El 20 de julio cumplirán diez años de la muerte de Javier Ortigosa Perochena a los 79 años. Ha pasado el tiempo y en el Instituto de Interacción seguimos teniendo muy presente su persona y el espíritu de su trabajo. Plantó una semilla en much@s de nosotr@s que sigue dando fruto y vida. Hoy queremos recordarle con la palabras que su compañera -y nuestra- Eulalia Gil leyó en su funeral en su memoria. Con cariño y agradecimiento.
“Estoy convencida de que Javier tuvo que dar muchas veces gracias a Dios por su profesión, a la que se entregó con gran pasión hasta el final de su vida. Los alumnos de estos años han sido testigos de cómo a pesar de sus ocho enfermedades crónicas (que siempre nos contaba), de su espalda encorvada y de la bacteria que este año tanto le debilitó, asistía a clase con una regularidad asombrosa.
Si ayer en el tanatorio pasaron tantas promociones de alumnos, a darle el último adiós, es porque les ha dejado una enorme huella: el profundo interés que mostraba por los procesos personales de cada uno de ellos, su gran implicación personal en esta intensa tarea que es la formación de terapeutas y su acompañamiento cercano y cariñoso en el viaje que los alumnos hacen hacia el encuentro de sí mismos y de los otros.
No pudo quedarse como un espectador imparcial: puso el corazón. A veces como el mismo decía ‘como un navarro impulsivo’, pero la mayoría de las veces con la ilusión, el interés y la calidez que aporta el amor a la profesión.
También los compañeros de Hortaleza, hemos sido testigos de la dedicación y entrega que puso en la gran labor realizada en el Instituto, junto a otros jesuitas, en la creación del Instituto de Interacción, donde fue director durante muchos años, ocupándose desde la gestión económica, hasta la programación de los cursos, su difusión y miles de pequeños detalles del día a día. Eso sí, en ocasiones, su carácter navarro y su empeño por sacar al Instituto adelante, le llevaba a echarnos grandes broncas cuando algún compañero no asistía a las reuniones, que consideraba fundamentales para la buena marcha del centro.
Nos deja una ausencia dolorosa para la que no estamos preparados. Ayer descubrí, por un compañero de piso suyo, que era muy consciente desde hace unos meses, de que se acercaba su final. A nosotros nos engañó y nos dejamos engañar. Nos mantuvo con la ilusión de que pronto se recuperaría y volvería a clase ‘porque estaba en muy buenas manos’. No quiso adelantarnos esta dolorosa despedida que ahora nos corresponde hacer. Esta es la muestra final del cuidado que puso en todos los que estuvimos cerca.
Nos queda mucho agradecimiento y un buen ejemplo a seguir”.
Eulalia Gil
Hice varios cursos impartidos por él y lo recuerdo con mucho cariño. Me recibió con apertura y cariño.
Tenía sabiduría y una potente energía.
Gracias Javier.
Yo conocía a Javier Ortigosa de verle en el campamento de verano que los jesuitas del colegio de Nuestra Señora del Recuerdo organizaban en los alrededores de Vinuesa (Soria). Ël era varios cursos mayor que yo y no tuve una relación personal pero si era alguien con el que sentía empatía y al que todos conocíamos como Piru. Muchos años depsués en una etapa personal en que mi malestar alcanzó un punto en el que decidí recurrir a una ayuda psicológica, recurí al Instituto de Interación Humana y Dinámica Personal sito entonces en la calle Hortaleza y fue él el que me recibió. Yo le recodé lo de los campamentos, ùes lógicamente él no me podía recordar, y sin más se centró en decirme que lo que me recomendaba era hacer algún curso de fin de semana y luego si me animaba que asistiese a una de las expreincia de Dinnámica de Grupos que se celebraban en El Escorial. Cuando le pregunté si no sería conveniente una terapia personal me respondió que eso si acaso ya se vería más adelante. Asistí a un par de curso de fin de semana que efectivamente fueron de ayuda, tanto en sí mismos como porque me sirvió para animarme a hacer la Dinámica de Grupos. Esa experiencia fue una de las más importantes en mi vida porque me ayudó a descubrir algunas de las raíces más profundas de mí mismo que condicionaban mis relaciones con los demás y de las que yo no era consciente pues en general tenía muy buienas relaciones con amis amistades y compañeros. Tanto me ayudó que efecivamente no necesité acudir a una terapia personal y fue un impulso decisivo para continuar mi maduración personal. Aprovecho por tanto para manifestar mi agradecimiento a Javier Ortigosa y a todos aquellos que nos acompañaron en la Dinámica de Grupos, en particular a José María Burdial que fue nuestro acompañante en el grupo pequeño en que se subdividía el grupo asistente a la Dinámica de Grupos y a las breves orientaciones que preedía a algunos de los jercicios que realizábos en el grupo garande como las que por ejemplo hizo José Antonio García-Monge, de cuyas enseñanzas también me beneficié en un curso de fin de semana que impartió junto a Luis López-Yarto. Muchas gracias a todos. Subrayo que el beneifio y aprendizaje fue para mi vida, no de índole profesiona puesto que no soy psicólogo de profesión.
un beso al cielo y mucho agradecimiento a mis profesores q llevo en el corazon. sara hernandez de la promocion de 2009
Un gran profesor y persona que nos impactó directamente sobre nuestra forma de escuchar y de empatizar con una misma y con los y las demás. Sin duda, siempre en nuestros corazones y aprendizajes.
Fenomenal profesor. Maravillosa persdona.
No puedo olvidarme de la atención, paciencia y cariño recibidos de Javier durante tantos años que me ayudó a ser la mujer que hoy día camina segura y agradecida
Terely
Muchas gracias por realizar este maravilloso homenaje a uno de mis mayores maestros en la universidad, en el master de Hortaleza y en la vida. Adoro a mi querido profesor Javier Ortigosa, que para mí siempre ha sido la reencarnación de Carl Rogers en la tierra. Sus enseñanzas me han formado como persona y profesional de una forma honda, profunda..y siempre le llevo en mi corazón y mi recuerdo de admiración y cariño.
Me dio clase en la carrera de Psicología en Comillas, durante los años 1995 a 2000. Posteriormente, realicé el Master de Psicoterapeuta individual y de grupo en Hortaleza con el enfoque centrado en la persona y, yo no he podido aprender más de mi querido gran maestro.
Por esto valgan estas líneas para agradecer desde mi corazón, todo lo que nos has dejado querido Javier Ortigosa, con tu sabiduría, tu buen hacer, tu sonrisa, tu carácter.
Compañero de mi querido tío jesuita, Juan Lorente Arenas con el que ya estarán juntos desde que mi tío nos dejó en 2023.
Grandes compañeros, grandes personas, grandes jesuitas de corazón y vocación, llevando su amplísima y maravillosa formación, allá por donde fueron.
Os quiero infinito a los dos que estáis junto a mí en la puerta de al lado.
Abrazos eternos, con cariño,
Lola Lorente Álvarez
Excelente ser humano y psicoterapeuta. llevo en mi corazón y en.mi práctica profesional todo su legado en mí. Doy mejor psicoterapeuta gracias a su don de gente y si ser persona en.plenitud.