Un año más, Joan Garriga será uno de los invitados de honor del Instituto de Interacción. En esta ocasión viene a Madrid para impartir una «Sesión Vivencial de Gestalt y Constelaciones Familiares” el próximo 10 de febrero. Mientras llega ese esperado encuentro presencial, compartimos un bonito texto nacido de la creatividad del conocido escritor y psicólogo humanista. Para saber más sobre el encuentro pincha aquí:

“En nuestra vida nos toca navegar en una de las dialécticas más importantes: nuestra ilusión de estabilidad y solidez en danza con el implacable movimiento que la vida impone a todas las cosas, vengándose de nuestras ilusiones. Nos las veremos con las crisis, las zozobras, los abandonos, las pérdidas, los quebrantos, las contrariedades, las muertes. Pero una noticia bella es que la propia naturaleza nos provee de la capacidad para transitar ‘los malos momentos y las pérdidas’ sumergiéndonos -y sumergiendo nuestro cuerpo- en el caldero alquímico del dolor. Viva pues el dolor como recurso. Viva el dolor como barco que nos habrá de llevar de la orilla de la devastación a la orilla de la transformación, arribando con suerte, un poco más bañados en luz y sabiduría, incluso amor. El dolor tiene mala prensa, poco prestigio, desagrada. La prepotencia racionalista y cientifista frente a la naturaleza quisiera vencer el dolor y hacer de la vida un asunto seguro, reglamentario, afrutado. Es decir solo parcialmente humano. Y la sabiduría no crece en el intento de parcelar la vida y querer tomar únicamente las copas del goce y llenarlas con chucherías dulzonas. Crece cuando enfrentamos y miramos a la cara a los grandes asuntos. Y quizá el más grande de ellos sea la muerte. Aunque Francois de La Rochefoucuald expresó en una de sus máximas que ‘ni el sol, ni la muerte pueden ser mirados fijamente’ tampoco conviene enterrar nuestra mirada bajo la arena, y si no podemos mirar directamente a la muerte, hagámoslo al menos de soslayo, con el mayor respeto”.

(….) “Ciclos e infinitas gestalts se desvanecen en el fuego que todo lo anima, creando otras formas que se disipan a continuación. Que nadie intente bañarse dos veces en el mismo río ya que según Heráclito no sería el mismo. O sea, la ley de la transitoriedad de las cosas. Y al mismo tiempo ‘ni nacido, ni muerto’. O sea, la ley del Uno Creador. El principio lunar nos enseña el ciclo de expansión en la luna creciente que alcanza su plenitud antes de declinar, retraerse y morir en la luna vieja, para volver a renacer y crecer, iniciando un nuevo ciclo. Pero el principio solar nos habla de lo inmutable que ilumina todo lo transformable.

Cuando se atraviesan las aguas de las pérdidas, el dolor es como un fuego que quema lo viejo, hace arder viejas identidades que no sobreviven dejándonos quizá más ligeros. Si nos jubilamos no sobrevive nuestra vieja identidad de trabajadores. Si perdemos a la pareja con ella perdemos nuestra identidad de casados o novios, etcétera. Sobrevive el relato y el recuerdo, eso si. El viaje de la vida es uno de desapego y transformación constante hasta el final. Sea bienvenido este libro para ayudarnos a reflexionarnos en estos asuntos tan cardinales para todos”.

El texto pertenece al prólogo que Joan Garriga escribió para el libro “El poder del dolor» de  Paloma Rosado

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