Memento

Lo tengo en la punta de la lengua. Pero no me viene. El nombre del actor.

“Memento” es el título de una película de Christopher Nolan que narra las peripecias de Leonard, interpretado por un actor… diría que es australiano y quizá con un nombre corto… pero no me viene, bueno, Leonard, el personaje, decía, trata de vengar el asesinato de su propia esposa.

Pero en este relato hay tres características peculiares del protagonista:

1) Padece amnesia anterógrada (recuerda su vida hasta el incidente traumático, en este caso, es golpeado cuando intenta ayudar a su mujer cuando es violada y asesinada, pero pierde enseguida los recuerdos de lo que le sucede a partir de dicho incidente).

2) Tiene conocimiento previo de un amnésico análogo llamado Sammy Jankis: eso le hace desarrollar una estrategia de recuerdo que marca todo el relato (recoge constantemente fotografías instantáneas de personas y objetos y escribe anotaciones al pie, y se hace tatuar los datos más importantes)

3) Motivación para la acción: plasmada en dos mensajes tatuados a)”recuerda a Sammy Jankis” (pretende provocar el repaso de todas sus anotaciones) b)”John G. violó y asesinó a mi mujer” (recoge el objetivo último que persigue: su venganza).

A lo largo de la narración de Memento se repiten las escenas de toma de instantáneas acompañadas de las correspondientes anotaciones por parte de Leonard. Es decir, el protagonista lleva a cabo una representación de la información tanto analógica como proposicional.

Abro mi agenda. 18:30h cita con el paciente Z. Qué raro. Nunca quedo con Z antes de las 19.00 Sale a las 18.00 del trabajo. Siempre nos vemos a las 19.00 los viernes. Para colmo, hoy es jueves. Mis claves proposicionales son claras: a las 18:30h tengo la cita. No recuerdo haberla concertado. No recuerdo los motivos del cambio. Pero lo dice mi agenda. “Recuerda a Sammy Jankis”. De acuerdo, allí estaré.

Llego a casa tarde, pero decido continuar con el artículo sobre Memento. No recuerdo por donde voy. Enciendo el ordenador. Abro la carpeta del blog del Instituto. Leo lo que hay escrito. He terminado los cinco primeros párrafos. Pensaba que había escrito menos. “Recuerda a Sammy Jenkins”. De acuerdo, me pongo a escribir un comentario personal.

Recuerdo que cuando decidí escribir sobre esta película en concreto llevaba años sin verla. Me asustó hablar sobre ella de memoria. Volví a verla por si me inspiraba alguna idea. Fui el espectador. Durante el visionado, tomé algunas notas, no muchas. Sólo los hechos que consideré importantes para desarrollar un artículo, un comentario personal. Por si se me olvidaban.

Había visto ya la cinta hace años. Sólo recordaba la idea general del argumento. El final me generaba confusión. Tal vez, no lo entendí bien y por eso no me acordaba de él. Después de revisarla, la sensación que me deja es de inquietud y la idea principal que la memoria es la otra cara de la moneda del engaño. Varias veces dice Leonard a lo largo de la historia que todo el mundo trata de aprovecharse de un amnésico como él. Teddy le toma el pelo intentando hacerle creer que su coche es otro distinto; el dueño del motel donde se hospeda le alquila dos habitaciones diferentes para que pague por ambas; una chica le hace creer que fue un tal Dobbs quien la pegó, cuando fue el mismo Leonard y lo utiliza para sus propios planes; Leonard antes del trauma sospecha que el amnésico Sammy Jankis intenta defraudar a la compañía de seguros para la que él trabaja, fingiendo la amnesia…

Ante tal red de engaños, el protagonista sólo puede fiarse de sí mismo. Pero carece de la capacidad de formar nuevos recuerdos y necesita un sistema de conservación de datos esenciales que le permitan orientarse. Parece seguir la máxima agustiniana de “guarda el orden y el orden te guardará a ti”. ¿San Agustín amnésico? Así, saca sus fotos (memoria visual), toma sus notas (memoria proposicional) siempre escritas a mano para poder fiarse sólo de su letra, se tatúa los hechos esenciales, y cuenta mil veces la misma historia (memoria verbal) para creérsela. Lo mismo que el espectador. Dos tatuajes esenciales: “John G. mató a tu mujer” (le da un sentido a su vida y un objetivo a sus actos) y “Recuerda a Sammy Jankis” (le proporciona un método de actuación).

Me voy a trabajar. Hago mi repaso mental de las cuatro o cinco cosas indispensables que tengo que coger. Todo en orden… salvo las llaves del coche. No están en su sitio. Mi fotografía mental me dice que deberían estar en el platito de la mesa del salón. No están. Busco nerviosamente otras fotos: los bolsillos de las prendas de vestir que llevaba ayer: vacíos. Lugares más comunes por donde suelo moverme de la casa: no hay nada. Vuelve la foto del platito: miró allí de nuevo. Revuelvo entre otras llaves y bolígrafos, pero siguen sin estar. Fotos de los bolsillos: repaso otra vez los bolsillos vacíos. Miro tres veces en los sitios donde acabo de comprobar que las llaves no están. No me fío de mi memoria inmediata, sólo de las fotos mentales que me indican dónde deberían estar las llaves.

Tal vez el rasgo más original de Memento es que los episodios del relato están contados en orden inverso al que tienen en la historia que estamos viendo. Empieza contando el final y, a partir de ahí, cada secuencia es anterior a la última que hemos visto, hasta terminar la película por el principio de la historia.

Leonard sólo puede fiarse de sí mismo. Pero al final de la película (o sea, al principio de la historia) descubrimos que el más peligroso engaño del relato, como sucede en la vida real, es el autoengaño. Leonard inventa todo tipo de trucos para evitar ser engañado, pero utiliza su amnesia anterógrada para autoengañarse y dotar de sentido permanente a su vida, basándose en una finalidad irreal, en una constante repetición de la misma venganza, una vez que borra las huellas y genera nuevas pistas tras consumar la venganza anterior.  El espectador también. Leonard, agente de seguros, concluye, no que Sammy Jankis sea un farsante, sino que su amnesia es psicológica y no física. Da la sensación de que a su propia amnesia le sucede lo mismo. Ninguno de los dos es un farsante: la amnesia es real y el autoengaño también.

Pero Leonard (o el guionista) comete un error que le impedirá seguir vengándose: al final del argumento se tatúa el número de la matrícula del coche de John G. No debería tatuarse tantas cosas porque lo tatuado se convierte en una verdad incontestable. Sólo hay un John G. con ese número de matrícula y ya lo ha matado. Podría borrarse el tatuaje pero ¿cómo va a acordarse de que tiene que hacerlo? El autoengaño es un arma de doble filo y termina por orientarnos hacia callejones sin salida.

Mi paciente Z apareció a las seis y tuvo que esperarme media hora. Según él habíamos quedado a en punto. Es raro porque mi agenda decía a y media. Uno de los dos nos hemos autoengañado por algo. Uno de los dos ha olvidado el horario de una cita confirmada una semana antes. ¿Uno de los dos tiene un problema para retener información nueva?

Continúo escribiendo mi artículo.. Sé donde lo dejé porque he encendido el ordenador y he visto cual era la última frase que escribí porque desde luego no la recordaba. Leonard tiene el mismo problema que cualquier otro personaje de ficción: su memoria sólo les sirve para estar motivados a la acción durante el tiempo que dura la película. ¿Qué le importará a él seguir vengando o no a su mujer después de los títulos de crédito?

Por cierto, ¿cómo se llama el actor que lo interpreta? Conservo algunas fotos con anotaciones al pie: su rubio teñido en Memento lo tengo reciente, pero aún puedo recuperar su transformación en drag queen en “Las aventuras de Priscilla” en el desierto australiano o su aspecto remilgado en “L.A. Confidential”. Pero su nombre… su identidad…

¿Y la mía? Recuerdo mi nombre. Y recuerdo escenas fragmentadas de mi vida que mi cerebro dota de una continuidad irreal. ¿Será esa suma inconexa de recuerdos lo único que conforma mi identidad? ¿Lo que dota de sentido a mis actos y me permite seguir proyectándome hacia el futuro? Lo tengo en la punta de la lengua. Pero no me viene. El nombre del actor. Mejor no obsesionarse. Pensar en otra cosa. Dicen que así, después el nombre aparece por sí mismo, como el revelado de una fotografía. “Recuerda a Sammy Jankis”. De acuerdo, ¿por dónde iba?

Pablo Sierra

Psicólogo Humanista