Por: Paloma Rosado

Psicoterapeuta y Docente en Enfoque Gestalt

Hace unos años Tich Nhat Hanh -un monje zen vietnamita recientemente fallecido- visitó España para promover una serie de encuentros y un número importante de personas fuimos a escucharle. Transmitiendo sosiego y suave contentamiento, empezó la conferencia diciendo: “Queridos amigos, hay una profunda conexión entre la felicidad y el sufrimiento (…). Si supiéramos qué hacer con el sufrimiento, sufriríamos menos y si supiéramos cómo sufrir podríamos utilizarlo para crear felicidad”. Recuerdo esta frase por el impacto que me produjo -además de porque la apunté, seré sincera-. Y sigo recordando esta frase porque ocho años después de escucharla, la observo vivenciada, en mayor o menor grado, en aquellos que se adentran en el aprendizaje del modelo gestáltico que impartimos en este Instituto de Interacción, ya que el zen es uno de los cimientos del esqueleto de esta orientación.

Imagino que la mayoría de nosotros habremos podido constatar la verdad de esa afirmación en más de una ocasión. Y ¿cómo experimentar menos dolor? ¿Cómo crear felicidad? Son interrogantes cuyas respuestas pueden implicar toda una vida alcanzar -y con suerte-. Aún así  parece ser que el sufrimiento tiene que ver con querer evitar o querer alcanzar algo diferente a lo que la vida nos ofrece. Con desatender las fuerzas interiores que nos empujan hacia hacia la autorrealización; la búsqueda del saber, del crecer, del amar… necesidades del ser humano que aparecen trenzadas en el corazón del Enfoque Gestalt. Este modelo promueve la conciencia y el darse cuenta de lo obvio en cada persona; el anclarse en el presente; el responsabilizarse de lo propio; el favorecer el movimiento en el fondo-figura, contacto-retirada, polaridades… Sembrar integración para madurar y recoger paz.

“Nos hemos vuelto fóbicos al dolor y al sufrimiento. Permítanme repetir estas palabras: nos vemos vuelto fóbicos al dolor y al sufrimiento (…) Y el resultado es falta de crecimiento (…). Estoy hablando de encarar con honestidad situaciones desagradables. Y esto está muy relacionado con el enfoque gestáltico” dice Fritz Perls, padre de la Terapia Gestalt, un hombre complejo, bohemio, intuitivo y también con ganas de brillar. Y ¿cómo podría ayudar un especialista de esta orientación a alguien que sufre? Laura Perls -la madre amante, culta y en segundo plano de este modelo- apunta la clave central al afirmar que “un terapeuta gestáltico no utiliza técnicas, se aplica a sí mismo en una situación con la habilidad profesional y la experiencia vital que haya acumulado e integrado”. Tremendo reto.

Pero el modelo gestáltico no solo invita a crecer con el sufrimiento, la pérdida y la contracción. También reverbera con lo expansivo y lo celebrativo de la vida. Al escribir mi libro ‘El poder del dolor’ tuve muy presente la mirada gestáltica y el proceso fue un festival de ‘darme cuenta’ en el que pude dejar que mi alma caminase hacia delante, al ritmo que lo hacia el texto. Un ejercicio de autenticidad que me permitió sacar a la superficie resistencias y recursos y ponerlos a navegar. Todo muy gestáltico. Una práctica, ese continúo de conciencia, que invitamos a que presida las sesiones de los terapeutas gestálticos que hacen nuestra formación. Aunque esta práctica no solo les es útil a ellos. También vemos cómo maestros y educadores, médicos, trabajadores sociales, comunicaciones… se benefician de promover espacios de relación sana a pesar de que no se dedican a la terapia. El autoconocimiento y la comunicación honesta, directa y sin juicio generan un nuevo modo de relación yo-tú, más humano, confluyente y con menos enredos en los juegos de poder. “Apaga la mente y enciende los sentidos” es una propuesta de Fritz Perls que siembra salud.

Nuestro Presidente de Honor, Jose Antonio García-Monge -psicólogo y jesuita- siempre defiende que “la terapia es con amor o no es terapia”. Y a esta afirmación le añadió una segunda parte hace unos días, durante una conversación desenfadada en su nueva residencia: “la esencia del Instituto de Interacción no puede ser otra que la de promover el amor como guión de vida”. ¡Menuda propuesta para los que lo integramos, aprendices de la fraternidad y practicantes imperfectos de la voluntad de expandir el yo! Sin embargo es real que en la Terapia Gestalt que intentamos mostrar en nuestro centro, el amor -con sus diferentes densidades- es el acompañante permanente y silencioso de los procesos humanos. Porque no tratamos de enseñar una teoría sino de experimentarla y sopesar si nos ayuda a crecer e integrarnos. Una aventura dentro de la aventura de estar vivos.