Por: John Martin Sahayananda, monje benedictino

John Martin Kuvarapu, Sahayananda, es un monje benedictino que nació y reside en el Sur de la India y que visita e imparte seminarios en nuestro país desde hace más de 15 años. Reproducimos este texto a modo de introducción y resumen de sus enseñanzas espirituales. En ellas se subraya la no-dualidad como meta, el camino del crecimiento de la conciencia humana y la trascendencia del ego, el papel del tiempo, la importancia del diálogo interreligioso (él es hijo de padre cristiano y madre  hinduista) y la original aportación de Jesús a las tradiciones espirituales: extender el amor de Dios a todas las personas, a toda la creación y a Dios.
Ofrecemos una compilación realizada por Fernando Peleato Sánchez, quien le ha introducido en España a través de conferencias  presenciales, online y libros traducidos al castellano con su Asociación Pequeña Tierra. Dada su extensión, se ha dividido en varias partes.
Este próximo otoño 2022, esperamos que John Martin pueda estar con nosotros en el Instituto de Interacción ofreciendo una conferencia gratuita.

En los Upanishads[1], que forman parte de las escrituras sagradas del hinduismo, se señalan cuatro niveles de conciencia en el individuo. En el primero, denominado de vigilia o individual, nos identificamos con nuestro cuerpo físico, y el propósito de vida es satisfacer nuestros deseos y ambiciones. No hay nada más allá de ello.

El segundo nivel es la conciencia de los sueños -en su acepción de ideales- o colectiva. En este caso ya no vivimos sólo para satisfacer nuestros deseos físicos y ambiciones sino también en aras de un ideal, y emulando a quien o quienes representan a ese ideal.  En el caso de las religiones, para los cristianos su ideal queda recogido en el Nuevo Testamento y la principal persona ideal es Jesucristo. Para los budistas, su referencia son las enseñanzas que contiene el Canon Pali, por ejemplo, y la persona ejemplar es Buda. Para los musulmanes el Corán representa sus ideales y la persona modélica es Mahoma.

El tercer nivel es la conciencia del sueño profundo -el estado de dormir sin sueños- o universal. No tener sueños significa dejar a un lado los ideales y las personas ideales. Ideales que se formularon en el pasado y personas ideales que, también, se corresponden con un pasado más o menos remoto. El pasado llega a su fin. Cuando el pasado llega a su fin, el futuro concebido en nuestra mente –es decir, proyectar la consecución de esos ideales en el marco temporal- también concluye, porque pasado y futuro son uno y lo mismo. Lo que queda es el presente.

La conciencia despierta, o unitaria, es el cuarto nivel. En ella el presente está al servicio de la eternidad; la eternidad se manifiesta directamente en el presente, y el pasado no se proyecta o vincula al futuro. La verdad no es algo externo sino interno. En este nivel de conciencia las personas son más relevantes que las religiones o cualquier otro sistema constituido de creencias o ideales. Desde nosotros mismos descubrimos la unidad con todas las cosas y con el Todo: Brahman, es decir Dios; por ello se la conoce también como conciencia divina. Es la experiencia de la no-dualidad, que en el hinduismo se denomina ‘advaita’.

Si recurrimos a la analogía con un árbol, se pueden representar estos estados haciendo una correspondencia con las hojas, ramas, tronco y raíz, además del árbol en su totalidad. Las hojas representan nuestro físico, la conciencia individual, y cada uno de nosotros somos una hoja del árbol de la vida.

Las ramas grandes simbolizan a la conciencia colectiva, es decir a grandes agrupaciones que congregan a buen número de individuos, caso de las religiones, las naciones, etc. De cada rama brotan ramas más pequeñas, al igual que en cada gran colectividad coexisten diversas corrientes internas.

El tronco, que externamente sostiene a todo el árbol, representa lo universal. Sólo hay un tronco, y cada ser humano, todas las religiones y agrupaciones de todo tipo, y toda la humanidad y la creación quedan unidos en este nivel. La raíz es el símbolo de Dios

La espiritualidad centrada en Dios

Nuestro viaje desde la conciencia individual hacia la conciencia despierta, iluminada o divina es un viaje hacia la unión con el Todo, o Dios. Es un viaje hacia la no-dualidad, Dios eterno, que trasciende todas las identidades individuales y colectivas. En la conciencia universal nos relacionamos con el Dios de la eternidad; en ella podemos afirmar: ‘yo soy’, yo soy la conciencia universal, yo soy todo. No hay ninguna autoridad mediadora ante Dios. En el Dios eterno, Dios ya no se experimenta como autoridad que exige obediencia, sino que es el Dios de la libertad y el silencio.

La comprensión histórica de Dios, es decir el Dios de la historia, es acorde con la revelación en las escrituras sagradas, las autoridades religiosas y la tradición, todo enmarcado en lo temporal. En este contexto, en nuestra entrega a Dios prima más la adaptación de nuestro pensamiento y voluntad a un conjunto de creencias impuestas.

En la espiritualidad centrada en el Dios de la eternidad, éste viene en primer lugar, porque es más relevante que los seres humanos y las religiones (en realidad es el Todo). En segundo lugar vienen los humanos, quienes -en su nivel más profundo- son más relevantes que las religiones. Seguidamente viene la religión, que está al servicio de los humanos para que, de un modo u otro y en sus múltiples variantes, alcancen en última instancia esa conciencia del Dios eterno.

En la espiritualidad centrada en el Dios de la historia y la religión, ésta viene en primer lugar; en segundo viene Dios tal como lo entiende esa religión en concreto y en tercer lugar los humanos, que tienen que adorar a Dios en esa religión. En este estado, la religión es más importante que los humanos y éstos sirven a la religión. A Dios se le experimenta como el Dios de la autoridad, que exige el sometimiento de la voluntad y el intelecto, y lealtad absoluta. Las autoridades religiosas tienen poder sobre los seguidores.

Esto es importante tenerlo presente porque, por lo general, cuando pensamos en entrega lo hacemos con la mente puesta en el aspecto histórico de Dios, y no en el Dios de la eternidad.

[1] Colección de libros sagrados del hinduismo, cuya datación aproximada es de la primera mitad del milenio anterior a Cristo. Frente al politeísmo de los Vedas, los Upanishads defienden la existencia de una divinidad única y absoluta: Brahman (Dios). El tema principal en ellos es la naturaleza de Brahman, y también la unidad de Brahman y Atman (el fundamento de la conciencia humana)