La pérdida repentina de un ser querido. Detalle Foto: Pancarta durante el minuto de silencio en Plaza Cataluña «Hoy canto por esas voces que habéis osado apagar. No tenim por (No tenemos miedo)». © Susana Vera/Reuters

La vida de una persona vale lo mismo este donde este pero cómo duele la pérdida de una vida cuando se siente tan cerca. La proximidad es un factor emocional de primer orden que multiplica el dolor. Por eso nuestra solidaridad con Barcelona es más intensa, más fuerte; compartimos la reflexión sobre la pérdida repentina de un ser querido y el proceso de asimilación a cargo de Eulalia Gil Ojeda, psicóloga, docente del Máster en Psicoterapia individual y de Grupo y miembro del Instituto de Interacción y Dinámica Personal
La muerte repentina de un ser querido puede producir en los allegados dificultades para la realización del proceso de duelo por varios motivos. En primer lugar a veces se alarga la primera etapa de negación, de dificultad para  asimilación de la perdida, se mantiene en el tiempo la experiencia como algo irreal, algo que no ha ocurrido. Cuesta pasar a la segunda etapa del duelo que tiene que ver ya con la asimilación propiamente dicha.
Si añadimos el factor de la violencia como causa de esta muerte inesperada, el duelo se considera traumático ya que añade elementos que dificultan el proceso de asimilación de la perdida. Se produce un fuerte cuestionamiento de las creencias sobre la vida, el mundo, la sociedad, o los valores que en ocasiones lleva a una fuerte sensación de pérdida de referencias.
Una vez iniciada la etapa de asimilación, se puede experimentar además una rabia intensa, deseos de venganza, o incluso culpa y autorreproches que en ocasiones atascan este proceso que tan naturalmente se hace en otros casos.
En estos casos, los terapeutas tienen el reto de trabajar en primer lugar la culpa que en ocasiones encubre rabia, para llegar a la emoción primaria oculta que es el dolor profundo por dicha perdida y realizar el acompañamiento adecuado en la elaboración de la misma.
El avance del proceso de duelo depende de la historia personal de la persona, de los recursos anteriores para  gestionar las emociones y las perdidas, de la fortaleza o vulnerabilidad del yo, y del apoyo del entorno. Pero en cualquier caso siempre es posible realizar el proceso de asimilación con una ayuda terapéutica adecuada, para recobrar la esperanza y nuevo sentido de la vida y del propio yo.

Eulalia Gil Ojeda