Daniel Troyse, psicólogo y docente del Máster en Psicoterapia Humanista Individual y de Grupo forma parte del equipo que se encarga de la formación del curso de especialista en Psicoterapia Centrada en la Persona – Carl Rogers. Actualmente se encuentra haciendo entrevistas a los candidatos y candidatas para el curso 2018/2019, de la que va a ser la 38º edición del Máster y del que aún sigue abierto el periodo de inscripción.

¿Cómo están yendo las entrevistas?

Bien, muy bien. Me estoy encontrando con gente muy motivada. Me da mucho gusto ver lo profunda que es la inquietud por servir de ayuda en tanta gente, las ganas de prepararse para ofrecer la mejor ayuda posible.

¿Cuáles son las dudas que más comparten contigo los futuros alumnos/as?

Mucha gente se pregunta si esta formación les aportará algo más de lo que ya saben, obviamente. Mucha gente viene con varios títulos en su currículum, no obstante sienten que les falta algo. Se sienten cargados de teoría pero cortos de recursos prácticos. Buscan, quizá sin verlo así de claro, humanizar su trato. Parece que hay una sensación generalizada de estar bien preparados como “técnicos” pero un poco perdidos a la hora de relacionarse profundamente. Deduzco que intuyen lo fundamental que es esto para poder servir de ayuda.

¿Son perfiles profesionales centrados en la psicología, medicina o los candidatos vienen también de otras áreas?

En el especialista en Terapia Centrada en la Persona abrimos las puertas a personas de cualquier procedencia profesional. Pero el 95% son personas que ya pertenecen a algún gremio asistencial o quieren dar el salto hacia ello. Este año contamos con psicólogos/as, coaches, sacerdotes, trabajadores sociales, profesoras, enfermeras, médicos e incluso abogadas.

¿Qué pueden esperar del curso?

Nuestra intención es que salgan de aquí abiertas a su mundo interior y al de las personas con quienes interaccionan, con herramientas para contactar con ello como personas. Trabajamos a fondo la propuesta de Carl Rogers para catalizar en el alumno una escucha empática, genuina y comprometida con la persona. Así que cada alumno puede esperar de este curso un profundo cambio personal y un marcado aumento en su capacidad para relacionarse genuina y profundamente no sólo en el marco de la asistencia terapéutica sino en sus relaciones en general. Obviamente está enfocado al encuentro terapéutico y prestamos mucha importancia al aprendizaje práctico, por lo que cada alumno saldrá de aquí con experiencia real y conocimiento sólido.

Para quien no conoce bien la propuesta de Carl Rogers, ¿como la presentarías?

Dicho brevemente, Rogers basó su trabajo en la concepción de que el humano no solo no es malo por naturaleza, es digno de confianza. Planteó que en la medida en que las personas encontremos un contexto favorecedor, la potencialidad hacia una vida plena, integrada con uno mismo y con los demás tomará las riendas; nos encaminaremos indudablemente hacia la mejor versión de nosotros mismos.
El facilitador que quiere servir de ayuda en este marco tiene entonces que aprender cómo facilitar este contexto favorecedor. Lo interesante viene cuando descubrimos que esto no se consigue mediante técnicas que podamos aplicar impersonalmente. Rogers planteó que es nuestra forma de estar -de ser persona- la que crea este contexto. Es por eso que quien quiera trabajar desde este enfoque verá una cambio en su forma de ser persona más que una acumulación de técnicas.

Entonces, ¿para quién dirías que está dirigido el curso?

Podría hablar a grandes rasgos de dos tipos de perfil a los que les puede venir muy bien esta formación. El primero incluye a los que quieren crecer profesionalmente, probablemente todos aquellos que trabajan en algún tipo de relación asistencial con personas. Obviamente psicólogos, psicoteapeutas coahces y similares. Pero también médicos, enfermeros, trabajadores sociales y en general todos los que quieren profundizar en su escucha, empatía y comunicación con las personas.
El segundo perfil puede ser aquel que busca crecer personalmente; conocerse a fondo y entablar una relación de transparencia consigo y con las personas que le rodean. Este curso puede ofrecer buenas herramientas para quienes quieren vivir de manera más integrada, en profunda conexión con su mundo interior.
Pero lo cierto es que un perfil no excluye al otro y quien participa en el curso descubre que la manera de trabajar con las personas no puede diferenciarse de nuestra forma de ser persona.

¿Alguna recomendación para quienes empiezan la formación el próximo curso?

Que se tiren a la piscina completamente. Que vivan la experiencia con total implicación. Antes que como profesionales, como personas. Que vivan en su carne los efectos de experimentar una relación de escucha, empatía y aceptación genuina. En nuestra formación hay dos grandes apartados, el teórico y el práctico. La vía teórica la suele conocer todo el mundo pues no dista de aprender e integrar contenidos nuevos. Para el aprendizaje práctico trabajamos con la realidad de cada alumno; hacemos un grupo donde nos conocemos de verdad. No trabajamos con rol playing ni simulamos acompañamiento, ofrecemos un espacio de contacto y de acompañamiento real. Esto permite que las alumnas tengan la experiencia clara sobre el cambio que produce en la persona la propuesta de Carl Rogers.
Por añadir, dentro de la parte práctica podríamos decir que hay dos aspectos que aunque son inseparables conviene mirarlos de momento por separado: la parte vivencial y la parte didáctica. Los docentes nos encargamos de que el aspecto didáctico llegue a los alumnos mediante la observación, el debate, el feedback, etc. Ahora, la parte vivencial requiere de las alumnas que se abran al encuentro, así que mi recomendación es que vengan a esta formación más que como profesionales, como personas. Que vengan con intención de sacar provecho para ellas mismas. Será esto lo que luego podrán compartir con sus pacientes, clientes, amigos, etc…

Daniel Troyse