Un niño de año y medio en un parque sale de las piernas de su madre y se acerca a algo o alguien que le llama la atención. Avanza ilusionado y sonriente pero también gira su cabecita y busca una señal de esa madre que le haga sentir que sí, que no pasa nada por conocer eso que le llamó la atención. Hay una especie de coreografía entre los dos, no solo se juega lo de explorar, también con esos gestos la madre (o cualquier otra figura de protección) está co-creando la personita que ese niño es. Por eso se necesita volver, ser abrazado, exagerar lo sentido por el niño para que le haga huella, para que quede en él, lo haga suyo. La sensibilidad hacia él hace que lo pueda reproducir con otros adultos o chicos. “Sí, disfruta, vive, siente por tí” no es darle un permiso es que sus actos y sentimientos le fundan, le establecen como ser.
La disponibilidad para transmitir la vida es el primer paso del camino para que los niños vayan creando su mundo interior. Sin disponibilidad no hay posibilidad de conseguir seguridad. La disponibilidad engloba la contención emocional del niño, la regulación de los afectos y eso poco a poco lo podrá hacer él. Se regulará en sus emociones porque dentro tiene un espacio afectivo que le permite hacerlo. Creo que eso es lo que resume las investigaciones del apego que desarrollan constantemente cómo es la calidad de la disponibilidad de la dupla figura de apego-niño y las derivaciones y experiencias de dicha disponibilidad.
Resumo, el apego es la necesidad, a lo largo de la vida, de tener una proximidad emocional y física a una persona o a una base segura especialmente cuando se puede sentir una situación de desamparo o desvalimiento (por ejemplo, estar enfermo, cansado, asustado). Las dificultades que tenemos con esa necesidad son las causas por la que consultan las personas que van a nuestras consultas.
La idea central que quiero presentar en este escrito es que es útil conocer la teoría del apego y la mentalización a todo tipo de psicoterapeutas.
Conceptos fundamentales del apego para las psicoterapias
- Base segura
Está claro que nadie puede vivir sin una figura de protección. Según cómo haya podido atender esa figura el desvalimiento de un niño, aparecerán los distintos tipos de comportamientos de apego. Los adultos también tenemos una base segura interna a la que nos dirigimos cuando tenemos que regularnos emocionalmente. Acudimos a ella con pensamientos, imágenes actos reconfortantes, (una ducha caliente, poner música y leer un libro, etc) y nos hacen tranquilizarnos.
La otra cara de la moneda son las variantes patológicas de la base segura (bulimia, abuso de sustancias, autolesiones, adicción al juego) ¿Cómo entender esto? Son autoconsuelos. Intentos de gestión emocional cuando no hay una base segura reguladora del afecto negativo. Porque alivia aunque lleve a lo autodestructivo. Tener en cuenta esto nos va ayudar mucho en la escucha de la gente que nos pide consulta.
Necesitamos identificar, al principio de la terapia, las dinámicas de apego del paciente. Ver qué esfuerzos ha hecho para regular el miedo y la ansiedad.
Tenemos que preguntarnos:
¿Cómo intenta el paciente estar seguro?
¿Cómo regula la proximidad? ¿La minimiza, la exagera?
¿Qué le ha llevado a defenderse de la demanda afectiva del otro?
¿Qué dificultades relacionales activan pensamientos, emociones o conductas problemáticas?
¿Cuál es la dimensión negativa de lo que necesita para sentirse seguro y regular la emoción?
Por tanto, en terapia crearemos una base segura en la relación con el paciente (con la fiabilidad, la proximidad, los límites firmes, la empatía) que se internaliza y es usado como logro para transformar su experiencia afectiva y su mundo interno influenciados por cómo ha sido comprendido, respondido y regulado por las figuras de protección.
- Co-regulación emocional
Lo que intercambiamos son afectos, la huella de lo que me hace sentir el otro. El controlar y dar sentido a las emociones se da en el entorno social. El apego es básicamente un proceso de qué hacer con lo emocional. Una madre lo que hace es interpretar las necesidades del niño que provienen de la expresión emocional de este (llora porque tiene frío. Lo tengo que cambiar, o está contento porque está conmigo durmiendo).
Es lo que explicamos en un párrafo anterior, corregulas el afecto y eso va interiorizándose hasta que en el crecimiento el niño ya va siendo capaz de interpretar él mismo sus emociones y conseguir la autorregulación. Hay algo que hace pasar en el niño de la emoción cruda a lo elaborativo (ya hay un diálogo interior que lo consigue).
En terapia:
¿Cómo hablo de mi experiencia? ¿Puedo recordar los aspectos afectivos de mis experiencias? ¿Puedo compartirlos? Eso en terapia lo trabajamos con la corregulación. El cómo se cuentan las cosas. La gente ha tenido dificultades y han salido de ellas al poder ser acogidos por alguien (padres, ángeles de la guardia y terapeutas) y cuidarse a sí mismos. Los terapeutas, por tanto, seremos figuras de acogimiento.
Mucho de nuestro trabajo es aceptar y verbalizar las emociones del paciente. Modular los sentimientos (los calmo, los incentivo, etc) y los torno accesibles a la mentalización.
- La mentalización
Es una actividad mental (muchas veces intuitiva y emocional) que permite la comprensión, explicación y predicción del comportamiento propio y ajeno en términos de deseos, emociones, juicios, pensamientos (los cuales, en esta teoría se denominan estados y procesos mentales). Es decir, que permite una autoconciencia. Es ser capaz de modelar nuestras acciones y poder separar la realidad de cómo la percibimos, por lo que ofrece una posibilidad de enorme tolerancia a la frustración y de elaborar los duelos que en todo momento nos enfrentamos en la vida.
Lo importante no es tanto lo que ha pasado, lo sucedido, sino el cómo se ha vivido.
La mentalización en terapia:
En terapia enseñamos a mentalizar. La capacidad de la mentalización es la defensa contra la vulnerabilidad psíquica. Para narrar una historia respecto a los demás es necesario que uno sea capaz hacerlo sobre sí mismo. Podemos intervenir como: “espera… vamos a pararnos aquí, vamos a echar un vistazo a esto”.
Corregulamos y procesamos el afecto negativo. Eso da otro cariz a los sentimientos. Crear una experiencia viva. Dar una forma a la narrativa de la historia emocional del paciente. Es una reflexión sobre la experiencia.
Desde la mentalización como terapeutas trabajamos sobre todo creando un lugar seguro para que el paciente exprese la historia de sus emociones y ayudarle a comprender que la transferencia se disuelve si puede darse cuenta que son creencias anacrónicas que interfieren su vida interpersonal y concienciar que son del pasado no de hoy.
Como síntesis podríamos decir que el objetivo de la terapia en términos de apego es hacer de la misma una base segura desde donde enfrentarse y narrar el dolor de lo que sucedió y, con la relación que establezcamos, aprender qué es la autonomía y la intimidad.
Óscar López, psicólogo psicodinámico