Lo tengo en la punta de la lengua. Pero no me viene. El nombre del actor.

“Memento” es el título de una película de Christopher Nolan que narra las peripecias de Leonard mientras trata de vengar el asesinato de su propia esposa. Lo que hace realmente peculiar un argumento tan convencional es que el protagonista sufre amnesia anterógrada pura, es decir, recuerda su vida perfectamente hasta el momento en que se produce un incidente traúmatico (en este caso, es golpeado cuando trata de ayudar a su esposa que ha sido víctima de violación y asesinato), a partir del cual, es incapaz de generar nuevos recuerdos más allá de unos minutos. Por otro lado, tuvo conocimiento de un amnésico del mismo tipo con motivo de su trabajo, un tal Sammy Jenkins, por lo que se tatúa en el cuerpo “recuerda a Sammy Jenkins”, para tener en cuenta estrategias memorísticas como sacar fotografías, escribir anotaciones o repetirse instrucciones. Además la historia está contada hacia atrás, por lo que la primera secuencia muestra el final de la historia y los planos finales revelan el comienzo. Es como si el espectador hubiera olvidado el argumento y, a medida que transcurre la película, fuese recordando lo que había pasado justo antes.

Abro mi agenda. 18:30h cita con el paciente Z. Qué raro. Nunca quedo con Z tan pronto. Su hora fija son las 20h del jueves. Para colmo, hoy es viernes. Mis claves proposicionales son claras: a las 18:30h tengo la cita. No recuerdo haberla concertado. No recuerdo los motivos del cambio. Pero lo dice mi agenda. “Recuerda a Sammy Jenkins”. De acuerdo, allí estaré.

Llego a casa tarde, pero decido continuar con el artículo sobre Memento. No recuerdo por donde voy. Enciendo el ordenador. Abro la carpeta del Blog del Instituto de Interacción…. Leo lo que hay escrito. Tres párrafos. No recordaba haber escrito tres párrafos. Creía que sólo la frase inicial. “Recuerda a Sammy Jenkins”. De acuerdo, me pongo a escribir un comentario personal.

Volví a ver la película por si me inspiraba alguna idea. Fui el espectador. Durante el visionado, tomé algunas notas, no muchas. Sólo los hechos que consideré importantes para desarrollar un comentario personal. Por si se me olvidaban, claro.

La memoria es algo fundamental que parece que está cuestionada en nuestro tiempo. Quizá porque en el ámbito académico se da más importancia a entender las cosas que a repetirlas como un papagayo. Lo entiendo. Pero en lo personal, la memoria es imprescindible no sólo para que los procesos de aprendizaje se afiancen y completen, sino para poder sostener algo tan importante como la identidad personal. Sin memoria, ni siquiera sabríamos realmente quienes somos.

Leonard hace fotos (memoria visual), anota apuntes siempre a mano para estar seguro de que son suyos (memoria proposicional) y se da auto instrucciones (memoria verbal) para orientarse en un mundo impredecible y agresivo por su incapacidad para recordar. Lo mismo le pasa a los espectadores.

Me voy a trabajar. Hago mi repaso mental de las cuatro o cinco cosas indispensables que tengo que coger. Todo en orden… salvo las llaves del coche. No están en su sitio. Mi “fotografía”mental me dice que deberían estar en el platito de la mesa del salón. No están. Busco nerviosamente otras “fotos”: los bolsillos de las prendas de vestir que llevaba ayer: vacíos. Lugares más comunes por donde suelo moverme de la casa: no hay nada. Vuelve la foto del platito: miró allí de nuevo. Revuelvo entre otras llaves y bolígrafos, pero siguen sin estar. Fotos de los bolsillos: repaso otra vez los bolsillos vacíos. Miro tres veces en los sitios donde acabo de comprobar que las llaves no están. No me fío de mi memoria inmediata, sólo de las “fotos mentales”que me indican dónde deberían estar las llaves.

Leonard sólo puede fiarse de sí mismo. Pero al final de la película (o sea, al principio de la historia, no conviene olvidar que está contada en orden inverso) descubrimos que el más peligroso engaño del relato, como sucede en la vida real, es el autoengaño. Leonard inventa todo tipo de trucos para evitar ser engañado por los demás y que abusen de él, pero utiliza su amnesia anterógrada para autoengañarse y dotar de sentido permanente a su vida, basándose en una finalidad irreal, en una constante repetición de la misma venganza, una vez que borra las huellas y genera nuevas pistas tras consumar la venganza anterior. El espectador también.

Mi paciente Z apareció a las seis y tuvo que esperarme media hora. Según él, habíamos quedado a en punto. Es raro porque mi agenda decía a y media. Uno de los dos nos hemos autoengañado por algo. Uno de los dos ha olvidado el horario de una cita confirmada una semana antes. ¿Uno de los dos tiene un problema para retener información nueva?

Continúo el comentario personal para el Blog del Instituto sobre Memento. Sé donde lo dejé porque he encendido el ordenador y he visto cual era la última frase que escribí porque, desde luego, no la recordaba. Leonard tiene el mismo problema que cualquier otro personaje de ficción: su memoria sólo les sirve para estar motivados a la acción durante el tiempo que dura la narración. ¿Qué le importará a él seguir vengando o no a su mujer después de los títulos de crédito?

Por cierto, ¿cómo se llama el actor que lo interpreta? Conservo algunas “fotos”con anotaciones al pie: su rubio teñido en Memento lo tengo reciente, pero aún puedo recuperar su transformación en drag queen en “Las aventuras de Priscilla”en el desierto australiano o su aspecto remilgado en “L.A. Confidential”. Pero el nombre…

Lo tengo en la punta de la lengua. Pero no me viene. El nombre del actor. Mejor no obsesionarse. Pensar en otra cosa. Dicen que así, después, el nombre aparece por sí mismo, como el revelado de una fotografía. “Recuerda a Sammy Jenkins”. De acuerdo, ¿por dónde iba?

Pablo Sierra Aramburu