1. La promesa de una vida mejor.
Es un mensaje muy tentador para cualquiera. Si lo rechazamos o no nos dejamos tentar por ella será única y exclusivamente porque no nos la creamos. Por ese escepticismo que nos hace dudar de cambios milagrosos… o porque somos unos cenizos incapaces de soñar. Soñar que el futuro puede ser diferente al presente. Puede ser mejor. Eso genera una expectativa y de ahí puede surgir una idea e iniciar un proceso de cambio. Pero hay que creérsela. La promesa.
2. Príncipe de Poyais.
Gregor MacGregor nació cerca de Edimburgo el día de Nochebuena de 1786. Fue un destacado aventurero, militar, mercenario y, por supuesto, estafador escocés. Hacia 1820 llegó con un grupo de mercenarios al Protectorado Británico de Mosquitia, un territorio de la costa caribeña de la actual Nicaragua, abandonado desde hacía décadas por los colonos europeos debido al escaso interés económico de la región y sus penosas condiciones de salubridad.
A su regreso a Londres se declaró Príncipe de Poyais, (en realidad un territorio ficticio que situó en Mosquitia), con el nombre de Gregor I.
3. La estafa.
Según MacGregor, Poyais era un estado próspero. Desarrolló mapas indicando las zonas de tierra fértil y los yacimientos de oro, inventó una moneda que cambiaba por libras esterlinas, realizó un cuadro de la capital del país que contaba con castillo, edificio parlamentario, Ópera, catedral…, y publicó numerosos folletos publicitarios. Vendió terrenos a potenciales emigrantes y colocó bonos estatales. Finalmente, obtuvo un préstamo bancario por 200.000 libras esterlinas para invertir en su territorio.
4. Oportunidades.
Nos puede parecer extraño visto desde una óptica moderna que pudiera desarrollarse semejante montaje y que tantas personas se dejaran embaucar por la promesa de un territorio inexistente. Pero América era la tierra de las oportunidades. Y ¿quién se resiste a ellas? Rebajas, Black Friday, descuentos, ofertas, relación calidad-precio… No nos perdemos una. Pero en el contexto de una época de expansión colonial y migraciones, en las que la información viajaba lenta y resultaba difícil de verificar la existencia de un ignoto y próspero país nos parece descabellada. Se ve que pensamos que esa gente no tenía derecho. A las oportunidades.
5. El desengaño
El desengaño es ese delta en que la expectativa desemboca en una realidad que no coincide con aquella. Los colonos del s.XIX que desembarcaron en Poyais no encontraron infraestructura alguna, ni ciudades, ni prosperidad. Muchos murieron, de hecho, incapaces de sobrevivir en condiciones extremas. Todo el entramado ficticio se vino abajo. Apenas 50 personas regresaron vivas a la metrópoli londinense.
6. El destino
Los colonos que se habían convencido de la veracidad de la existencia de un nuevo país no sólo compraban bonos, moneda extranjera y tierras. Compraban un futuro diferente, una nueva vida, una historia alternativa a la que habían protagonizado hasta ese momento. Gregor MacGregor les ofreció una oportunidad no tan diferente a la que nos venden en buena medida muchos eslóganes actuales: les brindó la posibilidad de redefinir su identidad. Igual que cuando compramos la promesa de que un modelo de coche, una colonia o una marca de ropa nos va a convertir en una persona más interesante de la que realmente somos.
La clave está en que nos lo creamos. Que nos creamos la promesa de MacGregor. Que nos creamos que nos convertirá en algo mejor. Que nos creamos que la mejora no tiene porqué venir de nuestro esfuerzo, de nuestras cualidades, de nuestra gestión emocional o de nuestras relaciones interpersonales, sino exclusivamente de la oportunidad que nos ofrecen. Y que habría que ser tonto para rechazarla. Y entonces dejamos de analizarla como oportunidad, como posibilidad, como inversión, y empezamos a visionarla como destino. Y podemos vernos triunfando en un país que nunca existió.
Porque, ¿quién se atreve a cuestionar al destino?