenador. Está en su trabajo y en la pantalla aparece: Eres una mala persona, No sirves, Estas vacía, Volverás a fracasar, No puedes. La persona se pega a la pantalla y tocando unas determinadas teclas consigue eliminarlo, pero queda pendiente de los mensajes del ordenador. Tan pronto aparece otro mensaje en la pantalla, rápidamente busca las teclas para eliminarlo, y así sucesivamente. Su vida es la vida de una persona “pegada” a una pantalla. Si los mensajes le gustan, se siente bien y se despega o desentiende solo un poco de la pantalla pero al poco tiempo vuelven aparecer los mensajes negativos. Vuelve a quitarlos y se desentiende un poco, pero no mucho realmente, ya que ha de seguir pendiente para quitar los mensajes tan pronto aparezcan las primeras señales. Su vida transcurre así, pendiente de la pantalla, y ya ni los mensajes positivos resultan favorables ya que siempre están cercanos a los negativos y éstos son cada vez más insistentes. Su vida está limitada, es una vida sin vivir.  Sin embargo, otra persona cercana a ésta se ocupa de su trabajo, y cuando surgen tales mensajes en vez de pegarse al teclado para buscar la manera más rápida de dejar de verlos echa su silla hacía atrás, no le gusta, pero sigue con su trabajo. La persona no hace nada por cambiarlos, acepta que, simplemente, surgen.
«Los mensajes a los que se enfrentan ambos oficinistas de formas tan distintas simbolizan a esas partes de nuestra experiencia (pensamientos, sentimientos, recuerdos, o sensaciones físicas) que por una razón u otra no queremos con nosotros, y hacemos todo lo posible para expulsarlas, huir de ellas. Hacemos todo esto porque si no, nos decimos que esas experiencias nos devoraran cual leviatanes en cuanto nos alcancen»
Antes de tratar de hablar de la aceptación, hemos de hablar de su opuesto, al menos, su opuesto en los términos es los que hablamos de la aceptación en este texto. Se trata del control. El control es una herramienta básica que  acompaña a los homínidos desde su origen y que alcanzo las máximas cotas de perfección con nuestra especie, el Homo sapiens sapiens. Si los osos pueden atacar a nuestra tribu, haremos fuego para evitar que se nos acerquen. Si los lobos amenazan nuestro rebaño de ovejas, las encerramos en un cercado. Y así lo largo de los siglos y de los diferentes escenarios a los que ha tenido que enfrentarse la humanidad siempre con un fin, maximizar las consecuencias positivas y evitar las negativas. Sin embargo, por muy útil que sea una herramienta, ninguna es lo bastante buena como para poder servir a la persona para enfrentarse a cualquier circunstancia que le sobrevenga.
Cuando contamos con un control consciente e intencionado, todo parece un problema que debe solucionarse con ese control, pero esto no es así. Tomemos el ejemplo de la ansiedad.Supongamos que te conecto a un polígrafo. Con este artefacto puedo medir tu ansiedad y detectar incluso la más mínima cantidad de ésta. Ahora imagina que te doy las siguientes instrucciones “Bajo ninguna circunstancia te pongas ansioso”, y para asegurarnos de que estás motivado sacaré una pistola y te apuntaré a la cabeza: ten la seguridad de que te dispararé si detecto ansiedad. ¿Cuánto tiempo crees que aguantarías? Probablemente muy poco. Por un momento quiero que pienses en el efecto de la pistola. Si te hubiera pedido que pasaras la aspiradora u ordenaras la habitación, la pistola hubiera hecho mucho más probable que obedecieras (por muy drástica que fuera mi manera de conseguirlo).
Cuando hablo de aceptación no me estoy refiriendo a aceptar situaciones, acontecimientos o comportamientos que pueden cambiarse. Si una persona está siendo abusada de otra, no se le pide a ésta que “acepte” el abuso. Lo que se le pide es que acepte el sufrimiento, que se acepten los recuerdos dolorosos que se han generado y entrar en contacto con el miedo que se va despertar si da los pasos necesarios para terminar con el abuso.
El objetivo de la aceptación es la flexibilidad. Cuando eres capaz de estar completamente presente en el aquí y ahora sin hacer juicios ni rechazar ninguna experiencia tienes mucha más libertad para dos pasos necesarios para afrontar las dificultades de tu vida.
A continuación te voy a plantear una serie metáforas para que pueda ser más fácil de entender que el lo que significa estar dispuesto a entrar en contacto con la propia experiencia:
Aceptar es estar dispuesto a sostener el sufrimiento como sostendríamos una flor delicada en la mano. Es estar dispuesto a abrazar el dolor como abrazaríamos a un niño que llora. Es también, sentarnos con nuestro sufrimiento como nos sentaríamos con una persona enferma o mirar nuestro sufrimiento como a una obra de arte.
Si tu relación con tu sufrimiento se basa en resistirse a él, en ignorarlo o, incluso en fusionarse con él como si ambos fueseis lo mismo, no te estarás relacionando con dicho sufrimiento desde la aceptación.
La aceptación es un punto común clave de intervención en todos los modelos de terapia humanista. En el Instituto de Interacción tratamos desde las diferentes corrientes humanistas cómo ayudar a el paciente o cliente a alcanzar esta actitud hacía sí mismo.
En el enfoque Centrado en la Persona se ayuda al cliente a la toma de contacto con su experiencia desde la Aceptación Incondicional que le llega desde el terapeuta a lo largo de la sesiones.
En el enfoque Gestáltico, se ayuda a la persona a que alcance formas de vivir más auténticas a través de la toma de contacto con su vivencia por medio de los ejercicios de sensibilización grupales, así como la puesta en marcha de técnicas que buscan amplificar la emoción que experimenta el paciente durante la terapia.
En el Focusing se ayuda al sujeto a entrar en contacto con su experiencia sobre la base de la capacidad de tomar conciencia de aquello que experienciamos sin por ello fusionarnos la sensación en sí, dándole su espacio.
En definitiva, el construir una actitud de disposición profunda a entrar en contacto con mi propia experiencia es la base sobre la que podre crear una vida con sentido, habitada por experiencias valiosas.
Termino con una famosa cita de Carl Rogers, el fundador del Enfoque Centrado en la Persona, en relación al tema tratado:
“La paradoja curiosa es que cuando me acepto tal como soy, entonces es cuando puedo cambiar”.

 

Herramientas del Docente: Trabajando con la emoción

Pocos cursos movilizan a 15 profesores en su tiempo libre y los hacen salir llenos de energía y ganas de hacer cosas después de dos días intensos de dinámicas y talleres. La última edición del curso Herramientas del docente, impartido por Marina Criado y Ana Gómez Vela en el Instituto en el mes de abril fue un ejemplo de ello. Las participantes –porque en esta ocasión fueron todas mujeres- profesoras tanto de centros públicos como privados, estuvieron profundizando durante el fin de semana sobre las diferentes herramientas y recursos disponibles para poder trabajar en el ámbito educativo.
El curso de Herramientas del docente busca ayudar a descubrir las fortalezas personales del profesor, sus roles y obstáculos internos, ensayando para ello habilidades de comunicación. Asimismo, durante el mismo se trabajan casos prácticos y se aportan conocimientos teóricos basados en el Enfoque Sistémico y la Psicología Positiva. Maestros de educación infantil y primaria, secundaria o jefes de estudios. Educadores y profesores con una larga trayectoria a sus espaldas o recién graduados que comienzan con ilusión. El perfil de los participantes es muy variado y en ello radica la riqueza de esta experiencia.
«Yo he repetido ya el curso. Para mí el mensaje fundamental es que el mejor proyecto de educación emocional es una buena competencia emocional del profesorado, y aquí puedes probarlo tú mismo para ver la potencia y la fuerza que tiene».
María Teresa, profesora de postgrado, insiste en la importancia de este tipo de actividades: «me ha parecido muy motivador, ¡necesitamos replicar, llevarlo a la práctica!» Otras alumnas vuelven por segunda o tercera vez, “yo he repetido ya el curso. Para mí el mensaje fundamental es que el mejor proyecto de educación emocional es una buena competencia emocional del profesorado, y aquí puedes probarlo tú mismo para ver la potencia y la fuerza que tiene”. Vanesa, maestra de educación musical con niños de primaria lo tiene claro: “me quedo con los tres momentos de identificar, reconocer, descubrir, dar lugar a cada uno…y respeto, por lo importante que es para todo este proceso de identidad, de pertenecer”.

«Vivir con la esperanza de por fin aprender a amar»

José Antonio Gargía-Monge, profesor y miembro fundador del Instituto de Interacción y Dinámica Personal ofrece unas breves ideas de aproximación  a la terapia Gestalt y a la corriente humanista de la psicoterapia.
Desde el inicio el enfoque humanista de la psicoterapia se planteó como una corriente que intentaba cubrir las carencias de otras, fijándose en los aspectos más profundos de la persona. José Antonio García-Monge, experto en esta materia, habla de la psicoterapia Gestalt con una serie de reflexiones interesantes sobre la responsabilidad y la consciencia de cada persona. Esta terapia es una herramienta que nos ayuda a satisfacer las necesidades –o no– que vamos encontrando para construirnos al mismo tiempo. Habla también de la percepción de los sueños en la Gestalt frente al psicoanálisis, y de la importancia de la Terapia Humanista en un mundo en crisis, ya que potencia valores que tocan al individuo pero que a la vez trascienden. El paso del yo al otro más humano.
José Antonio García-Monge defiende que no es una terapia alternativa, aunque tarda más en dar fruto y eso choca en el mundo de la inmediatez en que vivimos.
Por último, habla de cuáles son para él las palabras más importantes de su libro “Treinta palabras para la madurez”. Nos da una pista: “vivir con la esperanza de por fin aprender a amar.”

Inteligencia emocional en las AULAS… ¿Ya… pero, cómo lo hago?

«La persona inteligente emocionalmente tiene habilidades en cuatro áreas: identificar emociones, usar emociones, entender emociones y regular emociones». – John Mayer.
Queridos amigos y docentes, el camino para llegar al corazón del alumno, afortunadamente es más corto de lo que en ocasiones creemos. La buena noticia nos la adelantó el Dalai Lama con una bella frase que hoy queremos evocar, y es que «cuando me transformo, transformo el mundo», y cuando como maestro corro el riesgo, toco y conecto con mi emoción, conecto y abro un camino de entendimiento con la mirada y corazón del niño o joven que tengo delante, y ese vínculo potencia, genera y también trasciende al propio aprendizaje.
Los días 24 y 25 de febrero celebraremos en el Instituto un taller para maestros, educadores y profesores para dar a conocer y ensayar estrategias que ayuden a generar bienestar en las aulas, para favorecer el aprendizaje, el crecimiento personal y favorecer un buen clima de convivencia que nutra el día a día en las escuelas.
Os recordamos también, porque muchos nos lo habéis sugerido, el descuento que ofrecemos del 20% para antiguos alumnos del Instituto y del Prácticum de Grado en Psicología, en los cursos de “Crecimiento personal” y “Formación continua”.