El tema que nos ocupa hoy podría tener numerosas aproximaciones pero siendo fiel al modelo psicoterapéutico que yo práctico, voy a centrarme en la perspectiva del Enfoque Centrado en la Persona para hablar de los conflictos interpersonales y de pareja. Desde ahí, la forma de acercarse a estos encuentros consiste en un proceso de relaciones entre el terapeuta y la pareja -o las personas que se encuentren en necesidad de recibir ayuda-. Encuentros en un ambiente en el que los propósitos dejan de ser dirigidos hacia la problemática personal de los clientes, para orientarse más bien en ayudar a cada miembro de la pareja -o del conflicto en cuestión-, a vivir más en contacto con su experiencia real. Esto es, a percibir de forma más diferenciada y precisa su mundo interno y el de la persona en conflicto y a aprender a expresarlo de manera más efectiva.

Podría decirse también que se busca desarrollar una relación de mayor empatía, respeto y congruencia con el otro -o con cada uno de los miembros en conflicto- y hacia sí mismos.

La meta no es alcanzar la reconciliación sino permitir que aflore con sinceridad la

situación emocional de cada miembro de la pareja -o grupo- en relación consigo mismo y con el otro. Y a partir de ahí, permitir que cada miembro de la relación tome con libertad sus decisiones de futuro.

“En un proceso de pareja uno de los factores más importantes para una relación en desarrollo verdadero parece ser paradójico. Es simplemente que cuando cada uno de los cónyuges progresa en ser su propio self, la pareja se enriquece. Es casi como decir que mientras más separados se convierten, mayor es la posibilidad de una unión sólida. Esto no debe tomarse literalmente pues obviamente también puede llevar a la ruptura” Carl Rogers (citado en Freidberg 1985)*.

El papel del terapeuta es mucho más activo, en todo momento está presente para ayudar al logro de una comunicación efectiva de cada miembro consigo mismo, así como con su pareja, a través de las tres actitudes rogerianas de empatía, congruencia y aceptación; facilitando la asertividad, aceptación respeto, y la profundidad en la comprensión del otro y de uno mismo.

Rogers observó que los cambios profundos de un proceso terapéutico nos llevan a:

1.-Dejar de utilizar máscaras, no aparentar lo que no se es y encaminarse a ser uno mismo.

2.-Dejar de vivir a través de los “debería”. Convertirse en persona supone asumir la responsabilidad y dirigir la propia conducta.

3.-Dejar de satisfacer expectativas impuestas.

4.- Dejar de esforzarse  por intentar agradar al otro.

5.- Abrirse a la experiencia y aceptar a los demás.

 

Rodrigo Gurrea, psicólogo especializado en el Enfoque Centrado en la Persona del Instituto de Interacción

* Freidberg, A.. (1985). Un enfoque humanista a la terapia de pareja. México: Lima.

 

Horario de secretaría 2023-24: L, M y J de 16 a 20 h. X de 15 a 19h