Así lo creemos en el Instituto de Interacción. A pesar de las guerras y hambrunas, los graves problemas del clima y el escaso compromiso de las instituciones, las pérdidas y dolores individuales o familiares… es tiempo de esperanza.  “Sed realistas: ‘tened esperanza’, porque la esperanza es el valor o la virtud de saberse más grande que lo previsible y hasta de esperar lo inesperado, pero, en todo, esperar lo prometido” defiende con rotundidad y sabiduría Jose Antonio Garcia-Monge S.J., nuestro Presidente de Honor.

Es cierto que hay momentos en nuestra vida en los que renovar la esperanza y la confianza implica firmeza en la elección, se acerca a un acto casi heroico. Podríamos decir que el marco del siglo XXI no ha empezado priorizándolas en los grandes espacios comunes y que a nivel individual andamos un tanto confusos, anhelando relevancia tras promesas futiles. “El hombre moderno y posmoderno quiere realizarse a sí mismo, ya, aquí, ahora y rápido -continúa García-Monge-. No tiene paciencia de esperar. Si espera lo hace en la ciencia (que está bien), en los políticos (que esta regular tirando a mal), en el progreso global para unos pocos bien relacionados con las cotizaciones en la bolsa e internet. Lo hace en el dinero como factor todopoderoso, en el status social, en la salud, en el placer efímero, en la bella juventud eterna -gracias a la cirugía estética-, en la distracción de lo esencial. Es narciso y trabaja como Sísifo. El hombre presume de ser todo lo que es o desespera de llegar a ser. El hombre no se piensa ‘creado’ y por lo tanto ‘amado’ y no cree en el amor que realiza la promesa de llegar a ser en la salvación gratuita de Dios”.

Sin embargo, a pesar de todo, la esperanza sigue llamando a nuestra puerta un año más. Ese es el mensaje de la Navidad. Posiblemente seamos un tanto torpes, lentos y cortos de vista a su presencia pero tenemos un gran aliado en el alma humana: nos empuja la fuerza de la autorrealización, la tendencia actualizante, la autorregulación organísmica… estamos llamados al crecimiento y al vínculo por el amor. Somos capaces de transformarnos por la resiliencia y la expansión del yo y ese proyecto permanece en nuestro horizonte. “Si tengo esperanza, yo diría mejor, si soy sustentando por la esperanza me decidiré  a abrir boquetes en el muro que nos encarcela en la desesperanza -apunta nuestro Presidente de Honor-. En solidaridad con otros, a favor de otros. Luchar contra la arrogante presunción y la desesperanza. Luchar contra el egoísmo y el egocentrismo desesperanzado. La esperanza tiene que ser sanamente contagiosa”. Desde el Instituto de Interacción deseamos contagiaros de una Feliz Navidad Esperanzada.