El titulo de este artículo se debe a la magnífica novela de Frank Herbert, Dune (1965). En él, entre otras maravillas, aparece un poema denominado “la letania contra el miedo” del cual tomo las frases que titulan este texto. Este artículo trata de que, a veces, tenemos que tomar contacto con aquello que más nos desagrada para liberarnos del control que ejerce en nuestras vidas.

Imaginemos una persona frente al ordenador. Está en su trabajo y en la pantalla aparece: Eres una mala persona, No sirves, Estas vacía, Volverás a fracasar, No puedes. La persona se pega a la pantalla y tocando unas determinadas teclas consigue eliminarlo, pero queda pendiente de los mensajes del ordenador. Tan pronto aparece otro mensaje en la pantalla, rápidamente busca las teclas para eliminarlo, y así sucesivamente. Su vida es la vida de una persona “pegada” a una pantalla. Si los mensajes le gustan, se siente bien y se despega o desentiende solo un poco de la pantalla pero al poco tiempo vuelven aparecer los mensajes negativos. Vuelve a quitarlos y se desentiende un poco, pero no mucho realmente, ya que ha de seguir pendiente para quitar los mensajes tan pronto aparezcan las primeras señales. Su vida transcurre así, pendiente de la pantalla, y ya ni los mensajes positivos resultan favorables ya que siempre están cercanos a los negativos y éstos son cada vez más insistentes. Su vida está limitada, es una vida sin vivir.  Sin embargo, otra persona cercana a ésta se ocupa de su trabajo, y cuando surgen tales mensajes en vez de pegarse al teclado para buscar la manera más rápida de dejar de verlos echa su silla hacía atrás, no le gusta, pero sigue con su trabajo. La persona no hace nada por cambiarlos, acepta que, simplemente, surgen.

Los mensajes a los que se enfrentan ambos oficinistas de formas tan distintas simbolizan a esas partes de nuestra experiencia (pensamientos, sentimientos, recuerdos, o sensaciones físicas) que por una razón u otra no queremos con nosotros, y hacemos todo lo posible para expulsarlas, huir de ellas. Hacemos todo esto porque si no, nos decimos que esas experiencias nos devoraran cual leviatanes en cuanto nos alcancen.

Antes de tratar de hablar de la aceptación, hemos de hablar de su opuesto, al menos, su opuesto en los términos es los que hablamos de la aceptación en este texto. Se trata del control. El control es una herramienta básica que  acompaña a los homínidos desde su origen y que alcanzo las máximas cotas de perfección con nuestra especie, el Homo sapiens sapiens. Si los osos pueden atacar a nuestra tribu, haremos fuego para evitar que se nos acerquen. Si los lobos amenazan nuestro rebaño de ovejas, las encerramos en un cercado. Y así lo largo de los siglos y de los diferentes escenarios a los que ha tenido que enfrentarse la humanidad siempre con un fin, maximizar las consecuencias positivas y evitar las negativas. Sin embargo, por muy útil que sea una herramienta, ninguna es lo bastante buena como para poder servir a la persona para enfrentarse a cualquier circunstancia que le sobrevenga.

Cuando contamos con un control consciente e intencionado, todo parece un problema que debe solucionarse con ese control, pero esto no es así. Tomemos el ejemplo de la ansiedad. Supongamos que te conecto a un polígrafo. Con este artefacto puedo medir tu ansiedad y detectar incluso la más mínima cantidad de ésta. Ahora imagina que te doy las siguientes instrucciones “Bajo ninguna circunstancia te pongas ansioso”, y para asegurarnos de que estás motivado sacaré una pistola y te apuntaré a la cabeza: ten la seguridad de que te dispararé si detecto ansiedad. ¿Cuánto tiempo crees que aguantarías? Probablemente muy poco. Por un momento quiero que pienses en el efecto de la pistola. Si te hubiera pedido que pasaras la aspiradora u ordenaras la habitación, la pistola hubiera hecho mucho más probable que obedecieras (por muy drástica que fuera mi manera de conseguirlo).

Cuando hablo de aceptación no me estoy refiriendo a aceptar situaciones, acontecimientos o comportamientos que pueden cambiarse. Si una persona está siendo abusada de otra, no se le pide a ésta que “acepte” el abuso. Lo que se le pide es que acepte el sufrimiento, que se acepten los recuerdos dolorosos que se han generado y entrar en contacto con el miedo que se va despertar si da los pasos necesarios para terminar con el abuso.

El objetivo de la aceptación es la flexibilidad. Cuando eres capaz de estar completamente presente en el aquí y ahora sin hacer juicios ni rechazar ninguna experiencia tienes mucha más libertad para dos pasos necesarios para afrontar las dificultades de tu vida.

A continuación te voy a plantear una serie metáforas para que pueda ser más fácil de entender que el lo que significa estar dispuesto a entrar en contacto con la propia experiencia:

Aceptar es estar dispuesto a sostener el sufrimiento como sostendríamos una flor delicada en la mano. Es estar dispuesto a abrazar el dolor como abrazaríamos a un niño que llora. Es también, sentarnos con nuestro sufrimiento como nos sentaríamos con una persona enferma o mirar nuestro sufrimiento como a una obra de arte.

Si tu relación con tu sufrimiento se basa en resistirse a él, en ignorarlo o, incluso en fusionarse con él como si ambos fueseis lo mismo, no te estarás relacionando con dicho sufrimiento desde la aceptación.

La aceptación es un punto común clave de intervención en todos los modelos de terapia humanista. En el Instituto de Interacción tratamos desde las diferentes corrientes humanistas cómo ayudar a el paciente o cliente a alcanzar esta actitud hacía sí mismo.

En el enfoque Centrado en la Persona se ayuda al cliente a la toma de contacto con su experiencia desde la Aceptación Incondicional que le llega desde el terapeuta a lo largo de la sesiones.

En el enfoque Gestáltico, se ayuda a la persona a que alcance formas de vivir más auténticas a través de la toma de contacto con su vivencia por medio de los ejercicios de sensibilización grupales, así como la puesta en marcha de técnicas que buscan amplificar la emoción que experimenta el paciente durante la terapia.

En el Focusing se ayuda al sujeto a entrar en contacto con su experiencia sobre la base de la capacidad de tomar conciencia de aquello que experienciamos sin por ello fusionarnos la sensación en sí, dándole su espacio.

En definitiva, el construir una actitud de disposición profunda a entrar en contacto con mi propia experiencia es la base sobre la que podre crear una vida con sentido, habitada por experiencias valiosas.

Termino con una famosa cita de Carl Rogers, el fundador del Enfoque Centrado en la Persona, en relación al tema tratado:

“La paradoja curiosa es que cuando me acepto tal como soy, entonces es cuando puedo cambiar”.