Leo (realmente releo) “El año del verano que nunca llegó” de William Ospina sobre las circunstancias que rodearon el nacimiento del mito de Frankenstein, la inmortal novela de Mary Shelley. Se trata de un libro peculiar que mezcla crítica literaria, ensayo histórico, experiencia personal del autor y hasta parte meteorológico del siglo XIX, pero que se lee como una novela de intriga.

La historia está contada a lo largo de 59 capítulos breves y dos epílogos, a lo largo de los cuales Ospina va desgranando su proceso de investigación sobre la suma de circunstancias históricas, personales, familiares y climatológicas que influyeron en la gestación del “Frankenstein” de Mary Shelley.

Fue necesario que Lord Byron se autoexiliara de Inglaterra cansado del rechazo de una sociedad que lo había elevado a los altares de la gloria poética unos años antes para luego repudiarlo debido a sus relaciones incestuosas con una hermana a la que no había conocido en su infancia; fue necesario que se llevara consigo a William Polidori, médico que, recién licenciado, conoció a Byron, quedando fascinado por su personalidad y acompañándole al destierro europeo; fue necesario que alquilaran una villa a orillas del lago Leman, cerca de Ginebra; fue necesario que Shelley, el poeta, y su mujer, Mary Shelley (hija de un anarquista y una feminista), por amistad con Byron, recalaran también en la misma Villa Diodati; fue necesario que les siguiera la hermana pequeña de Mary, Clara, enamorada de Shelley; y fue necesario que el estallido de una erupción volcánica en los Mares del Sur, cubriera de cenizas los cielos de medio mundo, provocando una bajada de temperaturas, un aumento de las lluvias, y mantuviera a los cinco jóvenes encerrados en la casa ante la decepcionante espera de un verano que nunca llegó.  Para pasar el rato, leían historias de fantasmas y, en algún momento, decidieron escribir cada uno su personal cuento de terror.

Lo sorprendente es que Shelley y Byron, dos insignes poetas, no dieron con una historia adecuada, mientras que Polidori, el secretario insignificante y Mary Shelley, mujer y joven, escribieron, respectivamente, “El vampiro”, uno de los primeros relatos conocidos sobre ese mito del terror, y el germen de lo que se convertiría en “Frankenstein”.

Pero, ¿tuvieron que darse todas esas circunstancias para que Mary Shelley (centrémonos en ella por la importancia de su posterior novela) escribiera una de las obras más influyentes del terror gótico? Quiero decir que, si no se hubiera creado la situación concreta que sirvió de contexto para que escribiera su relato, ¿nunca lo hubiera hecho? ¿Supo aprovechar una oportunidad única para desarrollar su capacidad creativa? ¿Tuvo el don de la oportunidad?

El don de la oportunidad, esa capacidad inaprensible, que consistiría en saber estar en el lugar adecuado en el momento preciso. Y sin duda todos necesitamos de las oportunidades. Es indudable que las personas que carecen de ellas por el motivo que sea,  por estrato socio económico o por características personales (raza, sexo, credo, ideología…) o cualquier otra causa, no pueden demostrar su valía, desarrollar sus potencialidades ni activar sus motivaciones. 

Pero tampoco la vida presenta oportunidades únicas, que si las dejamos pasar, nos dejarán huérfanos de opciones vitales significativas. Porque si confiamos en nuestros valores, no sólo en capacidades, sino en quienes somos, en cómo nos relacionamos con el entorno, en lo que aportamos como personas, las oportunidades llegarán. No todas tendrán la misma calidad, pero si dejamos escapar alguna o incluso malgastamos otra, es probable que la vida abra otra puerta. 

Mary Shelley tenía la capacidad para escribir “Frankenstein”. Me parece razonable pensar que, de no haberse dado el conjunto de circunstancias del verano que nunca llegó, hubiera aprovechado alguna otra oportunidad para usar sus dotes creativas y dar forma al monstruo más famoso de la historia.

Lo importante es no perder la confianza… y prestar atención. Porque la vida no siempre nos va a rodear de las personas adecuadas, nos va a permitir disfrutar de una villa a orillas de un lago idílico ni va a hacer que las fuerzas de la naturaleza se desaten a favor de nuestra causa. Pero habrá que estar atentos. Por si acaso.

A partir del 9 de enero el horario de secretaría del Instituto de Interacción será de lunes a jueves de 16 a 20h