La creatividad es una cualidad humana que nos permite a las personas generar ideas originales y soluciones innovadoras frente a desafíos y problemas cotidianos. Frente a ello, el determinismo de las influencias ambientales sugiere que gran parte de lo que hacemos, pensamos y sentimos viene establecido por el entorno. No pretendo negar la importancia del ambiente (no sólo como firmamento de estímulos y respuestas, sino especialmente considerado como el conjunto de nuestro entorno, la cultura, la familia y las circunstancias sociales) como elemento fundamental en cuanto a su influencia en nuestro funcionamiento, pero me parece fascinante como la creatividad emerge como un iceberg en el mar de nuestras limitaciones, permitiendo abrir rutas nuevas e inesperadas.

 

El 15 de enero de 2009 el vuelo 1549 de US Airways despegó del aeropuerto de La Guardia en Nueva York.

 

Por otro lado, es indudable que las personas en mayor o menos medida, nos vamos dejando arrastrar por rutinas y comportamientos sistemáticos que hacen más cómoda y organizada nuestra existencia. Esa misma comodidad alcanza a nuestro nivel cognitivo, provocando una cierta repetición también en nuestros hábitos mentales. Tendemos a repetir las mismas soluciones para problemas parecidos.

 

Las soluciones de siempre no parecían que fueran a servir a la tripulación del vuelo 1549 cuando perdió por completo la operatividad de sus motores al chocar contra una bandada de gansos.

 

Es significativo el ejemplo de cómo buscamos las llaves de casa antes de salir. Es lógico que el primer paso sea mirar donde siempre las dejemos. Si un día sucede que no están allí, recurrimos (con el mejor sentido común) al segundo lugar donde alguna vez puedan estar y, como mucho, a un tercer sitio probable. Pero, si no aparecen en ninguna de estas tentativas, es muy probable que, antes de iniciar un proceso más complejo e imaginativo de búsqueda ante una situación tan excepcional, volvamos a comprobar en los tres sitios una segunda (y en ocasiones tercera o cuarta vez) por si no habíamos mirado bien. Incluso aunque las llaves no tuvieran mucho sitio donde esconderse y supiéramos que el rastreo había sido correcto. Quizá ser creativo sea más cansado que recurrir a lo rutinario.

 

Lo rutinario para el capitán del vuelo que había despegado de La Guardia hubiera sido volver inmediatamente hacia Nueva York o solicitar permiso para aterrizar en otro aeropuerto cercano, pero no había tiempo ni altura suficiente para lograrlo.

 

La creatividad nos hace más autónomos porque nos permite reinterpretar nuestra realidad y generar oportunidades donde parecía que solamente hubiera problemas. El cine clásico y el cine español hasta hace relativamente poco tiempo me parecen paradigmáticos en este sentido, ya que consiguieron en numerosas ocasiones hacer de la necesidad virtud y frente a las restricciones creativas de la censura que prohibía determinadas temáticas o elementos que por su carácter político, sexual o social, consideraba peligrosos, tiraban de creatividad para burlar las normas censoras, logrando incluso aumentar la calidad por la sutileza o doble sentido de sus imágenes o diálogos.

 

La creatividad fomenta, también, nuestra capacidad adaptativa. Frente a las dificultades para tomar decisiones adecuadas en determinadas circunstancias, la creatividad nos permite encontrar soluciones alternativas ayudándonos a razonar fuera del “recipiente habitual”.

 

El capitán del avión de US Airways fue capaz de encontrar una forma de aterrizar diferente a la contenida en los manuales de vuelo cuando comprendió que seguir el protocolo habitual sólo podía tener resultados fatales. Entonces decidió utilizar otro tipo de pista de aterrizaje al darse cuenta de que el río Hudson tenía tramos de longitud suficientemente larga y que se encontraba alineado en la trayectoria del avión.

 

La creatividad requiere originalidad, flexibilidad, curiosidad, innovación y, sobre todo, imaginación. Pero algo que no resulta tan evidente y me parece que va intrínsecamente unido a ella, es el riesgo. La creatividad siempre es arriesgada. Es una palabra que tiene “buena prensa” y tendemos a usarla, como he hecho en este artículo, siempre en positivo, aplicándola a casos exitosos o vinculada a logros. Cuando alguien usa soluciones creativas que terminan mal, le llamamos temerario, insensato.

 

Seguramente si el vuelo comercial con 155 pasajeros a bordo se hubiera estrellado y hundido en las frías aguas del río Hudson, la historia de su capitán no hubiera quedado como un ejemplo de creatividad sino de irresponsabilidad temeraria. Pero salió bien y salvó todas las vidas.

 

En este caso, la creatividad apareció, como ha pasado tantas veces, como consecuencia de una situación desesperada que exigía para solucionarse ideas creativas. Ojalá no esperemos a estar a punto de tocar fondo para sacar nuestra creatividad sino que empecemos a usarla desde ya sólo por el placer de hacerlo y por las oportunidades que su uso nos brindará para mejorar nuestras vidas.

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