La Inteligencia artificial (IA) nos despierta todo tipo de miedos y mucha incertidumbre de futuro. Nos planteamos hasta qué punto superará las habilidades que hasta ahora hemos desarrollado los seres humanos. Si se eliminaran las profesiones y oficios actuales; cómo afectará a la medicina, las artes, a nuestro día a día, a nuestras relaciones. En definitiva, cómo cambiará al mundo.

Influida por el texto de Yuval Noah Harari (Lecciones para el siglo XXI, 2024) que decía que ningún puesto de trabajo se librará de la automatización, me dirigí a la plataforma Open AI, para plantearle mis dudas en relación a la psicoterapia y directamente le pregunté: “¿Puedes decirme cómo influirá la IA a la psicoterapia?»

Su respuesta fue que “la IA puede ayudar a la psicoterapia en el diagnóstico y en la evaluación, para identificar patrones de comportamiento. En la investigación, para analizar grandes conjuntos de datos que ayuden a comprender el comportamiento humano. En el tratamiento, ayudando a realizar tratamientos personalizados”.

Esta información me sonó bien, aunque me resultó escasa y para obtener más información, volví a preguntar: “¿Y podrías decirme cómo puede ayudar al avance de la Psicología?”. Sorprendentemente, recibí la misma respuesta y en este diálogo que habíamos empezado a mantener, y en mi deseo de conocer su capacidad y sus reacciones, le dije: “Has repetido prácticamente las mismas respuestas”. Y su respuesta fue: “Mis disculpas por la repetición. Para proporcionar una respuesta más variada, la inteligencia artificial puede ayudar a la Psicología de otras maneras, como … Entonces habló de cinco ítems, de los que dos de nuevo se repetían, explicados de otra manera, pero añadió: “Puede también realizar acciones preventivas, detectando comportamientos en las redes sociales que indiquen riesgos para la salud mental. Puede dar apoyo emocional básico y orientación a través de “chatbots”, y puede ofrecer ejercicios personalizados que fomenten el bienestar y la atención plena”. Le di las gracias y amablemente me respondió: “Me alegra saber que encontraste útiles estas adiciones. Siempre estoy aquí para proporcionar información y ayudar en lo que necesites”. Aquí acabó nuestro diálogo.

Sin embargo, seguía con curiosidad de conocer más a fondo qué se estaba haciendo en este campo. Me interesaba concretamente qué se estaba haciendo en España, cuando me llegó una información del Colegio de Psicólogos de un curso sobre el tema, al que me apunté. Descubrí entonces, que actualmente existe un grupo de psicólogos investigando en la búsqueda de realizar una salud mental de mayor precisión y eficacia con la ayuda de la IA. Buscan llegar a encontrar algoritmos que ayuden a hacer diagnósticos diferenciales acertados, a seleccionar el tratamiento adecuado para cada paciente, incluso a realizar una buena asignación del terapeuta a cada paciente, así como aumentar la eficacia de los tratamientos y reducir el tiempo de los mismos. Para eso ya se ha creado una plataforma que se llama “Medea Mind”, que aún no he utilizado.

Me pareció que estamos en los inicios de este desarrollo. Ellos mismos dijeron: “Así como la medicina en IA va en Ferrari, la psicología va en patinete”.  Sin embargo, parece prometedora la ayuda que puede ofrecernos, como asistentes o como coterapeutas tecnológicos, en los objetivos que se propone. No obstante, de nuevo, me confirmó que por mucho desarrollo que logre ninguna IA podrá ofrecer la relación que un terapeuta humano ofrece de conexión emocional, reciprocidad y compromiso, a la persona que viene a terapia, que hasta ahora se ha identificado como una de las variables más curativas en el proceso terapéutico.  Aspecto este que tanto valoramos y cuidamos los psicólogos humanistas en nuestras terapias.

Eulalia Gil, psicoterapeuta y docente en el Instituto de Interacción

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