Si paras tu ruido mental unos instantes y tratas de darte cuenta qué te pasa por dentro, ya hay algo que cambia. Es como cuando has olvidado algo y hay una incomodidad que te persigue. Si recuerdas qué es lo olvidado, se siente mejor, algo se coloca, recuperas la armonía. Según la física cuántica, el objeto percibido altera sus propiedades con el simple hecho de ser observado. Somos cuerpo, somos física. Somos materia viva que nos da entidad y sostén. ¿Nos observamos?

A mis pacientes suelo decirles: “el día que puedas escucharte por ti mismo, y no aniquilar lo que encuentres, sino estar con ello, serás tu propio terapeuta”. Nacemos con esa cualidad: el bebé llora porque su cuerpo sabe que necesita a su mamá. Pero si no hay una mamá disponible, esa personita indefensa que sólo siente, empezará de dejar de hacerlo para no sufrir el terrible dolor de la soledad. Empieza así lo que después se “hace bola”, la capacidad de amar va menguando, dejo de sentir lo mío y la necesidad de vincularme con los otros se difumina. Comienzo a confundir mis sensaciones con lo que aprendo sobre qué debo ser o sentir; los “deberías” y los miedos nos gobiernan, se nos olvida nuestro mayor don, nuestra sabiduría interna. Empiezo a buscar fuera y a evadirme de mis sensaciones: corro, trabajo, como, compro, veo series, limpio, me doy a la bebida o al sexo, me desconecto-destruyo.

Empleamos nuestra energía en negar lo que sentimos, nos dañamos tratando de sentir lo que queremos sentir y no lo que es. Si pudiéramos estar más presentes en el cuerpo, seríamos nuestra mejor guía en las encrucijadas diarias. No es muy complicado, sólo dejarnos estar: observo sin expectativas ni juicio mis sensaciones (dolor en el pecho, presión en la cabeza…)  dejándome sentir mientras permanezco ahí con lo que aparezca. Después, la razón ayuda a poner palabras y a dar sentido a esas sensaciones que pasan a ser emociones a las que poder dar espacio (miedo, alegría…). Entonces podremos integrar emoción y razón, cuerpo y mente, dejar de luchar contra lo que sentimos y quizá vislumbrar qué me dice el dolor, la rabia… Ser con esas emociones sin darles la espalda. Así, somos más libres en cada situación, sin sufrir el secuestro de la intensidad emocional. Un terapeuta al lado, que nos ayude a leer el cuerpo y valide lo que quizá nosotros rechazamos resulta fundamental en el proceso.

Todas las psicoterapias ya desde sus comienzos, consideraban la importancia del cuerpo. Discípulos de Freud, como Reich, lejos de la ortodoxia psicoanalista, se centraron en el trabajo corporal. Con desarrollos posteriores como la Bioergética de Lowen, entre otros muchos, se fue comprobando la idea de que el ser humano podía influir es su actitud mental trabajando sobre el cuerpo. Después, surgieron varios enfoques que daban prioridad a lo corporal dentro de las Terapias Humanistas como la Terapia Gestalt o el Focusing. Muchas herramientas que hoy día se presentan como novedosas confluyen en lo mismo: escuchar el cuerpo y dar espacio a lo que sentimos. La Teoría Polivagal (que sustenta el trabajo con trauma en psicoterapia), la Terapia Sensoriomotriz…etc.

Por otro lado, las nuevas técnicas de integración del trauma emocional como EMDR, Brainspotting, TIC (Técnicas de Integración Cerebal), demuestran cómo a través de la sensación sentida podemos acceder al recuerdo del evento traumático. Poniendo la atención en lo que sentimos podremos integrar aquello pasó.  Y si la sensación se siente, la emoción se libera y el cuerpo no volverá a sentir lo mismo sobre aquello. No volverán a saltar las alamas ante eventos que el cerebro interpreta como parecidos y dejaremos de estar secuestrados por el miedo.

Hay muchos ríos, todos llegan al mismo mar. Si el río  llega por sí solo al mar ¿por qué no sumergirme en él y simplemente observar?.

Rumi nos regaló estos versos:

Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia,

recíbelos en la puerta riendo

e invítalos a entrar.

Desde el Instituto de Interacción podemos ofrecer la posibilidad de formaros en Terapia Sensoriomotriz, un modelo de intervención que aúna la psicología somática y la psicoterapia, basado en la neurobiología interpersonal, la neurociencia y la investigación sobre trauma y apego. Más información

Margarita Ortega

Psicóloga humanista y psicoterapeuta del Instituto de Interacción

Horario de secretaría 2023-24: L, M y J de 16 a 20 h. X de 15 a 19h