Es uno de los psicólogos clave de nuestro centro. Con espíritu curioso nos acercamos a Jose Mª Burdiel para hablar de los inicios del Instituto de Interacción y celebrar, con gozo, que cumple 50 años en el equipo: desde 1971 hasta hoy. Un ejemplo de trabajo metódico al servicio del desarrollo integral de la persona.

P- Hagamos memoria, ¿cuál es el germen del Instituto de Interacción? ¿Cómo fueron los tiempos de su concepción?

J.M.- El Instituto tiene un precedente, una prehistoria, cuando un jesuita apellidado Tornos y un psiquiatra llamado Piedrabuena pusieron en marcha Grupos de Terapia, Aprendizaje y Dinámica. Luego se sumó otro jesuita, Oñate, y ese fue el preludio de lo que luego fue el Instituto de Interacción y Dinámica Personal.

Poco tiempo después se unieron otros jesuitas que habían estudiado y profundizado mucho en Psicología. Luis López-Yarto estudió la carrera en la Universidad de Columbia (Nueva York, EEUU); Jose María Fernandez-Martos se formó en París, en un modelo de corte analítico; Carlos Velasco estudió en un instituto psicológico en Lovaina (Bélgica); Jose Antonio García-Monge estudió también en un instituto analítico de París… con lo cual se juntaron una serie de individuos con unas bases psicológicas muy actuales, muy modernas y muy potentes. Coincidieron y decidieron trabajar juntos.

P- ¿Tú cómo les conociste?

J.M.- Yo llegué a ese grupo como aprendiz. Fernandez-Martos y López-Yarto hicieron un curso de un mes de Dinámicas de Grupos en Estados Unidos. Trajeron lo aprendido, lo remodelaron a las posibilidades españolas e instauraron las Dinámicas de Grupo de El Escorial (que esperamos recuperar en 2022) . Así que yo empecé como observador en estos grupos. Participaba 4 o 5 veces al año hasta que ya me dijeron: “oye, tú también puedes hacer esto”. Y así entré en el Instituto.

 Entonces por las tardes nos dedicábamos a terapias individuales y de grupo e impartíamos enseñanzas de fin de semana en temas que nos parecían que tenían que ver con el crecimiento personal.

Una de las cláusulas de este grupo, que entonces todavía era un grupo de amigos y no tenía una estructura organizacional, era que cada uno tenía que ganarse la vida de otra manera que no fuera con la psicoterapia. Con lo cual, todos llegábamos a la práctica psicológica libres del peso de tener que ganarnos con ello el sustento. Y eso daba la libertad de poder negociar los precios con quienes no tenían buenos recursos económicos. Podíamos hacer que la psicoterapia pudiese alcanzar a los más desfavorecidos.

P- Y ¿llegaron pronto esas personas con esas necesidades de acompañamiento psicológico?
J.M.- Sí, sí, enseguida. Las terapias se llenaban y los cursos también. Fue una época muy rica en demanda. Por ejemplo, las Dinámicas de Grupo de El Escorial se celebraban con unas 40 personas en el puente de El Pilar, Navidades, Semana Santa y en verano había 3 tandas.

Entonces había una gran demanda en la sociedad de querer confrontarse, comunicarse, relacionarse, crecer psicológicamente… Y allí llegaba gente de todo tipo. Tanto empresarios, como sindicalistas, militares, integrantes de órdenes religiosas u organizaciones políticas… era impresionante. En un grupo se podía juntar un guardia civil con alguien simpatizante de ETA. Ahí en el mismo grupo y trabajaban juntos esos días… había un interés por el crecimiento personal muy, muy grande.

Luego se fue dando forma y estatutos al movimiento impulsado por esos jesuitas y fue entrando más gente, mujeres y laicos. Y ese fue el origen del Instituto de Interacción y Dinámica Personal.

 

P- ¿Crees que esa demanda social sigue viva?

J.M.- No

 P- ¿No en la misma intensidad o ya no existe?
J.M.- Cuando llegó la democracia y durante un tiempo todavía hubo un fuerte deseo de relación, de poder expresarse, de libertad… luego esto fue decayendo. Y ahora creo que esa demanda aún existe pero en un menor número de personas. Ahora hay otro tipo de demandas.

 P- ¿Y cuál es el sentido del Instituto hoy?
J.M.- Pues aunque esa demanda es menor creo que puede seguir siendo interesante atender a las personas desde los valores fundacionales originales. Y también ir explorando otras demandas de la sociedad actual. Por ejemplo, ahora hay un interés de peso en el mindfulness; en todo lo que tiene que ver con la experiencia de pérdida y duelo; con la relación y la autoridad para con los hijos… Creo que son situaciones nuevas que pueden enriquecer un poco nuestra tradición. En la época de los principios que te estoy relatando, hablar de los mecanismos de defensa interesaba mucho, hoy no.

 P-¿Por qué crees que ha sucedido eso?
J.M.- No lo sé. Quizás porque aquella era una época más introspectiva y esta es una época más afectiva, en la que la persona va menos por la introspección dura y más por la relación gozosa y saludable. Pero son impresiones mías.

P- ¿Qué sabor te dejan estos 50 años de trabajo en el Instituto?

J.M.- Muy bueno. Ha sido una etapa muy rica, llena de satisfacciones. Trabajando con personas de características muy diversas y generalmente con personas a las que estimo. La sensación que tengo es de una riqueza y agradecimiento por estos años.

P- Y nosotros te agradecemos que sigas compartiendo con todos tu saber y tu corazón. Nos seguimos viendo en el Instituto de Interacción.