. Inconsciente

El sueño es la expresión más genuina del inconsciente. Por tanto, salta la pregunta. ¿Qué es el inconsciente? 

Sería el nombre que damos a las huellas que marcan lo encuentros, desencuentros -en suma- las experiencias que hemos tenido con los otros a lo largo de nuestra vida. Mi vida sin atributos, desnuda y real. 

Y se guardan como huellas. Fuera de un discurso, de toda representación con sentido. Son experiencias concretas de angustia, amor, anhelos, daños, abandonos todo ello mezclado. 

Su lógica es la repetición. Repito mi dolor, mi ansiada búsqueda de la felicidad, en suma, nuestra naturaleza de demandantes de acogimiento y comprensión. Buscan amparo. No sentido. 

Por eso en terapia, o bien andando sin rumbo, hablando con un amigo aparecen sensaciones, escenas inconexas que no he buscado pero algo, lo que sea, se despertó en mí.  Llaman a la puerta y arrasan, dejan de lado a esa parte consciente que rige nuestra vida y piden ser tomadas en cuenta, son nuestra verdad. 

Muchas veces verdad que incómoda pero es la nuestra y debe ser elaborada. Un instrumento poderoso de esa posible elaboración en terapia es el sueño. 

. El sueño

El sueño es una comunicación inconsciente.

La particularidad del sueño es que va más allá del yo.  Es la senda directa al inconsciente (a la intimidad cruda de nosotros) de ahí la sabia cita de Kafka “Lo que hacemos de día es olvidar lo que aprendimos de noche” ¿Qué aprendimos?

Aquí voy a hacer un homenaje a nuestros mayores. A los que se dedicaron a escuchar la intimidad, el dolor y la imposibilidad de vivir desde que el ser humano es ser humano. Vamos a homenajear a Ptolemaios. Descifrador de sueños del antiguo Egipto.

Ptolemaios escucha el dolor de vivir y por el dolor de su vivir se dedicó a ayudar a los demás y su digno oficio está como huella en nosotros cuando hacemos lo mismo en nuestra consulta.

¿Qué aprendemos en la noche? El cómo construimos en el inconsciente el radical anhelo de vivir. 

Porque esos fragmentos, retazos de experiencias escriben en ese texto sin lógica que quiero vivir y que no sé vivir y que por eso busco al otro que me ampare. Para poder realizar esa comunión de desamparados que es vivir este mundo.

Freud hablaba del sueño como realización de deseos, no es muy adecuado. Es el más radical anhelo de vivir, el empuje a estar en la vida. 

En el sueño comunico que estoy solo y que te necesito. Que me necesites y que caminemos juntos en la vida pero el inconsciente no se engaña. Sabe que esto es complicado y difícil por eso no sólo tenemos sueños bonitos. Es también la huella del no poder vivir y aparece el pánico, el desamparo, las fragilidades Lo complicado, las pesadillas, se expresan en el sueño para tener la oportunidad de ser elaboradas. 

Es una oportunidad para dar dignidad a mi dolor. Para articular mis demandas y poder ofrecerlas a los otros al igual que yo acojo la de los demás.

Y todos los días desde que el mundo es mundo, en el antiguo Egipto, o en una favela de Rio alguien despertará, olvidará lo que aprendió esa noche pero también surgirá el buscar a un otro que le ayude a traducir a la lengua de los sentimientos los rescoldos de lo que sacó en la oscuridad.

 

          “Lo que hacemos de día es olvidar lo que aprendimos de noche”. Kafka.

 

Oscar López, psicólogo y docente en el Curso Superior en Terapia Psicodinámica

 

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