Pablo Martínez Villaescusa es psicólogo en el Instituto de Interacción y Dinámica Personal y en otras entidades. Colabora como docente desde hace varios años y forma parte de la generación de psicólogos que ama y mantiene a esta entidad actualmente.

Natural de Madrid y enamorado de las tierras manchegas de Albacete. Tiene una hija de 5 años a la que casi llama Llanos. Comenzó sus estudios de Psicología en Valencia. Su actividad como psicólogo comienza hace más de una década, desempeñándose principalmente como terapeuta de personas con trastorno mental grave, orientando a sus familias y facilitando mejoras en la calidad de vida. En la relación con sus pacientes le siguen surgiendo inquietudes que le llevan a querer hacer un estudio más profundo del ser humano y sus potencialidades.

A lo largo de su desarrollo profesional, se forma en distintas orientaciones humanistas y obtiene certificaciones. Comprometido siempre con la ética y deontología profesional y la buena praxis.

“Cuando me cuestiono sobre la propia vida y mi relación con los demás, pueden surgirme preguntas como ‘¿soy yo mismo?’, ‘¿me muestro tal como soy?’, ‘¿me escondo?’, ‘¿tengo relaciones plenas?’, ‘¿me aportan desarrollo o me hacen decrecer?’, ‘¿estoy satisfecho?’…

Son numerosas las necesidades del ser humano. La necesidad de relación y de estima o ‘mi manera de estar en la vida y con los demás’ no es menos importante. Y aquí entra en escena un ‘Yo’ y un ‘Tu’ que se mueve, intercambia y que se retira. Para en otro momento volver a contactar, o dicho de otro modo más coloquial, volver a juntarse. En una especie de ciclo o ritual que dirige uno mismo hacia la satisfacción de dicha necesidad.

Parece que cuanto más consciente es uno mismo de esta necesidad (y de cualquier otra) más puede uno hacerse cargo, responsabilizarse, y dirigirse a ello con todo su ser o, al menos, gran parte.

Y es que es a través de mi relación con ‘los otros’ cuando puedo descubrirme, y literalmente quitarme la manta con la que me protejo, en la medida en que voy confiando y sigo haciéndome cargo, responsabilizándome.

Estos aspectos no son los que se trabajan en las terapias al uso, cuando uno se desplaza al médico de cabecera o acude a terapias grupales. Ni tan si quiera es una terapia la que trata de abordar estas áreas comunes a todo ser humano. 

Un grupo de crecimiento se forma con la intención de abordar las preguntas sugeridas en el inicio y de poner a la persona de frente a sus propias potencialidades. Que se asome, de manera segura, a su propio abismo de oportunidades.

A veces, tampoco nos es posible crecer en algunos aspectos y obtener satisfacción en otras relaciones de amistad o íntimas. No es nada malo en sí mismo, puede que no sea el ‘terreno‘ que necesitamos en este momento.

Un grupo de encuentro es un lugar seguro donde encontrarse con los demás y descubrirse, aumentar el propio conocimiento de uno mismo. Es un ambiente creado por un psicólogo experto en este tipo de asuntos nucleares del ser humano, que va a facilitar que esto ocurra en la mayor medida posible en un clima de respeto y confidencialidad.

Es un hecho que el nicho de edad propuesto es amplio. La particularidad que puede ofrecer es que puede suponer una mirada (a ese abismo) desde distintos momentos vitales, con sus seguridades e inseguridades, debilidades y fortalezas… generando un terreno quizás más rico en un ambiente joven y adulto”.

Horario de secretaría: L, M y X de 16 a 20 h. J de 15 a 19 h