Por Cosme Puerto, sexólogo, divulgador, escritor y fraile dominico
¿Te imaginas que en pleno siglo XXI, el 90% de los adultos se sientan incapaces para enfrentar su vida sexual? Parece muy exagerado, pero es la realidad que revelan estudios recientes. La educación sexual moderna está en crisis, y sus deficiencias están dejando a generaciones enteras desinformadas, inseguras y sin las herramientas necesarias para tomar decisiones saludables sobre su sexualidad. Cuando la educación e información sexual parece estar al alcance de todos, hablar abiertamente de sexualidad sigue siendo un desafío. Persisten tabúes, prejuicios y silencios que limitan la conversación, afectando a la forma en que las personas entienden su propio bienestar sexual.
A pesar de que hoy contamos con más información que nunca, hablar de sexualidad sigue siendo difícil porque persisten tabúes, silencios, miedos y prejuicios. La sexualidad suele reducirse a lo biológico o reproductivo y preventivo, dejando de lado aspectos como el placer, la diversidad, la autonomía y la salud mental. Además, las creencias religiosas, culturales y sociales siguen marcando lo que se puede —o no se puede— decir, lo que alimenta los tabúes. En nuestros días, uno de los problemas más relevantes en el campo de la sexualidad es la desinformación. Un estudio de la Federación Estatal de Planificación Familiar 2023 revela que el 62% de los adolescentes españoles considera insuficiente la información recibida en el colegio.
Entonces, ¿dónde se buscan las respuestas? Mayoritariamente en internet donde la mayoría de contenidos carece de rigor profesional y científico. La falta de educación sexual de los adolescentes, jóvenes y adultos hace que se acerquen a buscarla a internet, las redes sociales no profesionales y las plataformas de videos pornográficos.
Como sexólogo cristiano veo una paradoja muy clara: mientras la conversación social se abre y el acceso a productos eróticos en un sex-shop online se normaliza cada vez más, todavía nos cuesta ofrecer información de calidad sobre sexualidad en las familias, aulas, universidad y en religión. Esto genera una gran contradicción: los adolescentes y jóvenes pueden comprar artículos para el placer, pero siguen sin recibir educación sexual integral.
El objetivo preferente de este artículo es plantear la pregunta: ¿cuáles son los retos urgentes para garantizar una educación sexual real y efectiva en España? Cuando la escuela, la familia o la religión no abordan estos temas, los adolescentes y jóvenes buscan respuestas en internet y sobre todo en la pornografía, quiero recalcar.
¿El grave problema? Estos contenidos, tomados como referencia, se han convertido en un problema crítico que impacta el desarrollo físico, emocional, psicológico y relacional de los adolescentes y jóvenes. Es fundamental recordar -y no olvidar- que la educación sexual es un derecho y un deber fundamental de las personas para combatir la desinformación y promover la salud sexual integral. La sexualidad sigue
siendo un tema un tema silenciado, tabuizado y reprimido. La investigación académica, el diálogo informado y la educación basada en evidencias sexológicas científicas son las claves para superar los tabúes y falsas creencias del siglo XXI.