Llevar el Enfoque Centrado en la Persona hasta Mombassa

Por Eulalia Gil

Psicoterapeuta y Docente del ECP

Hace pocas semanas que he regresado de un viaje a Kenia. Un grupo de misioneros me invitó para ayudarles para lograr crear unas relaciones interpersonales más constructivas. Entre otros motivos, el estrés les estaba desgastando. Durante cuatro días se abrieron a la comprensión y la expresión de las profundidades del mundo emocional según el Enfoque Centrado en la Persona de Carl Rogers. Fue una grata experiencia.

Y es que los seres humanos necesitamos establecer relaciones de apoyo. La importancia de ello en los distintos contextos y épocas de la vida, se ha visto ya suficientemente refrendada científicamente. Por ejemplo, ya sabemos que las personas que pasan un duelo, una situación traumática, incluso por una etapa difícil de la vida, si se encuentran con relaciones de apoyo en ese periodo –personas que les escuchan, acompañan y atienden sus necesidades-, sufren muchos menos efectos adversos psicológicos de ese duelo, trauma o etapa difícil de la vida. Sobre el tema hay ya muchos estudios que conocemos bien.

Sin embargo, también sabemos que las relaciones humanas pueden llegar a ser muy complicadas. Aunque todas las personas compartimos necesidades, ilusiones y emociones, pertenezcamos a la raza o cultura que pertenezcamos, con mucha frecuencia las relaciones se vuelven tensas y difíciles, hasta el punto de llegar crearse distancias, desencuentros, incluso rupturas en relaciones que han sido muy significativas y queridas para la persona.

Las causas de estas dificultades pueden ser de muchos tipos, algunas son individuales y tienen que ver con aspectos de personalidad: Falta de control emocional, susceptibilidad, falta de confianza, narcisismo, falta de consciencia del mundo interno, conflictos no resueltos de atrás que se activan en la relación con los otros, o también con falta de habilidades para expresar el mundo emocional (los sentimientos, deseos o necesidades) de forma efectiva, etc.

Otras son más relacionales, tienen que ver con la dificultad para expresar de forma respetuosa y clara lo que sentimos, necesitamos o pensamos, comprender las necesidades o sentimientos de los otros, o respetar o aceptar las diferencias de ideas, personalidad o de forma de percibir o vivir la vida de los demás.

Incluso, a veces, influyen aspectos puramente físicos: el cansancio y la debilidad nos pone de mal humor y nuestro nivel de tolerancia desciende bajo mínimos, provocándonos malestar estímulos que en otras condiciones no nos los provocarían.

La Psicología se han preguntado mucho, si es posible minimizar los posibles conflictos y tensiones en las relaciones con nuestros seres queridos, o tenemos que aceptarlos como parte de la vida. Y ha llegado a la conclusión de que tenemos que aceptar los conflictos en las relaciones como algo inherente a las mismas, pero no tenemos por qué vivirlos de forma pasiva. Podemos elegir qué actitud adoptar, y eligiendo la actitud adecuada, minimizar o incluso evitar muchos de ellos.

Recientemente un grupo de misioneros de una comunidad católica que integra misioneros de distintas partes del mundo, me invitaron a dar un curso en Mombasa, Kenia. La necesidad que se planteaban era la de crear en sus comunidades, relaciones constructivas, que funcionaran como un apoyo emocional para ellos mismos y repercutieran positivamente en la labor que realizan, no mermara su eficacia.

Estos misioneros trabajan en lugares muy extremos del planeta, llevando agua, educación, atención sanitaria, e incluso enseñando a cultivar la tierra en medio de territorios desérticos. Trabajan en condiciones muy duras. Rodeados de inseguridad política, corrupción, pobreza, con una climatología a veces extrema, pocos recursos y sin embargo realizan una labor enormemente transformadora, digna de los héroes de los relatos épicos de las antiguas mitologías. Pero no lograban ser igualmente constructivos en las relaciones interpersonales. El estrés que les producía la situación del entorno, las permanentes demandas, el cansancio y la falta de habilidades para la expresión y la comprensión adecuada del mundo emocional de los otros y del suyo mismo, en ocasiones, daba lugar a tensiones en las relaciones, suponiendo para ellos un desgaste añadido.

Mi objetivo, por lo tanto, iba a consistir en enseñarles habilidades para lograr unas relaciones constructivas. Se trataba de condensar en cuatro días la formación que desde hace más de 30 años vengo impartiendo en el Instituto de Interacción sobre el Enfoque Centrado en la Persona. Un gran reto para mí y a la vez apasionante.

Carl Rogers, autor esencial del movimiento de la Psicología Humanista, surgido en los principios de los años 60, y creador de este método terapéutico, ofrece muchas de esas claves para crear relaciones que hagan crecer a las personas que las establecen. Uno de sus conceptos básicos es la tendencia actualizante, que muestra al ser humano en su inclinación a crecer y desarrollar su potencial, siempre que se encuentre con relaciones personales en donde estén presentes el respeto y la aceptación del otro, la empatía o comprensión de su mundo emocional o intelectual y la congruencia o autenticidad respetuosa.

Estas actitudes, en la práctica, se traducen en una serie de habilidades concretas que, a través de distintas dinámicas escalonadas, es posible aprender. Sabemos que si somos capaces de aprender a escuchar a los otros con empatía, aceptación de la persona que el otro es y sabemos expresar nuestros pensamientos o emociones desde la congruencia respetuosa, las personas implicadas y la propia relación, tiende a crecer constructivamente.

Fue en la enseñanza de esas actitudes y habilidades en donde centré mi esfuerzo durante esos cuatro días.

Como balance podría decir que aunque el curso supuso para mí un esfuerzo y reto grande,  la experiencia me aportó grandes satisfacciones que lo compensaron todo:  conocer a este grupo humano tan valioso y motivado por incorporar habilidades útiles para minimizar los conflictos entre ellos,   verlos progresar en el aprendizaje,  conocer sus misiones en el norte del país y la gran labor que realizan, contemplar los atardeceres en el océano Indico al salir de clase, y disfrutar del conocimiento de una cultura,  fauna y flora tan distintas a la nuestra.

Ellos me dieron las gracias al final, pero yo también sentí un profundo agradecimiento por esta experiencia profesional y humana de la que tanto aprendí.

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