Virginia Núñez, médico de familia y médico de residente de psiquiatría. Alumna del Máster en Psicoterapia Individual y de Grupo


Mi nombre es Virginia Núñez. Soy médico de familia y, gracias al paso por este máster que finalizo ahora, médico de residente de psiquiatría. Tuve la oportunidad de vivir una experiencia laboral muy intensa en un centro de tratamiento de adicciones de la red del Ayuntamiento de Madrid. Allí nació mi profunda vocación por el acompañamiento y la psicoterapia humanista, la cual he podido desarrollar sobre todo gracias a la formación recibida en el Instituto de Interacción. Esa vocación y la constatación de lo valioso de la tarea de acompañar personas en los distintos contextos profesionales en los que he trabajado (consulta de atención primaria, centro de adicciones, prisión, consulta de psicoterapia, educación no formal con niños y adolescentes en situación de riesgo social…) me ha llevado en último término a decidir dedicar toda mi vida profesional a la salud mental, por lo que en pocos días comienzo mi formación como psiquiatra por vía MIR en el Hospital Universitario de Fuenlabrada.


¿Por qué elegiste el Máster en Psicoterapia Individual y de Grupo del Instituto?

En 2012 comencé a trabajar como médico en un centro de adicciones del Ayuntamiento de Madrid. Pronto me di cuenta de que (en todos los contextos de trabajo como médico, pero aún más en el del trabajo con personas con adicción) tener herramientas para acompañar y relacionarme con mis pacientes de un modo que resultara terapéutico para ellos era fundamental, más allá de las prescripciones farmacológicas o las pruebas diagnósticas. Rápidamente fui consciente de que quizás la base de lo más terapéutico de todo lo que hacíamos en el centro era establecer un buen vínculo con nuestros pacientes. También me di cuenta de que mis pacientes valoraban muy positivamente este acompañamiento, y que yo sentía que mi trabajo era mucho más útil y satisfactorio para mí si ponía el acento en los factores psicosociales.
Por ello, supe que quería formarme para, más allá de lo que me dictaba el sentido común, tener herramientas específicas para trabajar desde esta perspectiva. Al expresar este deseo a personas cercanas que me conocen, dos de ellas me recomendaron la formación en el Instituto. “Por tu manera de ser, te va a gustar…”, me dijo una de ellas. Hoy entiendo a qué se refería: el respeto de la autonomía del paciente, nunca tomar decisiones por la persona, confianza en la capacidad de toda persona para encontrar la mejor solución a sus problemas, delicadeza al aproximarse a la persona… son parte importante de mi forma de ver la relación con mis pacientes; y son mensajes repetidos una y otra vez directa y sutilmente a lo largo de este máster por todos los profesores.

Este máster ha tenido una gran influencia en mi vida, en la forma de mirar y aproximarme a las personas (no sólo en el trabajo, sino también en mi vida personal), de entender las relaciones. Creo que me ha hecho más tolerante, más empática y aún más consciente de la influencia del modo en que nos relacionamos con otros en sus vidas, de cómo éste puede tener un efecto positivo o negativo según como lo hagamos.

¿Qué cursos de Postgrado realizaste?

Empecé la Formación en Psicoterapia Humanista del Instituto con el curso Postgrado en Psicoterapia centrada en la persona – Carl Rogers (por si acaso al empezar descubría que no me gustaba), pero a mitad del primer año ya tenía claro que haría el máster completo. Los módulos de Gestalt, Focusing, Psicosomática, Sistémica han sido complementos a esa primera base rogeriana que me han permitido ir encontrando mi estilo propio como terapeuta humanista.
Participé en la Dinámica de Grupos en julio de 2016, como parte del Máster en Psicoterapia Individual y de Grupo. Para mí fue mi primera oportunidad para participar en una actividad terapéutica como “receptora”, y fue una experiencia intensa de conocimiento personal, especialmente en lo que se refiere a la relación con otras personas. Supone la oportunidad de contar con unos días dedicados en exclusiva a “poner una lupa” a tu forma de ser y estar en relación con otros y de prestar atención a temas personales a los que resulta más difícil mirar en el ajetreo del día a día.

¿Qué destacarías del Máster?

Para mí un valor fundamental de este máster es ver la terapia en acción desde el primer día, tener la oportunidad de estar continuamente practicando con los propios compañeros bajo la supervisión de los profesores, vivir en las propias carnes los efectos de ser terapeuta y ser paciente, aunque sea en un espacio creado de forma artificial para la docencia. Otro aspecto importantísimo para mí es que esos valores eminentemente humanistas de creer en las capacidades de la persona, respetar escrupulosamente su libertad y autonomía, quitarse la etiqueta de “experto” y ponerse la de “acompañante”, valoración de lo experiencial… son valores que los profesores transmiten no sólo a través de lo que dicen, sino de su actitud, de la forma de dar sus clases, de tratar a los alumnos, de mirarte como persona. De alguna forma los valores humanistas se respiran en todos los rincones del Instituto.

A lo largo del máster he podido compartir mi formación con compañeros psicólogos, abogados, maestros, farmacéuticos, periodistas… y también con otros médicos.

Como alumna ¿Qué te aportó, qué supuso el Máster a nivel personal y profesional como médico?

Este máster ha tenido una gran influencia en mi vida, en la forma de mirar y aproximarme a las personas (no sólo en el trabajo como médico, sino también en mi vida personal), de entender las relaciones. Creo que me ha hecho más tolerante, más empática y aún más consciente de la influencia del modo en que nos relacionamos con otros en sus vidas, de cómo éste puede tener un efecto positivo o negativo según como lo hagamos. Profesionalmente me ha dado alas para desarrollar algunas facetas que estaban ahí a medio desarrollar y que me satisfacen tanto que han propiciado que haya decidido centrar mi vocación profesional en el trabajo como psicoterapeuta y en el campo de la salud mental. Si hace cinco años me cuentan que elegiría voluntariamente pasar por otro examen MIR para formarme como psiquiatra o que mi sueño sería atender pacientes en mi consulta de psicoterapia habría alucinado. Hoy es una realidad.