Cuando la vida lleva a una persona a sufrir la muerte de un ser querido, vemos lo valioso que puede ser para el doliente tener la experiencia de pasar por un grupo de duelo. Pero al mismo tiempo también vemos que antes de entrar en el grupo, la persona pasa por un proceso de indecisión, reticencia, desconfianza o inquietud sobre qué supondrá esta experiencia.

Así que hoy hemos decidido ceder la palabra a algunas de las personas que en el pasado entraron -y ya salieron- del Grupo de Duelo del Instituto de Interacción. Quizás así se pueden captar algunos matices sobre lo que encontraron o no encontraron en esta vivencia. Son hombres y mujeres de mediana edad y diferentes vínculos con la persona fallecida y hemos decido mantener en el anonimato sus nombres (aunque ellos no lo pidieron así). Como se verá, en el grupo no podemos eliminar el dolor de la persona que acude (¡ojalá pudiéramos!) pero sí intentamos facilitar el proceso de construir un duelo sano que acabe en agradecimiento por lo vivido con la persona que se fue. El duelo no se puede evitar, hay que vivirlo.

Hay dos momentos en mi vida que, aunque comunes y habiendo tenido tiempo para prepararme en ambos casos, nunca imaginé que me sobrepasarían tanto emocionalmente: cuando nació mi primera hija y cuando, después de varios años de tratamientos, subidas y bajadas, su madre nos dejó.

Tras unos primeros meses de insufribles trámites, tareas y de rehacer una vida funcional para los tres que quedamos, supe que necesitaba ayuda para no romperme, más. Y sabía a qué puerta llamar. Había conocido al Instituto de Interacción porque hice una formación muy valiosa con ellos años atrás y, si hay un modo de acompañar con el que me sentía capaz de dar el paso, era el de ellos. Tras la primera entrevista con Paloma y su ofrecimiento del grupo de duelo, me dio mucho miedo pensar en que todo el dolor que llevaba dentro pudiera hacer más mal que bien a otros, pero confié. Una vez allí, comprendí que es difícil dañar compartiendo una vivencia sincera a otros que transitan por su propio duelo.

El sentimiento de encontrar un lugar seguro, donde todos entienden y nadie juzga, te transforma. La experiencia común te hace sentir menos solo y las experiencias particulares te ayudan a avanzar y a encontrar tus propios caminos. Siento un profundo agradecimiento a Marta y a Paloma que lo hacen posible y a todas las personas que han participado del grupo en el tiempo en el que yo estuve. La vida sigue sin ser fácil, pero después del grupo es diferente y mejor”.

«Acudí al taller de duelo tras la muerte de mi marido, buscando ayuda para encontrar un sentido a tanto caos y dolor.  Allí encontré un espacio que me permitió conectar con emociones, ideas y sentimientos que estaban atrapados dentro de mí y que no era fácil compartir en mi vida cotidiana.

Marta y Paloma acompañaban al grupo. Desde una actitud de escucha atenta y respetuosa favorecían un clima seguro y acogedor en el que cada persona pudiera expresar libremente su propia situación de duelo; a la vez que aportaban visiones y enfoques de lo allí expresado que iluminaban las muchas sombras que acompañan a un duelo.

El trabajo del grupo me enseñó a escuchar sin juicio a otras personas que vivían y expresaban su duelo, lo que me hizo comprender y acoger el dolor que todos compartíamos. Experimenté el poder transformador y sanador que tiene la escucha genuina, pues hablando y escuchando fui recolocándome y se coló en mi la idea de que a pesar de todo, la vida tenía sentido y merecía la pena que yo se lo encontrara.

Estoy muy agradecida de haber podido acceder a esta experiencia en un momento tan crucial en mi vida, sin duda me enriquecí y humanicé. Gracias”.

“Cuando me acerqué al grupo de duelo había pasado un año de la muerte de mi hija. Durante su enfermedad que duro casi tres años, más el año de después de su muerte, estuve apoyada por una psicóloga y una psiquiatra. Mi hija empezó con un cáncer de lengua, luego de cadera y siguió por casi todo su cuerpo. Tuvo que pasar por tremendas operaciones con muchísimo sufrimiento. La ayuda psicológica me ayudo muchísimo, pero en un momento dado sentí que no quería seguir con la terapia, entre otras cosas porque ya le había relatado paso por paso nuestro sufrimiento.

Me acerqué al grupo porque necesitaba seguir hablando de mi hija, de los momentos de dolor que vivimos y del vacío que me dejó, y poder compartirlo con personas que hubieran pasado por lo mismo. Escuchar cómo lo estaban viviendo, valorar lo que otros hacían, intentar aprender, pero sobre todo seguir expresando todo el dolor que llevaba dentro. Animo a vivirlo en grupo, con personas que te van a entender completamente porque están en tu misma situación. Las terapeutas nos acogían y aclaraban con calidez”.

“Me ayudó mucho asistir a las reuniones del grupo por varias razones: porque te ayuda a encontrar mecanismos para superar mejor la situación de impotencia en que te encuentras, porque puedes hablar abiertamente de tus sentimientos cuando sientes que ya has hablado lo suficiente sobre ellos con las personas de tu entorno cercano, porque ves en otras personas del grupo que con el tiempo las heridas van cicatrizando, porque te sientes acompañado en el dolor. Por todo ello, agradezco mucho la existencia de estos grupos y lo he recomendado a otras personas que se han encontrado después en una situación similar”.

“Cuando falleció Juanjo, mi hermano sentía mucho dolor. Creía que el duelo podría pasarlo yo sola, solo era cuestión de tiempo. Pero cada vez me sentía peor y necesitaba ayuda.  Una amiga me paso el contacto de Paloma. Ella me propuso participar en el grupo de duelo y decidí probar.
Desde el primer día que asistí me sentí muy acogida tanto con las terapeutas como con el resto de personas que participaban en el grupo. Escuchar a las demás me ayudo a, conectar con mis emociones, ponerlas nombre: rabia, dolor, culpa… y aceptarlas.

Gracias al grupo viví el duelo acompañada, a mi ritmo, con otras personas que estaban pasando por lo mismo que yo (No estaba sola). Fue un espacio de respeto, escucha, empatía y no juzgar ni a los demás ni a mí misma. Un espacio de enriquecimiento, de sanación, de crecimiento personal. Doy las gracias a las terapeutas y todas las personas que me acompañaron en el proceso de mi duelo”.

“Le estoy dejando unas flores a Antonio. Sus cenizas están en la colegiata de San Isidro y aquí me siento muy cerca de Antonio. Y continúo escribiendo desde Marruecos donde Antonio mis hijos y yo pasamos momentos muy felices y también le siento muy cerca.
Cuando Antonio murió yo me sentí la persona más desgraciada, abandonada y castigada por la vida…y por Antonio. El se iba y me dejaba sola con todo lo que era nuestra vida en absoluto caos. El dolor era físico y el llanto me surgía de muy profundo.
Unirme al grupo de duelo me permitía poner palabras a lo que sentía, no sabía para qué lo hacía ni hacía donde iba pero sentirme escuchada y comprendida en mi experiencia era lo que me sostenía. Ese golpe de la vida necesitaba que tuviera un sentido y que me sirviera para conocerme mejor, descubrirme a mi misma y fuera un aprendizaje que me hiciera mejor persona.
El grupo de duelo me enseñó que el duelo es un camino que tengo que recorrer y que no está trazado previamente, que puedo recorrerlo y que al final encontraré paz y podré convivir con ternura con mis recuerdos. Me sigo emocionando escribiendo esto pero ahora no hay rabia hay reconocimiento, agradecimiento y amor hacia mi vida con Antonio y hacia él…y mucha mucha añoranza. Pero no evitó su recuerdo y mi tributo a él es recordarle”

El grupo se reúne los martes de 18 a 19,30 h y en este momento hay dos plazas libres que se puede solicitar por mail (info@institutodeinteraccion.es) o por teléfono (655 643 027). Más información aquí 

Horario de secretaría 2023-24: L, M y J de 16 a 20 h. X de 15 a 19h