El 1 de abril de 1921 J.L. Moreno funda en Viena, tras la Primera Guerra Mundial el “teatro de improvisación”, origen de la terapia de grupo. “Allí vi de nuevo claramente las posibilidades terapéuticas que existen en la liberación de situaciones conflictivas anímicas al representarlas, el vivirlas activa y estructuradamente” (Moreno).
Así nace el psicodrama, un enfoque terapéutico que va más allá del diván o de las instituciones en un intento de salvar al mundo de las terribles secuelas del horror humano. Tras Pinel con la “humanización de la psiquiatría” y Freud con “la cura por la palabra», la tercera revolución de la salud mental surge con la “terapia de grupo”. Un modelo de trabajo con la enfermedad mental que pone el acento en lo humano, en lo relacional. Tanto el terapeuta como el consultante o los miembros del grupo ponen su vulnerabilidad al descubierto para pasear juntos por los recovecos del alma humana.
Se trabaja sobre un escenario y, con la ayuda de unos cuantos actores terapéuticos que hacen las veces de yoes auxiliares, se recrea la escena de conflicto para revivir desde otro lugar aquello que nos dañó. En este juego de roles se representa el mundo interior o la escena en la que el tiempo se congeló y seguimos atrapados. Ahora podremos trabajar a fuego lento, emoción a emoción, desde el movimiento que nace de dentro, la intuición y la espontaneidad como timón de abordo, para poder seguir viviendo. Gracias a ver nuestro reflejo en los otros y la guía del director de escena (terapeuta) se brinda la oportunidad de comprehender y explorar nuevas vías para resolver el conflicto. “Es tanto un método de diagnóstico como de tratamiento. Es un sistema terapéutico que abarca las técnicas psicodramáticas, la sociometría y la terapia de grupo”. (Herranz, T.)
Su creador, J. L. Moreno, fue un personaje curioso. Judío sefardí nacido en Bucarest, a los cinco años su familia emigró a Viena donde estudió filosofía y medicina. Viendo el Danubio y sus puentes tuvo la idea de “crear puentes interpersonales”; quería unir a personas separadas. Tras la Primera Guerra Mundial trabaja en un campo de refugiados (Mittendorf), donde comienza su interés por las relaciones grupales. En sus conversaciones con el filósofo M. Bubber, adoptó este marco de encuentro YO-TÚ. Es en este espacio interpersonal donde se construye la identidad el niño o se reconstruye a quien careció de ese TÚ para poder construir su YO.
El Teatro de la Improvisación, saca la enfermedad mental de instituciones y consultas para co-crear un encuentro genuino con el otro en espacios sencillos como calles, parques o cárceles. En los “juegos de improvisación” con los niños pobres en los parques de Viena, animaba a soñar en familias mejores, en recrear alegrías y también dolores.
“En el comienzo fue la existencia. En el comienzo fue el acto”. (Moreno)
Su unidad de tratamiento era enfrentarse al sufrimiento de la humidad, y la herramienta el teatro. Así, el 1 de abril de 1921 comienza sus trabajos con psicodrama. Se presenta con una silla dorada y una corona en el teatro de Viena e invita a todos, unas mil personas, a ocupar la silla para dirigir el Imperio Austro-Húngaro. Después comienzan las representaciones en Nueva York; lo denomina el teatro de la espontaneidad donde cualquiera puede ser el protagonista. En 1936 crea un sanatorio en Beacon (EE.UU.), donde se centra en el trabajo con psicóticos y en la formación de profesionales en psicodrama. Muere a los 84 años y quiso que en su sepultura figurase: “aquí yace aquel que abrió las puertas de la psiquiatría a la alegría”.
El psicodrama clásico (grupal) recrea el mundo del paciente en el escenario. Trata de convertir ese espacio, donde todo puede tener cabida, en un lugar seguro el que poder sentirse parte de un mundo en el que no ha podido encajar. Permitirse salir de patrones rígidos y soñar ser otro, o haberlo hecho de otra manera… Y poder ir más allá: qué pasaría si…Imaginar otra realidad y darle vida. Toma la representación dramática como núcleo de la exploración personal y no como hecho artístico.
En la actualidad se trabaja también con psicodrama bipersonal o diádico (destacan los desarrollos del brasileño Dalmiro Bustos). Los Yo Auxiliares son sustituidos por elementos que ayudan a externalizar y a crear una imagen de la situación. También el terapeuta puede actuar de Yo Auxiliar. El doble, el espejo, el soliloquio, role-playing o la inversión de roles son algunas de las técnicas empleadas como apoyo en las dramatizaciones. Trabajos que posteriormente Fritz Perls, alumno de Moreno en Baecon, y posteriormente creador de la Gestalt, incluyó entre sus materiales de psicoterapia.
Lo efectivo, y lo bonito, del psicodrama es la presencia del terapeuta en lo que está ocurriendo en el aquí y en el ahora. Desde el acompañamiento y la conexión emocional profunda puede ir posibilitando que la persona pueda recrear la escena del conflicto, explorarse y conocerse, romper patrones rígidos, afrontar juntos esos espacios de sí mismo que durante años fueron desterrados para colocar los trocitos de vida desperdigados y sentir resquicios de libertad.
Marga Ortega, psicóloga, psicoterapeuta y docente en el Instituto de Interacción
Para saber más:
. Moreno, J.L, “Psicodrama” Ed. Paidós.
. Silva L, Herranz M y Herranz T. “Psicoterapia con niños y psicodrama: la cura por la alegría” Ed. Síntesis (2014).
. https://www.youtube.com/@escueladepsicoterapiaypsic3389
. Formaciones relacionadas en el Instituto de Interacción:
Terapia de grupo:
https://www.institutodeinteraccion.es/curso-superior-psicodinamica/
https://www.institutodeinteraccion.es/curso-superior-enfoque-persona/
Terapia Gestatl, modalidad individual
https://www.institutodeinteraccion.es/curso-superior-gestalt/