Quizás hayas oído hablar sobre esta nueva técnica psicológica pero no tengas muy claro en qué consiste. Vamos a tratar de aclarar algunos aspectos clave sobre ella.

De acuerdo con la teoría del procesamiento adaptativo de la información de Francine Shapiro (1987), creadora del EMDR, nuestro cerebro tiene un sistema de procesar, asimilar, o “digerir”, las experiencias dolorosas que nos presenta la vida, siempre que el grado de malestar que conlleve la experiencia, se encuentre dentro de un nivel que podríamos denominar “medio”. Esto quiere decir que cuando tenemos un conflicto con un amigo, discutimos con nuestra pareja, o se nos presenta un problema laboral, después de hablarlo con otros amigos, elaborarlo internamente y quizás soñarlo, empezaremos a sentir que ya no nos afecta de la misma manera, que podemos entenderlo con otros matices, que de alguna forma lo hemos superado. Podemos decir entonces, que esa experiencia ha sido integrada o procesada por nuestro cerebro de forma adecuada.

Sin embargo, cuando vivimos experiencias que conllevan niveles de malestar muy intensos, nuestro sistema natural de procesar la información no funciona debido al aluvión de hormonas del estrés, que se vuelcan en la sangre, y que a su vez producen el bloqueo de ciertas áreas cerebrales. Este aspecto ha sido desarrollado por Shapiro, F. 1995, Van der Kolk, B. 1994, Siegel, D.J. 2007, entre otros. Empezamos entonces a sentir que el recuerdo nos viene y nos viene a la cabeza de forma recurrente, que el malestar se activa con otros estímulos actuales que nos lo recuerdan, tratamos de evitar ciertas situaciones o se empiezan a crear fobias, cuadros de ansiedad u otros trastornos, con el paso del tiempo. 

Dichas experiencias que tienen un efecto negativo duradero en las personas, en la literatura psicológica se han llamado “traumas” (Shapiro, 1992). Sus efectos psicológicos han supuesto un gran escollo para el trabajo terapéutico de los psicólogos, que nos encontrábamos, en ocasiones, sin herramientas suficientes para ayudar a la sanación de los mismos.

Sin embargo, en 1985 de una forma casual, Francine Shapiro, descubre que la realización de una estimulación bilateral a través de movimientos oculares, de sonidos, o de forma táctil, activa el sistema natural de procesar la información en nuestro cerebro. Observa en distintos ensayos, que cuando la persona se centra en el recuerdo traumático bajo el influjo de la estimulación bilateral, se desencadena un proceso de integración del recuerdo de forma adaptativa, con la progresiva desaparición de los síntomas. 

De esta manera formula la hipótesis de que la base de una gran cantidad de patologías clínicas son los recuerdos almacenados disfuncionalmente, produciéndose el cambio terapéutico a través del procesamiento de dichos recuerdos, dentro de redes neurológicas adaptativas más amplias. Crea un protocolo de intervención para la aplicación del EMDR en 1987 que actualmente cuenta con una gran base experimental y se utiliza en 87 países de todo el mundo, habiendo ayudando a millones de personas en la superación de los traumas individuales y colectivos, a través de las organizaciones nacionales de terapeutas especialistas en las técnicas del EMDR.

Este método se ha aplicado con muy buenos resultados a traumas individuales causados por abusos, violencia, abandonos, pérdidas, accidentes, etc. También se ha aplicado de forma grupal y gratuita en personas afectadas por desastres naturales, terremotos, huracanes, desplazamientos de tierra, explosiones de gas, o con víctimas de traumas provocados por el hombre, víctimas de tiroteos masivos, refugiados, disturbios políticos, terrorismo (en Méjico, Chile, Bolivia, España, Sudán del Sur, Etiopía, Afganistán, República Checa, etc) así como en víctimas de traumas de guerra (Afganistán y Ucrania, en donde actualmente se han formado a unos 5.000 sanitarios).

Considero el EMDR una herramienta terapéutica esperanzadora y potente, para contribuir a aliviar el dolor de las víctimas de traumas, tan presentes aún en todo el mundo.

Eulalia Gil, psicóloga clínica del Instituto de Interacción, especialista en ECP y EMDR.

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