Estando como estamos pivotando sobre la mitad exacta del año, no parece muy aventurado lanzar la hipótesis de que la mayoría de nosotros, suponiendo que hubiésemos hecho algún tipo de propósito para el 2025, o lo hemos abandonado o lo seguimos postergando o directamente nos hemos olvidado de él.

Si ya hablamos hace dos meses de la definición, causas y efectos de la procrastinación, me parece que ha llegado el momento de pararse a hacer una breve reflexión sobre algunas pinceladas que nos puede proporcionar el enfoque humanista para no postergar tareas y lanzarnos a acometer aquellas que se nos siguen resistiendo.

Como ya sabemos, ir dejando tareas sin hacer para más adelante no se valora desde una perspectiva humanista como falta de voluntad o simple vaguería. Más bien es la expresión de inseguridades, miedos, conflictos internos o desconexión con uno mismo. Por tanto, la forma más adecuada de enfrentarnos a esas excusas automáticas que nos convencen de que podemos dejar (tranquilamente) para mañana lo que podríamos (pero no nos viene tan bien) hacer hoy, no pasaría por un programa de normas rígidas ni voluntades férreas, sino por emprender un camino de autoconocimiento y superación personal. Pasa por evitar tópicos y atrevernos a mirarnos a los ojos:

  1. Evitar el tópico de luchar contra el impulso de postergar: podemos, en cambio observar ese funcionamiento con curiosidad y preguntarnos qué se nos está pasando por la cabeza en ese momento y que emociones acompañan esa actitud.
  2. Evitar el tópico de culparnos por no haber sido capaces de afrontar la tarea: en vez de castigarnos por nuestra incapacidad y calificaciones por el estilo, el enfoque humanista nos propone practicar la aceptación incondicional, esa actitud básica rogeriana que en el mejor de los casos aplicamos a los demás en nuestras relaciones terapeúticas pero que nos cuesta mucho más enfocar hacia nosotras mismas y aceptar que esa dificultad no nos hace personas menos valiosas, sino que seguimos siendo personas capaces de decidir libremente qué queremos hacer.
  3. Evitar el tópico de ver la tarea a realizar como una carga: es raro procrastinar con aquello que nos motiva, por eso tendemos a ver las tareas pendientes como obligaciones pesadas, en vez de centrarnos en el propósito, en el sentido de la tarea, en su conexión con nuestras metas personales.
  4. Evitar el tópico de vernos encadenados a un objetivo pendiente que siempre nos supera: en lugar de eso, tomar conciencia de nuestra autonomía como personas que conlleva capacidad de organizar la tarea de una forma diferente a cómo lo hacemos habitualmente, a compartimentarla o a darle un enfoque personal.
  5. Evitar el tópico de anticipar errores y poner el foco en lo que nos falta: todo esto se puede evitar estando presentes en el aquí y el ahora, porque entonces no tendrá sentido adelantarnos a la tarea, sino que nos la plantearemos desde el presente fijándonos en el paso en el que estemos y en los pequeños avances.

La Psicología Humanista no propone “técnicas” como tal, que siempre resultan reconfortantes porque funcionan como fórmulas milagrosas a seguir, sino que invita (de manera mucho más compleja) a relacionarnos con nosotros mismos desde la empatía, la honestidad, la curiosidad y el deseo de crecer.

Continuar con los buenos propósitos (o plantearnos otros diferentes) no tiene porque desembocar en una lucha contra uno mismo y contra nuestras tendencias habituales o nuestros mecanismos de funcionamiento, sino que puede convertirse en un acto de conexión genuina con lo que realmente somos.

Por Pablo Sierra

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