Por: John Martin Sahayananda, monje benedictino

El próximo jueves 27 de octubre, el autor de estos textos -John Martin Sahayananda- ofrecerá una charla gratuita para el Instituto de Interacción. Aprovecharemos su visita a España para poder oírle en directo pero como en esta ocasión no pasará por Madrid, nos conectaremos con Alicante vía Zoom para escucharle hablar sobre “El viaje interior de nuestra vida espiritual”. Aunque él hablará en inglés, Fernando Peleato -su traductor habitual- hará una traducción sucesiva al castellano. La cita será el 27 de octubre de 19 a 20 h (una hora menos en Canarias). Para recibir las claves de acceso es necesario inscribirse por teléfono (+34 655 643 027) o  por mail (info@institutodeinteraccion.es) indicando en el Asunto: “Charla El viaje interior de nuestra vida espiritual” .

Aquí publicamos la tercera y última parte de este texto, sobre ‘Redescubrir a Jesús a la luz de Oriente’. El resto se puede encontrar en nuestro blog, pinchando aquí 

Las religiones o creencias han de transformarse en nidos que permitan a los humanos asentarse y crecer en ellos para después volar por el espacio infinito. Jesús dijo: ‘No he venido a abolir la ley y los profetas, sino a darles cumplimiento’ (Mt 5:17). Entiendo que Jesucristo no rechazaba así la religión, sino que la transformaba en nido, en un lecho adecuado a los humanos para así converger en ese territorio sin caminos que denominó el reino de Dios. Él mismo también, un maestro, lavó los pies a sus discípulos y les dijo: ‘No os llamo ya siervos porque el siervo nunca sabe lo que suele hacer su amo; a vosotros os he llamado amigos porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer’ (Jn 15:15). De este modo creó armonía entre los distintos caminos religiosos y el territorio sin caminos del reino de Dios, entre el pasado y la eternidad, entre maestro y discípulos.

El nido de las religiones

La finalidad de todas las tradiciones espirituales es, o debería ser, propiciar la transformación del ego en vehículo de Dios, propiciar el crecimiento. Porque los humanos necesitamos preparación para entrar en ese estado sin caminos, al igual que el polluelo necesita del nido para así desarrollarse y volar por el espacio infinito.

A mi parecer, el método espiritual que propuso Jesucristo se basa en el arrepentimiento, que es lo mismo que ir creciendo en los niveles de conciencia mediante la purificación del ego, con una actitud virginal, y convertir así el ego en vehículo de Dios. Nuestra meta ha de ser muy clara: buscar, al igual que Jesucristo y otros maestros, la conciencia unitaria, la unidad con Dios, con todos los humanos y toda la creación; esto significa manifestar la identidad en el presente. Necesitamos trascender, ir creciendo hacia ello. Mediante el arrepentimiento renunciamos a que prevalezcan las identidades limitadas que nos dividen.

Jesucristo explicó este crecimiento mediante la parábola del grano de mostaza. El reino de Dios es como una semilla de mostaza; es la más pequeña de las semillas y cuando crece, la planta se hace tan grande que las aves del cielo anidan en sus ramas. Nuestra mente y nuestro corazón tienen que crecer desde la semilla hasta el árbol, desde lo individual a lo divino.

Arrepentimiento supone desplazarse del estado de vacío al de plenitud. Supone trascender nuestras identidades que provienen del tiempo y el espacio y descubrir las identidades que corresponden a la eternidad. Las primeras generan vacío e inician la espiral de deseo (de llegar a ser) para así tratar de llenar ese vacío. Esta espiral, o maraña, causa insatisfacción, frustración y, en última instancia, sufrimiento. Es la espiral del pecado.

Las identidades que corresponden a la eternidad manifiestan la vida desde la plenitud, y están libres de insatisfacción, frustración, sufrimiento y pecado. Esta manera de vivir se denomina despliegue y supone manifestar la misma eternidad en el presente.

Las identidades que corresponden al tiempo y el espacio son como un estanque que no tiene manantial propio y necesita llenar su vacío con agua externa.

Las identidades que corresponden a la eternidad son como un estanque con su propio manantial, que rebosa plenitud donde sea necesario.

El camino de despliegue es la manera en la que nos damos cuenta de nuestra unidad con Dios, con la creación y con toda la humanidad.

Así como los pájaros vuelan sin entrar en el trayecto de los otros, y sin dejar huellas para que los demás puedan entrar en el suyo. Al igual que el pez en el agua no entra en el camino de los demás, ni deja marca para que otros entren en su camino. Lo mismo ocurre en el camino de despliegue, cada cual vive una vida de originalidad y creatividad, y permite también a los demás llevar libremente una vida original y creativa.

Todo ello lo puede facilitar cualquier tradición religiosa, o incluso ubicándose nominalmente fuera de ellas. El propósito de todo sistema de creencias, maestro espiritual o técnica es, o debería ser, facilitar a la gente la entrada en el infinito y con vuelo libre.

 

(*)  John Martin Kuvarapu, Sahayananda, es un monje benedictino que nació y reside en el Sur de la India y que visita e imparte seminarios en nuestro país desde hace más de 15 años. Reproducimos este texto a modo de introducción y resumen de sus enseñanzas espirituales. En ellas se subraya la no-dualidad como meta, el camino del crecimiento de la conciencia humana y la trascendencia del ego, la importancia del diálogo interreligioso (él es hijo de padre cristiano y madre  hinduista) y la original aportación de Jesús a las tradiciones espirituales: extender el amor de Dios a todas las personas y a toda la creación.
Ofrecemos una
compilación realizada por Fernando Peleato Sánchez, quien le ha introducido en España a través de conferencias  presenciales, online y libros traducidos al castellano con su Asociación Pequeña Tierra (www.pequenatierra.com/publicaciones). Dada su extensión, se ha dividido en varias partes.