Pie de foto: De izq. a dcha: Carlos Velasco, Luis López-Yarto, Carlos Alemany, Jose Mª Burdiel, Begoña Aguirre, Javier Ortigosa, Eulalia Gil, Asunción Palacios, Amadeo Maños, Javier Garcia Forcada y Antonio Nuñez
Han pasado muchos años desde que en los 50 un grupo de psicólogos norteamericanos se intercambiasen cartas sobre sus intereses comunes. En 1954 Abraham Maslow los describió como “gente interesada en el estudio científico de la relatividad, el amor, los valores más elevados, la autonomía, el crecimiento, la autorrealización y la gratificación de las necesidades básicas”. Después llegaron una serie de “encuentros colaboradores” en la ciudad de Detroit (entre 1957 y 1958), la organización de una revista de divulgación (1960), la creación de la Asociación Americana de Psicología Humanista (1961) y el nombramiento de Maslow como presidente de la APA (1967). En España, a partir de 1968, un grupo de psicólogos audaces e inquietos, se entregaron a formarse en esta nueva corriente viajando por Europa y Estados Unidos para crear después El Instituto de Interacción y Dinámica Personal en Madrid (la foto muestra a parte de ellos).
Al mismo tiempo, otras corrientes psicológicas también crecían y florecían. Y es que en el marco de la psicología se han venido sucediendo múltiples y variadas propuestas, con mayor o menor número de seguidores, siendo la búsqueda de procedimientos con respaldo científico un aspecto nuclear de la psicología clínica y sanitaria de las últimas décadas. Así, tras la estela de la mirada médica, la Academia también se ha enfocado en la práctica basada en la evidencia (PBE) buscando poder ofrecer tratamientos sistematizados con (ciertas) bases empíricas. Así se inició una carrera con pros y contras.
Hoy, más de 70 años después del nacimiento de la psicología humanista nos atrevemos a afirmar que la psicoterapia humanista vive un destacable momento de revitalización. Las psicoterapias están protagonizando un gran debate -así calificado por el profesor Marino Pérez-Álvarez, investigador y catedrático de psicología de la Universidad de Oviedo-. A partir de la propuesta excluyente de la practica basada en la evidencia, como reacción, se han afirmado los contornos de movimientos como el de la evidencia basada en la práctica, el de los terapeutas basados en la evidencia o la práctica basada en las relaciones. Desde la óptica de esta última “la psicoterapia humanista no sólo vuelve al mapa del que parecía quedar fuera con la PBE, sino que protagoniza el ‘gran debate’ de la psicoterapia entre las técnicas y las relaciones” explica Pérez-Alvarez.
No hay duda del valor y el avance científico de la PBE en psicología, sin embargo también hay que valorar que esta “en sus inicios adolecía de un marcado reduccionismo que llevó a investigadores y terapeutas a una lucha por demostrar la validez los diferentes modelos psicoterapéuticos y aún hoy pagamos las consecuencias de esa batalla” escribe la Dra Irene Caro, profesora de Psicología en la Universidad a Distancia de Madrid. Estamos hablando de que además de intentar conocer el efecto de la aplicación de una determinada técnica psicoterapéutica otras perspectivas aprecian y enfatizan los detalles -incluso sutiles- del proceso de aplicación de la técnica (el cómo), la particular relación “yo-tú” o la valoración de las diferencias existentes entre el entorno del laboratorio y la práctica clínica real y ecológica. Aspectos, estos, tan afines a la psicoterapia humanista en la que el abordaje “está centrado en la relación terapéutica como marco facilitador, y en la experiencia subjetiva en el aquí y ahora como elemento esencial del proceso terapéutico” recogen Jordi Segura y Victoria Fernández-Puig en su libro.
Se podría decir que el cuerpo investigador está ampliando su foco para dar espacio a otros movimientos como el transdiagnóstico o el de los factores comunes, sin perder de vista que la filosofía de la ciencia sigue viva dando frutos que se recogerán más adelante y la epistemología positivista convive con la fenomenología, donde los humanistas asentamos nuestro cuerpo teórico. Y es que parece que en el día a día de nuestra profesión a veces se olvida lo que Pérez-Alvarez recuerda en un difundido artículo científico: “Lo cierto es que la psicoterapia humanista es de las terapias psicológicas que primero sometieron a estudio sus componentes, procesos y resultados (antes que la terapia de conducta o cognitivo-conductual, psicodinámica y sistémica)”.
Por eso nos atrevemos a decir, humildemente, que leemos señales que indican que son buenos tiempos para la psicología y la psicoterapia humanista a pesar de que, además de lo conquistado, queda mucho trabajo por hacer, realidad por comprender y sufrimiento vivenciado por ser transformado e integrado, dado el ambicioso proyecto que nos define. Y es que como recuerda Begoña Rojí “la psicología humanista fue un movimiento programático que pretendía introducir en la psicología científica el estudio de algunos aspectos de la conducta humana a los que el psicoanálisis y la terapia de conducta no prestaban particular atención”. Aquellos que Maslow recogió hace décadas. El reto sigue vivo… y nos hace vibrar.
Paloma Rosado, psicóloga humanista
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Referencias del texto:
. Caro, I. (2021). Fundamentos de psicología clínica y psicología sanitaria. Ediciones CEF.
. Pérez-Álvarez, M. (2013). Anatomía de la psicoterapia: el diablo no está en los detalles. Clínica
contemporánea, 4(1), 5.
. Pérez-Álvarez, M. (2019). La psicoterapia como ciencia humana, más que tecnológica. Papeles
del psicólogo, 40(1), 1-14.
. Rojí, B. y Saúl, L. A. (2013) (Coord). Introducción a los tratamientos psicodinámicos,
experienciales, constructivistas, sistémicos e integradores. UNED.
. Segura J. y Fernández-Puig, V. (2022) (Coord). Psicoterapias humanistas: Una mirada actual.
Editorial UOC.
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