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¿Quién soy yo? de la pérdida al encuentro con el ser (I)

Practicar la soledad y el silencio te ayuda a recordar quién eres y a reconocer el camino de vuelta a casa. “Cuando pierdes contacto con la quietud interior, pierdes contacto contigo mismo. Cuando pierdes contacto contigo mismo, te pierdes en el mundo”. Eckhart Tolle

¿Quién soy yo? Cuando me pierdo en el mundo…y me encuentro
En una sociedad habitada por el ruido, la velocidad, el consumo desorbitado y voraz, donde el ritmo vital es rápido y el pulso acelerado, resulta difícil brindarte un espacio para la reflexión y el silencio. En medio de la vorágine diaria te vives con la necesidad y el reto de ajustar trabajo, convivencia familiar, responsabilidades del hogar, amistades… centrándote en el afuera, en el otro, en los demás; lo que va suponiendo, de forma progresiva, una pérdida de la propia identidad.

En un contexto tan salvaje, reservar un espacio para el encuentro en intimidad con una misma/con uno mismo, para recordarte: “quién soy”, se presenta una tarea mayúscula y necesaria.

Por ello, dedicarte un espacio de inactividad donde cada persona pueda adentrarse descalza a su mundo interno resulta una acción prioritaria. Este acceso a la intimidad más profunda abre las puertas al abismo del encuentro de “SER quien SOY” y te ayuda a tomar conciencia sobre la inmensidad que alberga tu interior, ofreciéndote la oportunidad de descubrir día a día ¿quién anda hoy ahí? ¿qué está ocurriendo ahí dentro?

Por tanto, es necesario observar, escuchar, hacer espacio para que resuenen internamente estas preguntas y llegar a percibir como cada día son nuevas las respuestas que brotan, nuevas las verdades que surgen y nuevas las realidades a explorar.
Todo ello, en un reciclaje constante y permanente, transformándote en cada respiración, en una comunión respetuosa, sincera y abierta con la persona que eres.
Retos y dificultades.

Es importante saber, que esta toma de conciencia plena no resulta una tarea sencilla; en su búsqueda te enfrentarás a numerosas tentaciones y distracciones; el miedo al silencio es una de las más relevantes, ya que este encuentro con el ser más esencial también te enfrenta con tu soledad más profunda. Frente a esta sensación de soledad pueden surgir la angustia, el vértigo, sensaciones desagradables, recuerdos dolorosos, verdades incómodas… y volver al ritmo frenético, al contacto compulsivo con algo o alguien… tratando de ahogar y acallar estas sensaciones con todo tipo de rumores y ruidos nuevamente.

Lo más importante a tener en cuenta, es saber que se hace necesaria una práctica constante y continuada, cargada de paciencia, para ir llegando a un acercamiento progresivo, respetuoso y comprensivo con tu verdadera esencia.

Sobre todo; recuerda:
“Practicar la soledad y el silencio te ayuda a recordar quién eres y a reconocer el camino de vuelta a casa”.

Sonia Hernáez Larrea

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